Capítulo I

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Omnisciente

Unas tímidas gotas de finales de agosto golpeaban con ímpetu en su ventana, a pesar que el invierno ya iba de salida aún se hacía sentir con fuerza como si no quisiera que el ambiente primaveral de septiembre se instalara, el frío aun calaba hondo sobre todo por las tardes o al menos eso creía ella y mientras miraba con orgullo como su técnica "del rollito" había resultado satisfactoria para hacer caer todo lo que faltaba de ropa en la tercera maleta, pensó que serían solo seis meses.

Hace semanas se venía repitiendo como un mantra esa corta pero potente frase, potente para ella porque de esa forma intentaba convencerse de que sería sencillo soportar ese medio año lejos de su país, lejos de su casa, lejos de sus amistades, lejos de su familia, lejos de su polola. Ese último pensamiento la hizo sentir mareada, se sentó al borde de la cama y soltó un suspiro que parecía estarla ahogando, miró a un costado y divisó la maleta aún abierta esperando ser cerrada para hacerle compañía a las dos que ya estaban listas, al otro costado se encontró con su mesita de noche y una foto de las dos, la primera foto que se habían tomado como pololas. Sonrió amargamente al verla y se sintió contrariada por esa amargura porque esa foto que siempre que veía le provocaba una sonrisa genuina esta vez estaba teñida de nostalgia. La tomó entre sus manos y la contempló por varios instantes antes de abrazarla aferrada a su pecho y ponerla en la maleta, esa fue la última pertenencia que puso al interior antes de cerrar su equipaje y comenzar así la cuenta regresiva, ese reloj marcha atrás que le recordaba que mañana a la misma hora estaría montada en un avión rumbo a París.

...

Suspiró aliviada y ahogada al mismo tiempo cuando terminó todos los engorrosos trámites en el aeropuerto y se vio inmersa en medio de la multitud solo con una mochila en la espalda y una pequeña maleta de cabina que le servía además como soporte porque de pronto sintió que las piernas le temblaban y que si intentaba dar un paso seguramente caería.

Innumerables veces había estado en el aeropuerto pero en ninguna ocasión había reparado en la doble lectura que otorgaba el estar ahí, por primera vez se permitió observar todo el entorno con detención y analizarlo, no supo si porque con el paso del tiempo se estaba volviendo más reflexiva o todo el caos emocional la estaba haciendo ver más allá de sus narices. El espacio era enorme al igual que el gentío, los besos y abrazos de despedida se mezclaban con el inconfundible sonido de las ruedas de las maletas deslizándose a toda velocidad por el piso, maletas que iban cargadas de sueños y alegrías pero también de tristezas. Para muchos viajar era solo motivo de felicidad pero reparó en que algunos rostros ahí presentes mostraban más bien angustia, ella por su parte tenía en el pecho una extraña mezcla de ambas sensaciones, sensaciones que se incrementaron cuando volteó y los vio a ellos. Pensó que era una mujer afortunada sin duda al tener ahí a su papá, su hermana y su polola pues había visto a muchas personas solas sin nadie que las despidiera, que les diera una última palabra, un último abrazo antes de emprender el viaje pero enseguida pensó que en realidad los afortunados eran todos aquellos que habían llegado solos hasta el terminal aéreo, afortunados de ahorrarse la despedida a solo minutos de subir al avión porque ella ya no estaba tan convencida de que haber permitido que la llevaran fuese una buena idea y cada vez que veía los ojos tristes de su polola se sentía menos segura de partir. La miró y por su mente pasó como una ráfaga todos los momentos felices y también los no tan felices, todas las complicaciones y obstáculos que habían sorteado para llegar hasta ahí y la disputa entre los logros académicos y el amor se volvía cada vez más honda en su pecho.

Los brazos de su hermanita rodeándola a la altura de las costillas, un aviso en la pantalla y una voz por el alto-parlante la sacaron de su abstracción, la cuenta regresiva no se había detenido y estaba a nada de llegar a cero, lo que si pareció detenerse fue su corazón.

180 días "para olvidar o para amar"Những tác phẩm khiến độc giả say mê. Hãy khám phá bây giờ