Arcoiris

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Zyan siempre fue alguien amable e inocente, demasiado amable y tímido como para hacer amigos o enojarse con quienes dejaban de hablarle, y eso era algo normal en su vida.

Tenía 6 años cuando su mejor amigo un día llego y le dijo que ya no quería ser su amigo, Zyan no entendió por que, estuvo triste por semanas y le daban ganas de llorar cuando se daba cuenta de su soledad.

En los recesos después de clases, veía a los demás, ellos tenían amigos y eran habladores, tal vez eso era lo que le faltaba, hablar más.

Y empezó a hablar más, pero a las semanas se dio cuenta de que no le prestaban atención, se sintió ignorado y alguien poco interesante, así que empezó a aprender todo lo que podía, se esforzó por saber más y más, pero nadie quería estar con el.

Después de un tiempo dejo de tomarle importancia, así que se centro en sus estudios, pero se le empezó a dificultar el prestar atención.

Un día la madre de Zyan decidió cambiarlo de escuela, en esta logro hacer amigos, Zyan estaba feliz, sus nuevos amigos eran buenos con el y no les importaba lo tímido que era, pero de nuevo a sus 9 años volvió a pasar lo mismo.

Su mejor amigo le dijo que ya no quería ser su amigo, con eso el resto de sus amigos dejaron de hablarle, y algunos empezaron a molestarlo.

Zyan empezó a ver los días como colores, todos eran grises y azules, a veces naranjas, pero ninguno amarillo o rosado.

Zyan se sentía solo, insuficiente y diferente, todos hablaban y reían felices, pero Zyan se sentía gris, en clase siempre estaba en las esquinas del salón, nadie lo notaba, y si lo hacían era para darle una palabra despectiva a su persona.

Un año paso y Zyan seguía sin amigos, la escuela era un infierno y las ganas de llorar solo crecieron.

Su madre preocupada lo volvió a cambiar de escuela, en la nueva escuela todos eran mas amables, casi no le hablaban, pero no eran groseros con el, los días se empezaron a sentir cafés, naranjas, morados y a veces azules.

Zyan se sentía amarillo, ya no se sentía gris y los días tampoco,  aunque los días no fueran amarillos, Zyan si se sentía amarillo.

Pero por desgracia Zyan se tuvo que mudar de casa y también de escuela.

En la nueva escuela todos eran groseros y hostiles, Zyan se sintió rojo, pero no un rojo como el de un corazón o el de una rosa, tampoco como el de un atardecer o un arcoíris, no, claro que no, era el rojo de un cartel de advertencia, Zyan tenia miedo.

Así que su vida en la escuela a los 15, se volvió de nuevo un infierno, Zyan ya no era tan inocente, pero si amable y tímido, Zyan ya era consciente de como era el mundo, así que en vez de intentar encajar en su nueva escuela intento no meterse en problemas, no hablaba ni se acercaba a los demás, pero si observaba su comportamiento, ellos eran tontos, infantiles e inmaduros, Zyan no los trataba mal pues aunque su comportamiento era incorrecto, seguían siendo humanos, así que era amable con ellos, pero nada mas.

Zyan de nuevo siempre estaba solo, en los descansos no prestaba atención a los demás y solo leía, siempre quería saber mas, Zyan quería convencerse de que era por querer aprender mucho mas, pero en el fondo sabia que era ya una necesidad, Zyan todavía anhelaba el día en el que alguien prestara atención a todo lo que tenia por decir, aunque también empezó a leer porque a sus 10 años se dio cuenta de que le era difícil prestar atención.

Los días de Zyan de nuevo eran grises y azules, y Zyan se sentía gris, de a poco sentía que los colores se iban, y la escala de grises se apoderaba de sus días y sentimientos, los años pasaban y Zyan se sentía cada vez mas gris, y el azul empezó a ser sus noches, la oscuridad de la noche escondía sus lagrimas azules de tristeza, y sus días grises borraban los rastros de estas, nadie se dio cuenta de su tristeza ya que una sonrisa morada adornaba su rostro.

Nadie se dio cuenta hasta que un día Zyan, con solo 20 años, amaneció sin respirar y con una nota a su lado

"Siento no poder aguantar mas

Perdón por no ser suficiente para los demás

Perdón por ser yo".

Pobre Zyan, nunca se dio cuenta de su inmenso brillo que los demás envidiaron, nunca se dio cuenta de que las expectativas de los demás no debían ser llenadas, nunca se dio cuenta de que solo con ser él era precioso.

Nunca nadie le dijo que sus palabras eran tan acogedoras y cálidas como el lila, su aspecto tan fresco y tranquilo como el verde, su sonrisa era tan brillante como el amarillo, sus abrazos tan cómodos como el naranja, y su humanidad tan pura y roja como la sangre que corre por nuestras venas, pero Zyan tampoco dijo a nadie que su tristeza podía ser tan azul y profunda como el cielo.

Nunca nadie le dijo que era como un arcoíris, tan hermoso y cálido como un arcoíris al final de una fuerte tormenta, y por desgracia Zyan tampoco se dio cuenta de esto.

Así, Zyan termino siendo un hermoso arcoíris que nadie tuvo el valor y gusto de apreciar.

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