Prólogo

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Eran las 5 de la tarde, James Nordic era un chico normal que vivía y trabajaba las tierras de su granja junto a sus padres y 2 hermanos. La vida en la granja era realmente normal y sin ninguna clase de misterio, su rutina era simple pero cansada incluso para él, se levantaba diariamente a las 6 de la mañana para sacar a pastar a su ganado, regresaba unas horas más tarde para limpiar los corrales seguido de meter de vuelta a su ganado en el corral, una vez terminado iba y cuidaba los cultivos, si era necesario claro, a veces hacía falta sembrar o regar, todo dependía del clima y la época, pero en resumen, su vida era simple pero feliz.

Uno nunca se imagina lo que la vida le tiene preparado y mucho menos las vueltas que da esta misma, James fue testigo de que podemos perderlo todo en cuestión de segundos, eran las 17:00, regresaba de haber regado los sembradíos, al volver a casa no encontró nada, nada además de cenizas y un olor a sangre singular. James estaba confundido, en un estado de shock, no sabía que hacer, no veía a sus padres, no escuchaba a su ganado, lo único que podía escuchar era una pequeña canción cantada por alguien a lo lejos. Tan pronto como salió de su trance vacío, James se dio cuenta de que era tarde, las 21:00, comenzó a caminar por las cenizas, tratando de entender que había sucedido, ¿un incendio? no, no era posible, hubiera consumido toda la zona, ¿una explosión? tampoco era posible, habría pedazos de casa en todas partes, ¿Qué pudo haber causado algo así?

James continúo vagando por la oscuridad, siguiendo la canción que había escuchado hace un tiempo, cada vez se volvía más fuerte, caminaba sin rumbo, sin saber que hacer, sin saber que pensar, estaba suficientemente asustado como para no poder gritar por ayuda, solo siguió aquella canción, dulce pero algo tétrica, en momentos tropezaba y tenía la impresión de caer eternamente, pero en realidad solo era un simple tropiezo, nada más que eso. Siguió caminando, eran la 1:00 de la madrugada, la canción repentinamente se hizo más fuerte, paso de ser algo sumamente dulce a algo melancólico y tétrico, James siguió adelante alentado por su curiosidad y ganas de tener respuestas, ¿podrían ser sus padres? ¿Acaso sería una broma de pésimo gusto?, James lo dudaba bastante pero no se le ocurría otra explicación más que esa, tal vez si esperaba al amanecer todo estaría más claro.

James continúo caminando durante 2 horas más, eran las 3:00, la canción era demasiado fuerte, era como un concierto dirigido a miles de personas, pero al mismo tiempo sus oídos no se irritaban y deseaban escuchar más, como si fuera una canción apenas susurrada. Paso otra hora, eran las 4:00, la canción era lo suficientemente fuerte como para saber que estaba demasiado cerca, el muchacho no se había dado cuenta, pero había recorrido más distancia de lo que su cuerpo le permitiría naturalmente, algo no estaba bien y el chico de alguna manera lo sabía, pero no podía detenerse, aquel que estuviera cantando la canción debía tener alguna respuesta acerca de lo que paso con su casa o donde estaban sus padres

Eran las 5:30, el sol empezaba a nacer al horizonte, James se detuvo por un momento, volteo a su derecha, vio una pequeña colina sobre la que se alzaba una sombra, fácilmente llegaba a los 2 metros de altura, tenía una forma humanoide, sus brazos eran tan largos que llegaban a la altura de las rodillas, su silueta era oscura como la noche pero se notaba desde lo lejos que aquella persona era la que estaba cantando esa canción, el sonido de repente ceso y la persona lentamente volteo a ver en dirección a James quien lo veía con cierto asombro y curiosidad, entonces y solo entonces James se dio cuenta, era muy tarde, todo estaba acabado.

Eso no era una persona.

Daranok I: TempestadWhere stories live. Discover now