El sonido constante de los tacones se esparcía por el lugar, el estruendoso chirrido de la puerta abriéndose y cerrándose. A pesar de las penumbras del almacén abandonado la hermosa mujer no se asustó.
Su piel pálida, sus ojos marrones casi dorados y sus labios de un rojo sangre la hacían parecer la perfecta muñeca de porcelana. Se detuvo cuando estuvo frente a él y le sonrió de la manera más dulce y retorcida que podía.
-Yo te amé- dijo ella en un susurro casi imperceptible- y tu decidiste que yo no era suficiente ¿Te gustó disfrutar de su cuerpo mientras yo te daba mi alma? Sabías que mi corazón se aceleraba por tu causa y que una tonelada de mariposas inundaba mi estómago de felicidad cada vez que te veía. Te descubrí y mostraste arrepentimientos totalmente falsos, solo pediste una disculpa para nada creíble y me destruiste, pisoteaste el corazón que te entregué y las mariposas siguen ahí.
Las lágrimas se esparcían por su rostro dándole un aire de melancolía.
-Las disculpas son buenas para admitir arrepentimiento, pero hacen muy poco para eliminar la verdad de las acciones que causaron arrepentimiento. Tu significabas mi felicidad y prefería un día contigo que un para siempre con alguien más. Creía que ya te había superado pero las mariposas realmente nunca han abandonado mi estómago porque mi corazón te pertenece a pesar de estar roto y ya encontré una solución para ellas, por eso estamos tu y yo, aquí.
Limpió los rastros que quedaban de dolor de su rostro, sonrió nuevamente al hombre que se encontraba atado a la silla, se acercó a él y coloco el cuchillo que portaba en sus manos en el cuello del que alguna vez fue su gran amor.
-Las mariposas deben morir-dijo, y simultáneamente le cortó la garganta limpiamente, empapándose con su sangre.
YOU ARE READING
Dirdro
Teen FictionEspero que lo disfrutes y si eres muy sensible por favor no lo leas
