Caminar por aquellos interminables pasillos siempre había sido una especie de deporte para Monalisa. Con el tiempo había aprendido a recorrerlos de memoria, contando puertas, esquinas y luces defectuosas mientras avanzaba hacia su puesto. Sin embargo, aquella noche no podía permitirse tomárselo con calma.
Estaba apurada.Y eso era extraño.
Nunca antes había sentido la necesidad de correr dentro de aquellas instalaciones, pero la llamada que había recibido una hora antes de su turno había sido suficiente para sacarla precipitadamente de la ducha, vestirse a medio camino y salir sin siquiera tener tiempo de arreglarse como correspondía.
El café que llevaba en la mano se agitó con violencia debido a sus pasos apresurados. Un poco del líquido hirviendo cayó sobre sus dedos.
Se quemó, pero apenas reaccionó.
Estaba acostumbrada.
Era torpe en demasiados sentidos para alguien que trabajaba en un lugar donde un simple error podía costar caro. Aun así, nadie podía negar que era una de las mejores en su área. Gracias a eso había recibido un ascenso que jamás habría imaginado conseguir.
Durante un tiempo lo consideró un logro.Hasta que descubrió dónde la habían trasladado.
El día que la movieron a aquellas instalaciones nadie se molestó en explicarle demasiado. Recordaba perfectamente su primer día: la condujeron por un pasillo idéntico a todos los demás y la dejaron frente a una habitación de observación.
Había un enorme cristal.
Del otro lado, otra sala oscura.
Tan negra que resultaba imposible distinguir qué se escondía en su interior.
Nadie le dio explicaciones.
Nadie respondió sus preguntas. Simplemente le entregaron una pila de expedientes y le indicaron que leyera. Entonces comprendió que aquel lugar guardaba secretos mucho peores de los que había imaginado.
Al llegar al número 567, Monalisa atravesó la pesada puerta metálica.
Lo primero que percibió fue el olor a sangre.Una mezcla metálica y penetrante que le revolvió el estómago de inmediato.
Lo segundo fue encontrarse con la persona que menos ganas tenía de ver.
Tañía.
Su compañera del turno de la mañana. Monalisa respiró hondo y dibujó una sonrisa completamente falsa.
-Buenas noches, Tañía.
Su tono sonó demasiado alegre para ser sincero.
Había intentado llevarse bien con ella en un principio. Realmente lo había intentado. Pero Tañía nunca había mostrado el más mínimo interés en devolverle la cortesía. Siempre encontraba algo que criticar: su cabello, sus lentes, su ropa o incluso la forma en que hablaba.
-Menos mal que llegaste. Tardas una eternidad -respondió la otra sin siquiera mirarla-. Quiero irme a dormir.-
Monalisa apretó la mandíbula.
-Sí, claro. Ve a descansar. Todos necesitamos dormir de vez en cuando -dejó escapar, conteniendo el sarcasmo-. Pero antes, ¿podrías decirme por qué demonios me llamaron una hora antes de mi turno?
Tañía finalmente levantó la mirada.
Sus ojos recorrieron a Monalisa de arriba abajo.
El cabello desordenado.La bata mal acomodada.La camisa ligeramente arrugada. Monalisa se preparó para recibir alguna crítica desagradable.
Para su sorpresa, Tañía soltó algo completamente diferente.
-Le arrancó un dedo a un guardia.-
Por un segundo pareció contener una risa.
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Tortugas Ninja :Experimentos (+18)
FanfictionQue se sentiria que te amaran? que te abrazaran? Pequeñas preguntas que cada dia se hacian, estando alli abajo siendo solo un sujeto de pruebas Que pasaría si un dia todo eso terminara? Aunque aquellas chicas se metieran en problemas
