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-Bueno -Me dijo Emma al cabo de un rato -, me voy con mis amigos, que ya han llegado.

-Vale. -Le contesté, a pesar de que no quería que se vaya.

Emma llevaba unos días un poco distante, sin hablar mucho conmigo y yéndose con sus otros amigos bastante más tiempo que antes, como si se aburriera de mi. Yo ya llevaba un día bastante malo, pues a pesar de que era mi cumpleaños no me había felicitado nadie. También tenía demasiado cerca el recuerdo de Leyre....

Al pensar en todo eso noté como mi garganta se cerraba, y una presión se creaba en mi pecho. Me levanté de las gradas y crucé el patio en dirección a la puerta que llevaba al baño.

Las lágrimas ya empezaban a salir de mis ojos, obstaculizando me la vista, y mis pies se empezaron a mover más rápido.

Cuando entre al baño había gente de mi curso, aunque me daba igual. Pasé rápido por su lado, quitando de enmedio a alguna, que soltó un quejido, y entre en la parte de las duchas, para dejarme caer en una esquina y explotar, dejando las lágrimas recorrer mis mejillas mientras arañaba mi piel con fuerza. Varias de las niñas se me acercaron y me preguntaron que me pasaba, pero lo único que logré contestarles fue:

-Me quiero morir... Me quiero ir.... Ya no aguanto más, por favor.

Algunas de ellas se llevaron la mano a la boca y otras salieron. Las demás me intentaron tranquilizar y me decían cosas, aunque no las podía oír con mis propios sollozos. Mis uñas arrancaban mi piel, haciéndome daño, pero si paraba de mover la mano, una sensación incómoda recorría mi brazo. Lucía, una de las niñas, se dio cuenta de eso y me cogió las manos, apretándolas entre las suyas. Yo seguía repitiendo las palabras de antes, explicándoles a trompicones mis problemas: como Leyre me había mandado un texto explicándome que no quería hablar más conmigo, como dos días después nos habíamos peleado y ella me había confesado que me odiaba desde hacía tiempo, a pesar de haber pasado 3 años haciendo llamadas y quedando con ella, como si fuéramos mejores amigas...
Lo explicaba y lo contaba a destiempo, diciendo unas cosas antes que otras y sin control alguno, tampoco es que me importara que lo entendiesen. En un momento que no podía más, que la presión del pecho me agobiaba, solté un grito muy fuerte, lo único que quería hacer era eso, gritar y llorar, que el puto mundo se diera cuenta del jodido dolor que tenía que aguantar. La más pija de las niñas que estaban allí, Elena, soltó un amago contenido de risa, mientras que otras se miraban entre sí, como si yo estuviera loca. Algunas salieron de allí, haciendo que una ducha se encendiera, empapándome,  dejándome con Lucía y Nora, otra niña, a solas, y oí como se partían de la risa, cosa que solo me molestó más haciendo que me soltara de Lucía y me llevará las manos a la cara, intentando ocultarme.

Me quede sola con ellas dos, mientras yo seguía en mi ataque de ansiedad, oyendo como las demás se reían de mí, pensando que Emma ya no quería estar conmigo, y recordando las palabras de Leyre:

«¿Sabes? Cuando me dijeron que parecías una niña de tres años que solo sabía llorar y gritar, yo también pensé lo mismo, y les di la razón»

En el momento me dijo que no... Que no pensaba eso... Que se tuvo que ir porque no aguantaba que me insultaran de esa manera.

¿Fue todo una mentira? ¿Me mintió solo para subirme y que la caída fuera más fuerte?

Los recuerdos y pensamientos autodestructivos se apiñaban en mi cabeza, haciendo que me doliera, y que tuviera más ganas de llorar y gritar.

Esa fue la gota que colmó el vaso.

Me levanté, haciendo que el agua de la dicha me mojara más, pero hice ocaso omiso, para lo que iba ha hacer en ese momento no importaba si estaba empapada o más seca que una pasa.

-Me voy a suicidar... -Susurré, pensando en las gradas del pabellón, y en si estarían a la altura suficiente como para matar a una persona.

Salí de la zona de las duchas, cruzando me con personas, y sintiendo como Lucía, o Nora (en ese momento no sabía quién era, pues estaba detrás mía), me agarraba del brazo, pues al parecer me habían oído, o a lo mejor era porque estaba repitiendo esa frase mientras me dirigía a la salida del baño.

-¡No! ¡Que se quiere matar! -Quizá el tono de preocupación de esa exclamación fue lo que finalmente convenció a las niñas que antes se reían de mi de que esa situación iba en serio, y no era un drama montado para llamar la atención.

Vi como Daniela e Isabel salieron corriendo del baño en la dirección contraria del pasillo que llevaba al patio, mientras notaba como varías personas me sujetaban, pero yo en ese momento tenía más fuerza que ellas, aunque ellas eran más, por lo que consiguieron tirarme al suelo.

Me rendí, me encogí como si pudiera pasar desapercibida, a pesar de que estaba armando una jaleo más grande que un niño de 1 año cuando tiene hambre o sueño y sus padres no saben qué hacer con él.

Mis sentidos se borraron, se mezclaron, no sé qué pasó, pero solo se que en algún momento mi profesora de Biología, Gloria había entrado y echado a todo el mundo, y me había levantado y también había mandado a alguien a llamar al psicólogo del colegio, pero los detalles eran simples como que no pare de llorar que no paraba de exclamar frases como "me quiero morir" y estupideces así. Sabía que estaba contando mi vida a un par de extraños que me habían hecho tomarme una pastilla que solamente hizo que me agotará más y que el lío de mi cabeza se concentrará en una sola cosa:

Las ganas de dormir que tenía en ese momento.

Si, sé que suena raro, pero la sensación de cuando estás dormido, sabiendo que tu cerebro creaba un paraíso o un infierno especialmente para ti me encantaba, también el hecho de que mis pensamientos se aplacaban y los recuerdos de épocas pasadas se volvían al presente era fantástico.

Pero no me dejaban dormir, tenía que ir a urgencias con mi madre, a que me dieran otra pastilla y me mandaran a casa de mi padre otra vez, cuando odiaba estar con su novia, Ana, y peor si ella al final resultó que tenía COVID, y que yo pensando que por lo menos íbamos a poder celebrar mi cumple de una forma escueta, pero por lo menos celebrarlo, y luego Delia, la hija de Ana se negaba a bajar, porque tenía una obra de teatro y no quería contagiarse. Luego mi padre que se fue al salón, tan tranquilo como si fuese un día normal, dejándome a mi hermano y a mi solos, con una tarta de chocolate que había perdido toda su alegría y sabor.

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⏰ Last updated: Jul 17, 2023 ⏰

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