La Novia de Chuuya

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El clima en Yokohama era agradable y la ciudad estaba tranquila.

Un día perfecto para caminar e ir de compras, diría Dazai.

No es como si le gustase ir de compras, pero había recibido su salario hace unos días, y su casa, su heladera y su armario ya acumulaban varias y pintorescas telarañas.
Pensó que quizás ya era hora de renovar un poco. Tal vez comprar alguna nueva camisa, algunas latas de cangrejo y, sobre todo, conseguir mas vendas.

Ya en la primera tienda comenzó a arrepentirse. De hecho, se había acordado el por qué nunca lo hacía;
Odiaba probarse ropa, que le preguntaran si estaba bien la talla o hacer filas para pagar. Pero, sobre todo, detestaba a la gente que se emocionaba por comprar cierta etiqueta o modelo nuevo. "Es solo ropa" Pensaba.

Su paciencia terminaba de agotarse al ver que en la tienda mixta donde se encontraba, las mujeres mantenían ocupados a los empleados. Pero prefería sufrir de una sola vez antes que entrar a otra tienda de ropa denuevo.

Con su camisa en mano, (resignado a probarsela para no tener que volver a cambiarla) esperaba que se desocupara el probador, el cual tenia a un asistente en la puerta sosteniendo varios vestidos y atajando otros que no paraban de salir volando del mostrador.

"Pobre de quien tenga que aguantar a esta bestia de las compras" pensaba mientras largaba un fuerte suspiro.

Luego de esperar por tanto tiempo, Dazai comenzaba a impacientarse.
Pero antes de que se rindiera y tirara la camisa en el cajón de "Lo Dejo", la cortina del probador se abre dejando ver a una hermosa chica de cabellos largos y castaños, piel clara y brillante, cuerpo de muñeca, ojos color púrpura y una sonrisa encantadora vistiendo uno de los tantos vestidos que pidió probarse.

Definitivamente debía tratarse de una super modelo. Cualquiera que la viera quedaría embelesado por su presencia.

Embobado, imaginó lo hermoso que sería realizar finalmente un suicidio doble con esa dama. Pero ella parecía un verdadero ángel, sería un delito arruinar la oportunidad de llevarla a la cama, al menos una vez.

Pero los planes bonitos de Dazai se fueron a la basura en el segundo en el que ella abrió la boca.

Su trato con las personas denotaba una fuerte arrogancia y un narcisismo jodidamente asqueroso.

-¡Me llevaré todos! ¡Así que no los arrugues! ¡Si llegase a descubrir que tienen un sólo pliegue, haré que te despidan! - le decía al pobre trabajador que escoltaba a la señorita y a su pilón de vestidos hacia la caja.

Hasta que la cajera pasó el último vestido para cobrar, Dazai ya se había probado la camisa, había pedido otra talla, se la volvió a probar y ya se dirigía a la caja a pagar, quedando justo detrás de la joven.

Vaya, debía ser jodidamente rica, pues cargaba al menos 10 vestidos caros allí.

De su bolso Louis Vuitton, sacó una tarjeta dorada. Una que Dazai conoció muy bien.
En algún momento fue rico trabajando en la mafia y por eso sabía que esas tarjetas eran extensiones de un banco que rara vez lograba conseguir una persona normal, ya que no expedian ni tenian límite de uso.
Sólo los ejecutivos más importantes llegaban a tener el acceso a obtener una. Y sólo ellos podían brindar una extensión.
Él mismo tuvo una de esas extensiones (regalo de Mori cuando cumplió sus 17 años).
Fue un buen regalo, aunque quedó intacta por una rara decisión propia.
Ahora se arrepentía el no haber conservado esa tarjeta cuando se fue de la mafia...

De igual forma, todo el asunto de esa joven lo tenía muy curioso.
Es decir, jamás la había visto, y él conocía a la mayoría de las mujeres más hermosas de la ciudad y al rededores.

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