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capitulo único.

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-         Maldita sea, soy un idiota!!!.

Se daba varios topes de frente contra el frio metal a la vez que se maldecía así mismo por haber extraviado la llave de su habitación, de manera tosca agitaba el picaporte y pateaba con desesperación la parte baja de la puerta intentando de manera inútil entrar, pero sin esa estúpida llave sería imposible.  

En esta ocasión les toco instalarse en un motel de mala muerte, completamente descuidado, sucio y lleno de personas que no te gustaría toparte de noche en un callejón obscuro.- era un sitio al que a nadie le gustaría quedarse por su propia seguridad.- y  un obvio pensamiento atravesó por su cabeza.-  ya sé porque es tan difícil de abrir la puerta, este lugar es horrible Dattebayo!!.-  Naruto observaba a su alrededor cuidando su espalda para no ser víctima de algún asalto o ataque, aunque si llegara a pasar algo así, no saldría muy bien parado el idiota que lo llegara a querer lastimar.

Bajo esa situación solo tenía dos opciones: la primera, era esperar a que su sensei llegara temprano y sin estar pasado de copas, cosa que no iba a pasar ya que últimamente se le estaba haciendo la costumbre de llegar ebrio y con un jodido olor a pescado recién atrapado, la segunda era aún más peor, tendría que salir a buscarlo a quien sabe dónde rayos, y con quien sabe quién!!!.

No le quedo de otra que salir de ese horrido motel e ir a buscar el lugar  más cutre y lleno de chicas fáciles del pueblo.

Estaba 100% seguro de que él se encontraría ahí, para supuestamente: -“conseguir información de máxima importancia”, si cómo no!. – Parafraseaba en un intento de imitar la voz de su maestro.- a ese viejo solo le gusta manosear jovencitas.- gruño en voz baja.

Camino por algunas calles estrechas llenas de mujeres que ofrecían sus servicios de compañía, algunas al verlo pasar se le abalanzaban o lo jalaban de sus brazos animándolo a divertirse y pasar la noche con alguna de ellas, algunas lograban ponerlo nervioso ya que tartamudeando las rechazaba cortésmente diciéndoles que solo estaba en ese lugar buscando a un viejo pervertido rabo verde que se le había escapado,  al escuchar su negativa se decepcionaban al no poder convencer a tan atractivo joven de jugar un rato con ellas, y no les quedaba otra opción  que dejarlo ir, eso sí, sin dejar de mencionar que él era un chico muy lindo y que estarían ahí esperándolo si cambiaba de opinión.

No fue tan difícil encontrar el burdel, ya que sobre la pequeña casa había un enorme letrero con luces rojas neón que parpadeaban como si estuvieran a punto de fundirse: “tenemos a las más bellas chicas de todo el lugar, al más bajo precio que puedas pagar”.- eso era tan desagradable de leer, pero que podía hacer el, ese tipo de sitios eran los que más le gustaban a ese ero-sennin.

Se fue acercando más a la entrada del local, este se encontraba custodiada por un tipo enorme, parecía un gigante, su cuerpo era robusto, lleno de cicatrices y heridas que aún no se curaban por completo, tenía el cabello largo de un color negro azabache, lo llevaba sujetado en una trenza que le llegaba por debajo de la cintura, los ropajes que llevaba no eran del otro mundo, ya que estaba vestido completamente de negro, lo único que lo hacía ver intimidante eran sus ojos, algo pequeños pero amenazantes, parecía que brillaban de un color rojo amarillento, era como la luz que producen las luciérnagas, muy tenue.

Ese brillo le hizo recordar a aquella persona que siempre había sido muy especial para él, y aunque ya habían pasado dos años desde su partida aun no podía acostumbrase a su ausencia, le dolía, le dolía bastante, cada día que pasaba sin estar con él, el que se haya ido dejándolo solo, lo destrozaba, pero lo que más le dolía era que a pesar de todos sus esfuerzos aun no encontraba la manera de cómo ayudarlo a no sentirse perdido en el deseo de la venganza y la oscuridad.-

La llave Stories to obsess over. Discover now