Cúspide

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Soy el mejor, pero eso… ya lo sabía yo, es que obviamente lo soy, alguien guapo, un buen físico, una personalidad increíble y no menos importante, una inteligencia aplastante, soy prácticamente perfecto. No, soy perfecto.

Recorría las calles tan sucia y muy transcurridas de mi ciudad, observando a la multitud, esa maldita basura que no sirve para nada, ¿Pero por qué no sirven? Es sencillo de explicar.

No son yo. Obviamente, al no ser yo son prácticamente inútiles, basura desechable e insípida, personas que ha nadie le importaría que estuvieran muertas, ¿porqué?, pues como ya lo mencioné, no son yo.

Llegaba a mi casa después de recorrer la ciudad, siempre era verdaderamente irritante hacerlo, puesto, el hecho de ver a la basura de sociedad que me rodeaba, me provocaba tanto asco como miles de cuchillas entrando en mi.

Me encontraba en mi cama, al borde de quedarme dormido, cuando.. un ruido de una puerta abriéndose me alertó, alguien tenía la osadía de irrumpir en mi casa, sin duda mataría al bastardo que lo hizo.

Y… ahí estaba yo, parado ante aquel hombre de complexión robusta, de aparente unos dos metros de altura, se abalanzó hacia mí y con su brazo golpeó mi estómago, ese golpe, ese maldito golpe, fue suficiente para hacerme vomitar mi propia baba y la cena de hoy. La impotencia recorría mi cuerpo.

De un maldito golpe, ¡Ese bastardo de mierda!, me hacía hecho arrodillarme de un solo golpe, sentí como había posado su mano sobre mi cuello, seguido de esto, me alzó y azotó contra el piso de madera, tan fuerte, que mis costillas crujieron al contacto con este dando paso a una tos con sangre.

Al final… mi cuerpo desangrado y con las extremidades rotas yacía en aquel piso de madera. Tintando el suelo de un rojo carmesí esparcido por mi sangre lo comprendí, yo, yo era la maldita basura, mis cuencas empezaron a llenarse de lágrimas, mis dientes crujían tanto y provoque tanta fuerza que un líquido color rojo y con sabor metálico salió de mis encías, era sangre, la misma, se combinaba con la ya esparcido por todo el suelo.

Un pequeño pitido me despertó, estaba en el hospital, solo lloraba, llore de puta impotencia, yo… yo pude haberme adelantado a él y golpearlo, ser el, la basura que hubiera sangrado, pero no fue así.

Al final, me volví igual que todos, ya no soy perfecto, eso quema mi mente igual a cientos de cuchillos atravesando mi piel. Solo me queda vivir con ello y aceptarlo, aceptar, que ya hay alguien mejor, un hijo de puta que se alza sobre mi, alguien que ya está, en la cúspide.

pensamientosWhere stories live. Discover now