Leah visita el mundo de la ensoñación mientras duerme como todas las noches, pero una noche llega a encontrarse con un hombre, tan imponente y misterioso. Lo mira tan claro, y recuerda que lo ha visto anteriormente por el jardín que camina. ¿Quién e...
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Morfeo se encontraba en su inmenso palacio, planeando y organizando como reconstruir su reino después de estar 100 años fuera. Creando nuevos sueños, nuevas pesadillas.
Miraba como algunos de sus súbditos regresaban a su reino conforme este mejoraba. Lo cual le llenaba de entusiasmo.
Quiso inspeccionar mejor sus campos para hacerle algunas ultimas mejoras. Así que salió a caminar por su reino de la ensoñación.
Llegó un momento en el que sintió una vibración extraña hacía él. Confuso, siguió esa vibración proveniente del jardín más vivo del reino.
Sigiloso se ocultó detrás de un arbusto al notar que la vibración provenía de un rosal.
Hasta que fue demasiado tarde para notar que había quedado atrapado. Las hadas le habían tendido una trampa. No era novedad que varias cosas en el reino desconocían del regreso de su rey. Y este había quedado atrapado por uno de sus juegos.
Lianas se comenzaron a enredar por sus piernas y brazos, evitando que tomara su arena, que pudiera chasquear los dedos, alzar la mano, para que se detuviese. Quedando atrapado, capturado en una jaula de tiras verdes. Comenzando a ser arrastrado a las mazmorras.
Por otra parte, un visitante estaba concentrado podando las hojas secas de un rosal blanco al otro lado de los arbustos.
Hasta que escucho balbuceos y algunas risas diminutas.
Dándose cuenta que era algo extraño. Encaminándose al sonido, se dio cuenta que había un hombre, vestido de negro, envuelto en un sin fin de lianas, y siendo llevado a la entrada de las mazmorras.
Ante tal sorpresa se dio cuenta que no podía ser más que un ataque de sus pequeñas y malévolas compañeras de jardín.
Pronto se apresuró a él y con las mismas tijeras con las que estaba podando el rosal comenzó a cortar cada una de las que envolvía al rey. Al liberar sus brazos, este pronto metió su mano al bolsillo y esparció partículas doradas, haciendo que se desvanecieran por completo.
Le extendió la mano para ponerse de pie. Y desde su posición el rey no pudo quedar más anonadado.
El visitante venía del mundo humano. Pero lo que desconcertaba al rey de los sueños, era la extraña manera de su vibra. Era resplandeciente, encantadora, con una aura en tonos morados. Era una mujer hermosa. Deslumbrante.
Acepto su mano y se puso de pie. Quedando cerca el uno del otro, retrocedió para sacudirse.
—¿Se encuentra bien?—su voz era magnética, cautivadora, dulce.
El rey estaba desconcertando ante tal situación.
—Lo estoy...Gracias. Tú... —conectaron miradas, dándose cuenta el rey que el ser frente a él no hacía más que brillar ante sus ojos— Me has salvado.
—Siempre para servir.
Le sonrió como último gesto antes de retirarse.
¿Quién es? ¿Quién es ella?
Se preguntó curioso. El rey se envolvió en una especie de espiral de arena que regresó al instante a sus aposentos.
Sin dejar de pensar en lo sucedido. Carcomido por la curiosidad se pregunto: