Amar a alguien es inexplicable, una sensación hermosa que en algún momento vivimos.
Amamos a nuestros padres en el instante en que nos damos cuenta de que nos han dado lo mejor que ha estado en sus manos desde que decidieron tenernos, aún con todas sus limitantes.
A nuestros hermanos después de apreciar que son los compañeros de vida que nos tocó tener e incluso los primeros amigos.
A nuestros amigos, y aunque está muy usada la frase, es muy cierta; son la familia que si escogimos tener, son personas maravillosas que llegan a nuestra vida en algún momento con las cuales compartes muchísimos ideales, planes, gustos, experiencias, pero sobre todo, vida. Y si bien no todos se quedan, no se van sin antes obsequiarnos un aprendizaje.
A nuestras mascotas, que se vuelven parte de la familia, terminan conociéndonos tal cual somos cuando estamos tristes o molestos y que siempre están con nosotros en cualquier momento sin importar que les hayamos regañado un minuto atrás.
Si eres una persona con fe, amas a Dios o alguna fuerza mayor y todo lo que te rodea te hace pensar en él o en eso, así como la naturaleza tan hermosa, ya sea ver los colores vibrantes en una flor, las texturas tan suaves en el pelaje o plumas de un animal (o no), o el infinito cielo en sus preciosos atardeceres llenos de colores pastel y en las magníficas noches estrelladas.
Incluso también llegamos a amar cosas materiales, mucho depende que haya algún valor sentimental hacia este objeto o simplemente porque nos costó mucho tenerlo.
También, algo que el noventa y nueve por ciento de la población humana vive en algún momento, es un amor, no un amor fraternal, no un amor de cariño hacía alguien de la misma sangre, un amor hacia un ser con el cual quieres compartir el resto de tu vida. Muchos tienen la fortuna de que sea mutuo y se les llame amantes.
Y es que en realidad amar a alguien en sentido romántico, una pareja, es muy diferente a todo lo anterior. Es amar a una persona con quien aceptas sus errores y virtudes, defectos pero también esos detalles impecables. De pronto sientes que todo lo que conoces y sabes de la vida ya está totalmente en blanco porque quieres descifrarlo de nuevo con ella, dejar tus ideales de lado e intentar comprender su punto de vista, alguien con quien te sientes completo totalmente, desaparecen todos los planes a futuro que tenías o se modifican para cumplirlos en su compañía, es querer darle la mejor versión de ti, ver el futuro en sus ojos, confiar ciegamente e imaginarte que vas caminando por una cuerda floja y creer que te llevará hasta al final a salvo, empatizar a un nivel inexplicable, ponerse en su lugar y cuando amas a alguien, quieres entenderle, entender todo tal cual lo hace para así saber cómo reaccionar o que hacer ante una situación, lo que más deseas es evitarle cualquier tipo de sufrimiento por más mínimo que sea y verle completamente feliz siempre, así como lo eres tú cuando estás a su lado. Ser leal en todos los sentidos, y que al final del día solamente te des cuenta que no necesitas a nadie más que a ella, porque más que ser el amor de tu vida, es el amor que te da vida.
Amar, en realidad es cosa de valientes, porque amar desafortunadamente también es saber dejar ir. En ocaciones muchas personas solo pasan por tu vida un mínimo de tiempo o mucho pero no para siempre. Hay momentos en los que tienes que comprender que una persona puede estar mejor sin ti o que ya no hay nada más que esté en tus manos, aunque sea duro, es cuando tienes que tener el valor y la fuerza para dejar ir. Ponerle conclusión a una historia juntos.
Muchos piensan que la parte más difícil de dejar ir a alguien es aprender a vivir sin este, yo opino que lo más difícil de dejar ir es decir adiós, un adiós real, no ese adiós que le dices a tus compañeros de trabajo sabiendo que volverás a verlos al día siguiente, no un adiós que le dices a tus amigos con los que mas tarde vuelves a hablar o quedan de verse otro día, no ese adiós que le dices a un familiar al despedirte después de pasar un gran momento de calidad en familia. Es un adiós con lagrimas, un adiós con la respiración entrecortada y el corazón palpitando lo mas lento posible, un adiós sollozo y con la mirada borrosa, es un adiós lleno de "¿por ques?", un adiós que desea convertirse en un hasta luego, un adiós con recuerdos que aun no suceden, con el corazón muriendo de ganas de que haya más historia que esta que le tocó sentir. Pienso que lo mas difícil es decir adiós, porque decir adiós es despedirte y saber que no volverás a decir hola.
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Adiós: el mayor miedo de amar
RomantizmAmar puede tener sus matices complicados, pero ¿que sabemos sobre despedirnos de quien amamos? Adentremonos en la historia de Michael Diaz.
