Steve
—Despierta, cariño —dice la voz de una mujer—. Es hora de irnos.
Sin abrir mis ojos, siento unas manos cálidas sobre mi pelaje. Bostezo y me estiro a mis anchas.
—Qué dormilón me saliste hoy, Steve.
Mi nariz de inmediato detecta mi aroma favorito: el de mi ama, Peggy. Abro los ojos y la miro. Me sonríe y me acaricia la cabeza. Me apresuro a levantarme para lamerle la cara.
—Vamos, Stevie —dice ella después de reírse mientras le lamo la cara—. Es hora de tu paseo matutino.
Levanta su mano y veo mi correa. Me quedo quieto mientras ella me la coloca en el collar. Sin embargo, hay algo extraño. No sé qué es, pero algo me huele mal.
Cuando finalmente tengo la correa, Peggy me guía para salir de la mansión. Todos los pasillos están a oscuras, lo cual me confunde, pues suelen estar bastante iluminados. Tal vez Wanda, la sirvienta, olvidó abrir las cortinas.
Salimos de la mansión. Y entonces comprendo qué pasa. Mi sensación de extrañeza es debido a que no es hora de mi paseo matutino con Peggy. ¡Porque es de noche!
El exterior está a oscuras, las estrellas y la luna brillan en el cielo y no se ve a nadie. Pero Peggy camina con tranquilidad. Le sigo el paso mientras nos dirigimos a la reja que separa la mansión de las calles. No entiendo por qué Peggy decidió sacarme ahora a dar un paseo, pues ella nunca me saca en la noche.
—¡Señorita Carter! —grita de repente alguien detrás de nosotros.
Es Pietro, el mayordomo. Corre desde la entrada de la mansión hasta nosotros. ¡Tal vez vaya a acompañarnos a dar el paseo!
—¡Oh, hola, Pietro! —lo saluda Peggy cuando llega hasta nosotros—. Lo siento, pero no puedo hablar ahora. Steve y yo vamos a dar nuestro paseo matutino.
—Pero, señorita, es de noche —dice Pietro mientras le toma delicadamente el brazo.
—¿Eh? ¡Oh, cielos! —grita Peggy al ver a su alrededor—. Es verdad.
Regresamos al interior de la mansión. Pietro nu suelta a Peggy, pero no me sorprende, pues en estos últimos meses ha sido muy atento con ella, pues mi ama se ha vuelto muy frágil. Y también un poco rara, pues últimamente he notado comportamientos raros en ella. Ya no sale de la mansión, toma muchas pastillas, a veces se queda viendo a la nada, habla sin que haya nadie cerca de ella e incluso juraría que suele perderse dentro de la mansión como si fuera un lugar totalmente extraño para ella.
Guiada por Pietro, Peggy regresa a su cuarto. Los sigo de cerca, pues huelo perfectamente el miedo en ella. Cuando llegamos a la gran habitación, veo que Wanda y Clint, otro de los mayordomos, están ahí esperándonos. Clint se acerca a Peggy, pero Wanda se acerca a mí.
—¡Oh, Steve! —me dice con un poco de tristeza.
Empieza a acariciarme la cabeza, pero, a pesar de que me gusta, solo puedo ver a Peggy. Parece confundida y todavía huelo su miedo. Clint y Pietro la acuestan y le dicen unas palabras para tranquilizarla.
Por mi parte, no entiendo qué pasa.
***
Me gusta jugar en los jardínes de la mansión. Suelo correr, echarme en el pasto, arrancar flores (aunque eso me molesta a Luis, el jardinero) y perseguir aves y ardillas. De hecho, estoy persiguiendo a una escurridiza ardilla cuando oigo la voz de Wanda:
—¡Steve! ¡Ven, perrito!
Obediente, corro devuelta a la mansión. Wanda me espera en la entrada. Me guía hasta la habitación de Peggy.
—Señorita Carter —dice suavemente mientras se azoma por la puerta entreabierta—. Alguien viene a visitarla.
Entonces abre la puerta completamente. Meneando la cola con felicidad, corro hasta la cama donde Peggy está acostada. Ésta se ríe con sorpresa al verme.
—¡Trajiste un perro, Wanda! —dice con alegría. Su cabello, aunque canoso, está muy bien peinado y las arrugas en su cara se hacen más visibles por la sonrisa que me dedica—. ¡Hola, bonito! ¿Cuál es tu nombre?
Aunque su actitud de no conocerme me confunde, no me niego a las caricias que me da detrás de las orejas.
—Pero, señorita Carter —dice Wanda con un poco de tristeza—, es Steve. Su perro. Es su perro Steve.
—Oh, querida —le dice Peggy—. Debes estar confundida. Yo no tengo perros ni mascotas.
Unos minutos de caricas después, Wanda me saca de la habitación. Pero obedecerle su orden de que salga es difícil, pues solo quiero quedarme con Peggy.
Cuando salimos, dejando a Peggy con Pietro cuidándola, Wanda se agacha y me abraza. No comprendo por qué llora.
—Tranquilo, Steve —me dice—. No te preocupes. Es solo su alzheimer.
La última palabra la he oído de los otros mayordomos (especialmente cuando hablan de Peggy), pero jamás he entendido qué significa. ¿Será algún juego? ¿Una nueva marca de galletas? Sea lo que sea, es algo que pone tristes a todos, pues siempre emanan tristeza al pronunciar esa palabra.
***
—Steve —me llama Clint—. Steve. Ven, muchacho.
Dejo mi peluche favorito (uno en forma de estrella gris) y camino hasta él. Huelo su tristeza antes de ver las pequeñas lágrimas que salen de sus ojos.
Me pide que lo siga y caminamos hasta la habitación de Peggy. Me emociono, pues tal vez hoy sea el día que Peggy me lleve a pasear de nuevo. Porque hace ya varias semanas que no me saca a pasear.
Cuando entramos, el olor a tristeza invade mi nariz. Todos los empleados de la mansión están aquí. Wanda llora mientras Pietro la abraza. Luis el jardinero se ha quitado su gorra, Scott, el chófer, se tapa la cara con las manos y a Sam, el chef personal, le tiemblan los labios.
Lentamente (esta tristeza en el aire me pone un poco nervioso) me acerco a la cama de Peggy. Descubro que está dormida, así que le lanzo con cuidado para lamerle la cara y despertarla. Pero no despierta.
De hecho, empiezo a notar un olor raro en ella. Jamás he olido algo así y no sé decir qué es, pero, por alguna extraña razón, no me gusta ese olor.
Vuelvo a lamer la cara de mi ama. No despierta. Desesperado, suelto un chillido.
—¡Oh, Steve! —exclama Wanda, llorando a lágrima viva—. Lo... lo lamento tanto.
No entiendo a qué se refiere. Me inclino hacia Peggy, pero ahora empujo su cara con mi nariz. No logro moverla mucho, pero espero que sea suficiente para despertarla. Pero no lo es. Ella sigue dormida.
¿Desde cuándo Peggy tiene el sueño tan pesado? Lanzo otro chillido mientras me siento cerca de la cama. Supongo que tendré que esperar a que ella despierte por su cuenta. Con suerte, no tardará mucho.
Y con mucha más suerte, hoy iremos a pasear como hacíamos antes.
KAMU SEDANG MEMBACA
De regreso a la mansión
Fiksi PenggemarSteve es un perro que vive en una mansión lujoso junto a su dueña Peggy Carter. Pero un día (uno en el que Peggy no despierta) Sharon Carter llega a la mansión y decide echar a Steve a la calle. Pensando que debe volver a casa, Steve emprende un lar...
