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El día a día de una persona normalmente es monótono, pero para Amy era todo lo contrario, ella se gana la vida como cobradora, si alguien no pagaba a tiempo ella le daba una paliza. Sin embargo ella vivía en un pequeño departamento basuriento, que se gano cuando uno de sus clientes no tenia como pagar sus servicios, y le regalo el lugar, una forma pacifica de arreglar el asunto.

Al despertar tomaba un desayuno, en este caso un emparedado de jamón, y un vaso de agua, después se ejercitaba un poco, y hacía boxeo de sombra, después tomaba un baño, y se ponía su ropa de siempre, botas parecidas a las que usan los boxeadores, un pantalón deportivo ajustado de color tinto, un top deportivo de color negro, ambos brazos los llevaba vendados como un boxeador, y finalmente llevaba una chaquea roja con un dragón negro en la espalda, su cabello color negro  rapado solo a su lado izquierdo, lo demás estaba por debajo de la oreja, todo desordenado pero dirigido a su lado derecho, llevaba un pircing en la parte izquierda de su nariz, ojos azules, cejas desordenadas, a la vez que su ceja izquierda llevaba una pequeña cicatriz, la mujer de veinte años salía de su departamento, el cual se encontraba en un bloque de edificios en el centro de la descolorida y oscura ciudad.

Al bajar por las escaleras y dirigirse al estacionamiento se encontró con su motocicleta estilo chopper, algo vieja pero funcional, antes de siquiera subirse a su transporte la mujer reviso su celular, tenia un par de mensajes por leer, entre ellos un recordatorio de cobrador.

—Tienda de Ramen a las afueras de la ciudad, Nao Miura setenta años, debe veinte mil créditos, y la fecha para pagar expiro ayer a las veintitrés con cincuenta y nueve, cobrar un diez porciento al precio por cada dia que pase, si se niega a pagar dale una lección.— Leyó en voz alta el recordatorio.

Después de eso la mujer se puso en marcha, llegando al lugar en poco tiempo, era un puesto al pie de la carretera, a un par de minutos después de salir de la ciudad, la cocina estaba a la vista, incluso en esos momentos había una olla hirviendo sobre la estufa, había un scooter con una caja amarrada a la parrilla, sin embargo no se veía nadie en el lugar, la mujer apago su motocicleta, y se dirigió a una de las cortinas de metal del lugar para tocar con sus llaves.

—¡Salgo en un momento!.Se escucho la voz de un anciano desde dentro de la casa. La mujer espero allí menos de un minuto, y el anciano salió de la casa.— ¿En que puedo ayudarla jovencita?.Pregunto un viejo canoso de ojos entrecerrados, jorobado por la edad, vistiendo una especie de Montsuki café.

—¿Usted es el señor Miura?.Pregunto Amy.

—Para servirle.Dijo el viejo.

—Usted le debe veintidós mil créditos al señor Kizaru.— Dijo la de cabello negro.

— Oh.Dijo decaído.— Lo siento, no tengo el dinero, tuve que mandar a reparar la moto del local, dame una semana, tendré el dinero, lo juro.— Decía el viejo.

—No es personal.Dijo la mujer, tirando un Jab al anciano.

A lo que un chico de cabello tinto se interpuso, recibiendo el golpe con la cara.

Cabello desordenado, vestía un chándal negro y blanco con cuello de tortuga, de su cuello colgaban unas gafas para moto naranjas, tenis blancos, y ojos entrecerrados, evitando que se viera su color de ojos,

—No hay porque recurrir a la violencia.Decía a la vez que intentaba levantarse del suelo, sin embargo sus piernas no respondían.— Yo tengo el dinero.— 

— Pero Kenshi, esos son tus ahorros para entrar a la universidad.Decía el viejo.

— No me lo recuerdes, tu deberías de dejar de pedirle dinero a ese hombre, ya tendré tiempo de ahorrar mas para la universidad.— Dijo logrando levantarse.— Deme un momento señorita, solo iré por el dinero a mi habitación.— 

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