Parte Única

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La guerra había terminado. Toda la tierra de Nunca Jamás volvía a estar en paz y eso dejaba muy tranquila mi consciencia.

Con la caída de la noche, todos los niños perdidos comenzaron a celebrar alrededor de la fogata. Bailes alocados, gritos, risas, expresiones de júbilo. Entonces así era como se veía la libertad.

Mis ojos se deslizaron por todos y cada uno de sus rostros. De alguna manera sabía que así era como siempre quería recordarlos, sin importar el camino que eligieran a partir de ese momento. Entonces, entre la multitud, su traviesa mirada color esmeralda me atrapó. Intenté negarme, pero ella no era de las que se dan por vencido tan fácil.

—¡Andando!

—Estas loca. Yo no bailo.

—Ya veras que sí —con una fuerza que desconocía, se aferró a mis brazos para impulsarme directo a la pista en donde comenzó a moverse al compás del tamborileo que alguien marcaba. Tomó mis manos y las alzó para balancearme al compás—. ¡¿No que no?!

El sentimiento que todos los presentes compartían resultó contagioso, pues enseguida yo también me encontré moviéndome sin sentido y con una enorme sonrisa en el rostro.

Ella soltó unos gritos bastante peculiares que animaban al resto a seguirle el paso. De nuevo posó su mirada en mi y ambos comenzamos a dar vueltas, cruzar brazos y piernas en una de las danzas tradicionales de las hadas que me había mostrado hace años.

El viento en nuestros cabellos, la tierra en nuestros pies, el agua en nuestras frentes y el fuego en nuestros corazones.

Una vez que terminó, todos caímos rendidos. Sin duda, esa había sido la mejor noche de nuestras vidas.

—Gracias, Ray —Me pesaban los ojos, pero alcancé a ver cómo la sonrisa permanecía inquebrantable en su rostro y las estrellas se reflejaban en sus ojos—. Cumpliste tu promesa. Los salvamos a todos. Pensé que, después de que Peter asesinara al capitán James, todo volvería a la normalidad en Nunca Jamás. Las tierras a los nativos, el árbol del polvillo para nosotras y la libertad para ustedes... Pero sólo nos condenó a la miseria y perdimos a Norman. Después de todo eso jamás pensé que volvería a recobrar la vitalidad y la alegría, pero aquí estoy. Todo esto es gracias a ti.

—Me estás dando demasiado crédito —Bostecé—. Ambos trabajamos duro por esto.

—Y por eso, muchas gracias.

No escuché nada más. El sueño terminó conmigo. Sin embargo, un suave murmullo y el recuerdo de Norman me obligaron a despertar.

Emma había desaparecido. No quise despertar al resto y causar pánico, seguro que sólo había decidido dar una vuelta o ver el amanecer desde su punto favorito en toda la isla, ese que tenía una preciosa vista del mar. Mis especulaciones eran correctas.

—Es hermoso, ¿no crees? —Preguntó refiriéndose al amanecer.

—Sí.

—¿Siempre fue así? Ahora no lo recuerdo con exactitud. Supongo que estaba demasiado enfocada en los ríos de sangre que no podía permitirme alzar la mirada.

—Te despertaste temprano.

—Quise apreciar este punto una vez más —Por fin de dio la vuelta y, en ese proceso volvió a transformarse en el diminuto ser que era—. Demos un paseo —Sin preguntarme, comenzó a rociarme con su polvillo—. ¿Recuerdas las tres reglas?

—Fe, confianza...

—Y polvo de hada.

Como si de un hechizo se tratara, mi cuerpo comenzó a elevarse en el cielo. La brisa mañanera rozó mis mejillas dándome la sensación de plenitud.

Jugueteamos un rato en el cielo, volamos a toda velocidad, brincamos nubes, reímos con el viento, y, después, sólo planeamos hasta que aterricé sano y salvo. Por desgracias, ella no se sintió así. En cuanto ella tocólogo suelo, sus piernas le fallaron y cayó contra la arena de la playa.

—¡Emma!

—Lo siento, Ray —Rió sin gracia—. No esperaba que me vieras así.

—Pero qué... ¿Qué está pasando? ¡¿Por qué tu luz comienza a titilar?!

—El reino de las hadas tiene reglas muy claras que rigen a todas y cada uno de sus miembros —Tosió—. Rompí una de esas reglas. Al traicionar a Isabella, traicioné a mi gente.

—Emma... ¿por qué no me lo dijiste antes?

—Porque, si yo no hubiera intervenido, tú no habrías salido vivo de ahí.

—¡¿Y por eso te sacrificaste?! ¡¿Sólo por mí?! ¡Eres una tonta!

—Puede que lo sea, pero te gané en esa última carrera de vuelo, ¿no?

Mis manos temblaban mientras intentaba resguardarla de la brisa marina, pero todo resultaba inútil. Poco a poco su luz se iba debilitando más y más.

—No me hagas esto, Emma. Por favor, no me dejes.

—Tuvimos muchas aventuras juntos, ¿no crees? —Volvió a reír sin gracia, pero terminó rompiendo en llanto—. Por favor, no me olvides.

—Nunca.

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Cuando desembarcamos, mi corazón se aceleró. Este era un nuevo mundo, uno lleno de oportunidades, uno en el que ya no me permitiría perder.

—Oh. Lo siento, señor —Una joven peli naranja que llevaba una pesada carga para uno de los barcos pesqueros había tropezado conmigo.

—Descuida, ¿estas bien?

Cuando alzó la mirada y descubrí de nuevo esa intensa mirada color jade en su ser, todo a mi alrededor se detuvo. El mundo había vuelto a nacer.

—No se preocupe, estoy bien...

—¡Emma, deja de holgazanear y vámonos! —Un anciano gritó desde lejos.

—¡Ya voy! Maldito anciano. No me deja ni respirar. En fin, bienvenido a Londres.

Y se alejó tal cual había llegado, como la brisa marina que se disuelve en el mar. Pero una mecha parecía haber comenzado a arder en mi corazón.

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One-shot parte del challange #AndLostSecrets , creado en conjunto con AndreaHuerta0 y su servidora.

Esta vez, la temática fue hadas y el fandom que escogí: The Promised Neverland.

Fe, confianza y polvo de hada|One-shotStories to obsess over. Discover now