Desperté otra vez allí, en la misma habitación con paredes de bronce pulido y en la misma cama de sábanas de seda. Aún estaba amaneciendo, justo lo que quería; ver el amanecer y tratar de no pensar en el día que tenía por delante. Pero en ese momento no me podía distraer: le había hecho una promesa a Byra.
Me levanté y me vestí a toda prisa con el típico atuendo que llevo siempre: un vestido rojo y un chal marrón. Mi madre siempre me decía que debía llevar ropa que correspondiera con mi rango social.
Rangos sociales... ¿de verdad tenían que existir? ¿Era de utilidad que el azar decidiera tu destino?
Bajé corriendo las escaleras y salí a las calles de Agafai. Agafai es una ciudad única. Literalmente es la única ciudad de Rangal. El resto de asentamientos son aldeas mineras o herreras. El centro de la ciudad (donde vivía) todos los edificios estaban hechas de bronce puro. Más allá del centro estaban las chozas. Chozas de roca donde vivían las personas que no tenían suficiente dinero para permitirse comida y agua decente.
Corrí a la choza de Byra. Byra era una campesina sexagenaria que vivía con una gran tristeza sobre su conciencia. Había tenido 4 hijos; el orgullo de su casa. Dos murieron por la hambruna. Otro murió en un accidente el las Minas de Ubedu. Solo le queda un hijo; Yasir, del que Byra no me quiere hablar. Llegé corriendo a la choza de Byra. Esta sonrío al verme.
- ¡Vesta! ¿A qué vienen tantas prisas?
- Señora, he venido a ayudarle a arreglar su casa.
Hace poco, un incendio se había acercado al la ciudad y había alcanzado parte de la casa. Aún así, Byra se encogió de hombros.
- Muchacha, no es...
- Se lo prometí. ¿Lo recuerda? Usted buscaba ayuda desesperadamente y cuando me ofrecí a ayudarle... mi madre me llamó. Se lo prometí.
Byra no medió palabra y me pidió que buscara rocas para construir. Me acerqué a las afueras de la muralla a recoger rocas sueltas. Agafai esta rodeada de una gran muralla de bronce, custodiada por guardas y con medio metro de grosor. El Monarca de Bronce dice que no podemos permitirnos una superpoblación.
Mientras recogía rocas, ví la choza del cartógrafo. Pocos sabían ahora el nombre del cartógrafo, aunque en realidad, una vez acompañó a un gran explorador. Dos meses más tarde, unos buhoneros habían encontrado el cadáver del explorador y al cartógrafo herido de muerte. Aunque ahora ha alcanzado los 40 años, esta en la ruina.
Porque, ¿quién es tan estúpido para salir fuera de Agafai?
Terminé de recoger rocas y me dirigí a la choza de Byra. Estuve allí toda la mañana, colocando rocas y ayudando a Byra. Al terminar, estaba cansada y hambrienta, pero satisfecha.
- Niña, ¿cómo te lo puedo compensar?
- No hará falta, Byra. Se lo había prometido.
Byra suspiró.
- Ojalá todas las personas de tu edad fueran tan benefactoras como tú.
Le dí las gracias y me fui corriendo. Sentaba bien ayudar a los desventurados como Byra. Mira que ser madre de cuatro hijos...
Madre. Madre... ¡Mamá!
Me la iba a cargar. Me había dicho a mi misma que volvería cuando aún estuviera durmiendo, pero el sol ya estaba en su punto más alto. Recé para que siguiera durmiendo.
Recorrí las calurosas calles de Agafai en dirección al centro, donde vivían los nobles. Los de menor rango social estaban más cerca de los incendios y las anfisbenas, mientras que los de alta cuna estaban en el centro de la ciudad, protegidos de los posibles incendios. Llegé corriendo a mi casa, entré y subí las escaleras con mucho cuidado. No sirvió de nada.
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Arcturus
FantasyEn un mundo en el que no hay más vegetación que árboles muertos, el agua vale su peso en oro y los incendios son el clima normal, Vesta, un chica de 16 años y de alta cuna se unirá a Pyros, un aprendiz que herrero para escapar de su terrible destino.
