Eran usados pero eran míos ahora.
No sé cuántos pies volaron antes sobre ellos pero si sabía que los míos querían volar, subirse en ellos y recorrer la pista interminable de mí calle. Claro, 100 metros para un pequeño de 5 años se ven como una eternidad.
Tal vez el mundo los veía como un par de viejos patines oxidados pero para mí eran el complemento perfecto con el que mis sueños, en cada giro, en cada salto y en cada caída se harían realidad.
Yo era feliz, cómo todo niño que disfruta con su juguete favorito.
Con el paso de los días, en medio de mí recorrido por la pista aparecieron las burlas y las risas como obstáculos, "esos son juguetes para niña" "¿que sos maricon?" "Jaja mirá al mariconcito con sus patines"...
Poco a poco estos obstáculos crecían y ya no me dejaban volar por la pista de mí calle, trate de esquivarlos muchas veces pero siempre me hacían caer, me lastimaban y me hacían regresar a casa llorando.
Un día, cansado de llorar decidí guardarlos y nunca más salí con ellos a volar.
Aún no puedo entender por qué en la interminable pista de la vida muchas veces se presentan obstáculos tan grandes y tan crueles que se ponen en medio del camino y hacen llorar a los niños pequeños que como yo solo quieren jugar.
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EL NIÑO QUE NO PUDO VOLAR
Short StoryBreve relato ambientado en experiencias de mí infancia durante los 80's.
