Cosmovisiones transgeneracionales afectan el hacer razón de ciertos decrépitos señoritos. Sus tripas han sido arrancadas por un negocio que fue a pérdida. Lloran su inversión desaparecida y la lechuza, siempre impecable, se regodea con la sangre goteando en su balcón.
Le caen gotitas a la señora de los perros de la esquina que justo pasaba para ir a comprar.
Compran esperanzas y alguna pérdida para nada tener que hacer.
