Primera y única parte

3 1 0
                                        

Tu maldad pasó desapercibida antes mis ojos.

Era tan indivisible e inesperada... O tal vez si lo esperaba, el momento en que tu verdadera crueldad saliera a luz dejando rastros color bordó y violeta en partes de mi piel.

A veces pienso en tu violencia como una mota de polvo, no se las ve con facilidad, se esconden de nuestro campo de visión y pasan desapercibidas a simple vista. Pero, cuando un rayito de sol entra por la ventana, somos capaces de ver esas motas, volando en colonia, y que estorbaban tu vista sin que siquiera lo supieras. Tu violencia era igual. Disfrazada de protección, y de amor.

Parecía que el sol no había salido realmente en años, ya que cuando logré ver esa maldad a través de ese brillante rayito, ya habían pasado más de dos años desde que mi boca pronunció la primera palabra hacía tus oídos y que cedí pedazos míos hacia tu persona.

Recuerdo la primera vez que te vi, estabas usando unos jeans negros, una remera blanca de Nirvana y una típica campera de cuero la cual los años le habían otorgado un aspecto viejo. Estabas en la barra del bar hablando con el barman, John, tu amigo. Siempre me había agradado, hasta ahora.

¿Cómo es posible que pudieras disfrazar esta parte tuya por tanto tiempo? ¿La estabas realmente escondiendo, o me convencí de que no existía tildándome de loca?

Como sea, eras tan perfecto y tan considerado que nunca nadie en un millón de años hubiera siquiera pensado que eras capaz de hacer esto, de hacerme esto.

Te invité una copa, aceptaste. Ahora pienso que literalmente provoque esto. Si tan solo me hubiera quedado en mi mesa con mi cerveza y amigos, esto no me habría pasando. ¿Yo busqué esto?
Mi lado racional dice que no, ¿Cómo iba a saber que estaba tomando un trago con un psicópata? me repito. Pero por otro lado, yo te provoque. Provoque que tu atención se centrara en mi, provoque ese encuentro y tal vez, provoque al destino.

Hablamos durante horas ¿Lo recuerdas? Tocaste mi cabello, lo danzaste entre tus dedos mientras mirabas directo a mis ojos. Me pregunto si ya para aquel entonces sabías lo que ibas a hacer conmigo, espero que no, porque una parte de mi, la que quiere aferrarse aquel momento en el que pensé que mi historia de amor comenzaba, perdure impoluta como antes.

Fuimos a mi casa, yo lo propuse. Ahora mismo estoy maldiciendo mi nombre tantas veces hasta perder la cuenta. Tomamos una copa de vino y nos sentamos en aquel sillón que rompiste con un cuchillo meses después de que empezáramos a salir porque no te conté que me había realizado un aborto a los 17 años. Hasta el día de hoy no entiendo el por qué ¿Acaso te molesto que hubiera estado con otro antes que vos, o que hubiera hecho justo lo que tu religión repudiaba?

La noche terminó ahí, vos en mi puerta dándome tu número, visiblemente tímido, aunque ahora empiezo a replantearme si realmente lo estabas o simplemente era fingido.

Quedábamos todos los días, algunas veces a merendar y otras a cenar. Me hiciste regalos, no solo materiales, sino también, en su momento me obsequiaste esa sensación de pertenecer, no sólo de poseer a alguien, sino de sentirme cómoda y aceptada. Pero todo se acabó ¿Tan rápido se terminó el supuesto amor que decías me tenías?

A veces, en momentos donde el silencio aturdía y mi cuerpo estaba expuesto a ti, pensaba si tal vez ese golpe que me diste contra el mueble del televisor era una muestra de cariño, después de todo te arrodillaste hacia mi y lloraste prometiendo que no volvería a suceder. Claramente sucedió más de una vez, y debo estar perdiendo mis cabales si pienso que eso era una muestra de amor, pero tal vez no quiero aceptar que tus sentimientos nunca fueron más allá del querer poseer a alguien, y de manipularlo a su antojo.

Golpe SinigualWhere stories live. Discover now