Capítulo 3- Señorita Wells?

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Había pasado una semana desde la última vez que vi al chico de los tirabuzones. Siempre pensé que un pelo así no le quedaba bien a ningún chico, pero después de verlo mis perspectivas cambiaron.

Me levanté de la cama y lo primero que hice fue mirar el móvil. Las 9 de la mañana y ni una llamada de mi padre desde hace 2 meses. Eso es lo que me impulsó a levantarme de la cama y preparar mi mochila.

-Por fin me largo de aquí, pienso fundirle el dinero a este hombre... -me dije para mí misma.

Mi padre lo único que hace es ingresarme el dinero en mi cuenta bancaria para que no me falte de nada, pero lo que me falta es un padre que invierta más tiempo en mí y menos dinero. Aunque ya a estás alturas, que invierta tiempo en mi no serviría de nada.

Preparé mis documentos, mi pasaporte, mi carnet de conducir, mis tarjetas de crédito. Saqué una maleta de debajo de mi cama y lo metí todo de golpe -el orden no es mi punto fuerte- metí todos los bikinis que tenía, ropa interior, pantalones cortos camisas...

-Si se me olvida algo ya lo compraré en alguna parte... -me susurré.

Al terminar de ducharme y vestirme, cerré mi maleta con un candado y cogí mi mochila. Miré mi móvil... y lo primero que hice fue quitarle la tarjeta y guardarlo en un cajón de mi mesita de noche. Me quería tomar enserio eso de desconectar de todo el mundo.

Lo segundo que hice fue dejarle una carta a mamá, si fuera por mí me iría sin darle explicaciones a nadie, pero sería muy cruel.

Mamá me voy un tiempo de aquí, no me llames ni me busques porque no pienso llevarme el móvil a donde voy. No me preguntes que voy a hacer con la universidad, pienso tomarme unos meses sabáticos y con respecto a la moda, eso es lo tuyo no lo mío. Simplemente no te preocupes voy a estar bien, ¿vale? Volveré. A papá no le digas nada, seguro que ni se dará cuenta.

Adiós.

Y sin perder más el tiempo llamé a un taxi para que me llevara al aeropuerto.

Encendí el iPod mientras escuchaba Sleepes - CAZZETTE, The High. Me senté en un asiento frente a la puerta donde dentro de 1 hora debería pasar para subir al avión, incliné la cabeza hacia atrás y juro que no se que pasó después.

-Señorita Wells?... -me tocaron el hombro y al abrir los ojos vi una mujer vestida de azafata.

-Oh diablos, me he quedado dormida!! -dije levantándome asustada a la vez que cogía  mi mochila para ponerla sobre mi hombro rápidamente.

-Tranquila no se preocupe, estábamos esperándola.

Y sin rodeos me subí al avión, y debo añadir que era de primera clase.

-El dinero empieza a fundirse -reí para mis adentros con una risa traviesa.

Desde la ventanilla del avión podía ver como me alejaba de Italia, rumbo a Los Ángeles. Estaba eufórica.

Miré mi reloj y eran las tres y veinte de la tarde. El aeropuerto era enorme y dios, olía a mar. Fui corriendo con la maleta hacia la salida para ver lo que me esperaba y para mi sorpresa estaba justo en el suelo otra vez.

<<Se te olvidó mencionar que la torpeza si es tu punto fuerte>>

-Cállate, no digas nada -dije levantándome enfadada del suelo y levantando la maleta.

Cuando me dí cuenta todos los de mi alrededor me miraban con preocupación.

-Estoy bien! -dije mientras salía del aeropuerto- maldita puerta transparente.

Lo primero que pensaba hacer era comprarme un medio de transporte, y oh sí. Es lo que estáis pensando.

El taxi me dejó en una empresa de coches. Al entrar tuve un flechazo, un ferrari negro me esperaba impaciente. Sé que me esperaba a mí, lo sé.

-Mi bebe... -dije rodeando el coche mientras lo acariciaba con las manos y me metía dentro del coche - me lo llevo, es mío.

-Pero... -dijo el dependiente que se encargaba de la venta de los coches.

-Si es por el dinero ni se preocupe, tengo para pagarle en efectivo -dije satisfecha.

Y así fue, firmé el contrato de venta y me dieron las llaves. Metí mi maleta y mi mochila en la parte trasera del coche y encendí el motor.

-Dios eres increíble -dije mientras escuchaba el motor del coche- si alguien me escuchara hablando contigo pensarían que estoy loca, pero no pasa nada bebé, tu y yo seremos buenas amigas.

Y así, hablando sola con mi nuevo coche la bauticé como Electra.

-Que friki soy -dije riéndome a carcajadas dentro del coche mientras salía de la empresa.

Las mejores cárceles no tienen barreras.Where stories live. Discover now