Dos reinados diferentes. Vidas distintas. Y un amor mutuo.
"Tomare cada flecha con tal que ninguna te lastime. Dime que nos volveremos a ver, Solecito."
Felix, Del reinado Lee del sur. Un príncipe con el único deseo de mirar al sol mientras vaga co...
En un castillo, en ese castillo que tantas historias guardadas contiene. Estaba ahí sentando el único heredero al trono y el que menos deseaba hacerlo. Pues ahí se encontraba el príncipe Félix. Sin importarle lo que su miserable vida tuviera que ofrecerle.
-Príncipe, su próxima hora será dirigida a sus lecciones del bajo.- El ama de llaves y la que tenía como trabajo recordarle su horario a Félix como todos los días, a las 16:00 hrs. Se presentaba en esa puerta tocando como si eso fuera lo único que puede hacer. -De acuerdo. Estaré en la planta baja en unos instantes. Puedes retirarte,Amelia. -Félix le dedicó esa suave sonrisa. Por más que odiaba que toda su vida fuera dirigida sabía perfectamente que Amelia o cualquier otro intendente del castillo tuviera la culpa. Era su trabajo. Su porción de economía para sus familias y sobrevivir. Lo entendía perfectamente. Pues su vida se basaba en el trabajo de cuidar y servir a su pueblo. Eso era en lo único que sería bueno. O eso pensaba su padre.
Bajando los escalones más largos que la planta misma, se decidió a empezar a tocar ese instrumento cuyas melodías le transmitían una cierta paz. En fin de cuentas, el bajo estuvo a su lado durante los últimos años. Félix ya con 18 años de edad permanecía en el castillo con sus clases que parecían no tener otro fin. Por suerte. Su familia había comentado que no era necesario para el casarse. Simplemente ser un buen rey o ser excusado de su reinado y su poder.
La melodía que le indicaron concebir aquella tarde era de esas románticas en las que uno se perdía en sus sentimientos.
-Muy bien, Príncipe. Le ha salido exquisito. ¿Gusta tomar algún descanso en lo que reviso la siguiente partitura?- El maestro le dio esa cálida sonrisa. Le gustaba la música. Siempre se lo había comentado el mayor, por eso Félix siente tanta calidez en sus clases. Por que realmente la aprecia. Una melodía puede mostrar cien mil emociones y solo poder explicar una. O eso le transmitía al menor.
-Chan,¿Podría tener la siguiente hora libre?.- Félix no hacia esos pedidos seguidos. Solo y únicamente cuando se sentía exageradamente presionado por sus tareas. -Claro, no veo el por qué no, majestad. -He dicho múltiples veces, Chan que podías dejar de nombrarme de tal manera. Tantos años como para tener este lenguaje con un amigo. Que falta de respeto es ese, Maestro. -Félix lo dijo en un tono burlón, le gustaba actuar como otras personas de su edad. Trágico para el que no es como los demás. Chan le hacía ver diferente su alrededor. Empezó a salir a su jardín con el único fin de ver el sol. Le parecía una parte importante para el. Se sentía incompleto de alguna forma al mirar al sol pero no por que a él le faltara algo. Más bien al Sol le faltaba su amiga, La luna.
Se dirigió a las puertas más abrumadoras de aquel castillo, llamado hogar, era todo menos un hogar aquel lugar. Se sentía atrapado. Pero al pisar aquel césped, ese césped húmedo y con un olor peculiar. Se sintió más libre que una mariposa. Con sus delicadas manos tomó una flor de aquel jardín. Una petunia de color blanco, la olfateó. Por alguna extraña razón le gustaba ese olor tan rato y extraño para sí mismo. Se sentía único.
Al final de aquel laberinto de su jardín se encontraba su mayor secreto. Una librería. Y, se preguntarán. ¿Qué hace una librería en medio de un jardín?, El padre de Félix detestaba la lectura. Pero el la amaba. Le gustaban esas historias que creaban, esa genialidad para convertir palabras en emociones. Le gustaba el hecho de que con cada palabra que avanzaba, más adentro de la historia iba. No era un príncipe en esas lecturas. Era una persona. El libro que tomo en sus manos se titulaba "Las estrellas y el sol" , le pareció extraño. Pero la tomo, se dijo que su proveedor de libros si lo puso en aquella librería era por que merecía la pena leerlo.
20:00 hrs
" capítulo 2.00 Se preguntaran, ¿Qué tiene que ver el sol y las estrellas? . Estas son rechazadas por no ser igual al sol. Me parecía una brutalidad pensar en comparar estas estrellas. El sol es una, pero el sol es difference a las demás. El sol tiene su complementario. Las estrellas son solitarias, me parece magnífico pensar que aquellas estrellas podrían ser las más solitarias y con una vacía alma pero tan brillantes como para admirarlas"
A Félix le pareció extraordinario aquella pequeña lectura que obtuvo. Los capítulos solían ser largos pero para un lector lento son perfectos para disfrutar de su lectura.
21:00 hrs Las campanadas sonaron e indicaban que debía regresar a su hogar. Su padre estaría en un viaje largo por algunos meses. Le parecía un alivio después de todo. Pero eso no significa que podía holgazanear en aquellos días. Era vigilado por su padre en ojos del castillo. Atrapado. Esa palabra describía el como se sentía.
Regreso a aquella puerta abrumadora, con todo su aliento entró para no dejar marcha atrás. Se dirigió a la cocina a preparase un café o más bien que se lo prepararan. Le gustaba tratar a los demás como personas y no solo sirvientes. Era de su mayor disgusto.
-Joven príncipe, ¿gusta que le preparemos su café de siempre? , se lo llevaremos a su dormitorio si así lo desea. Amanda era la encargada de la cocina, siempre le cocinaba u hacía su café que tanto amaba el menor. -Muchas gracias, Amanda. Estaré en mi dormitorio entonces. Bonita noche a todos, con permiso. - Félix hizo una reverencia y se retiró como antes dicho a su dormitorio, subiendo aquellas largos escalones. Entrando a su dormitorio optó por tomar un baño refrescante., preparó su baño frío y se metió a la tina. Después de alrededor 20 minutos. Salió ya cambiado y Arreglado para tomar su café y escribir. Escribía en su dormitorio durante las noches. Era su otro secreto. Su escrito fue terminado antes de las 24:00 hrs.
" Tanto dolor cargo en mis hombros, tanta pasión por mis gustos. Tantos recuerdos a ti, madre mía, como quisiera estuvieras a mi lado. Dime, ¿encontraré paz interior?, Dime para así seguir."
Todas las noches le dedicaba un poema a su madre o para sí mismo. Le hacía sentir bien por no poder expresar sus sentimientos en lo alto de sus adentros. Sus labios no podían expresarlo. Inútil.
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