Diario 1

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12-11-2017

Deste que me llegó una misteriosa caja con diarios adentro, mis días cambiaron. En un principio no quise abrir la caja pensando que alguien vendría a reclamarla como suya, pero pasó un mes y nada. Mi curiosidad era inmensa y no pude evitar abrir la caja, pensé encontrarme con un millón de dólares o una caja con ropa o algo bizarro, pero lo que encontré solo fueron hojas.

Unas cuantas estaban escritas, pero la mayoría de las hojas estaban en blanco.

«Vaya sorpresa, ¿no?»

Llamé a Daniel, mi único amigo del colegio. Le conté de lo que encontré en la caja que me había llegado, me dijo que vendría en la tarde cuando acabase de atender en la tienda de sus padres, ya que aquel día era un veintinueve de febrero y las personas compraban lo que él padre de Daniel creaba cada año bisiesto. 

Mientras esperaba, para opacar mi aburrimiento, comenzé a ojear las hojas de la caja. Como dije anteriormente, la mayoría estaba en blanco, cuando encontré a la primera hoja comenzé a leerla:

15-7-2009.

Ese día, Nathy se levantó temprano de la cama, como si estuviera esperando una visita y se levantaba a contra reloj para ordenar el desastre de su habitación.

Por primera vez en dos años, su habitación, su guardarropa, su armario de calzados, sus peinetas, todo su paquete de maquillaje e incluso sus medias estaban ordenadas, como si fuese una amante del orden.

Aquello era raro, pero lo más raro fue que por primera vez en ocho años, se maquilló e incluso dejó su peinado formal a un lado para tenerlo suelto y con un flequillo que debió de llevarle como media hora crearlo.

Se vistió de forma atrevida, se puso la falda de hace dos años que era diez centímetros menos largo que la actual que le llegaba hasta las rodillas, se puso unas medias negras hasta el muslo, unos zapatos de plataforma alta y una camisa que dejaba ver su ombligo.

En la hora de comida nos contó que planes tenía para el día, nos contó que le diría a los profesores, por ejemplo, quería decirle al psicólogo del instituto “Boom Boom de chocolate”, que le diría “¿A donde tan peinado, profesor?” a un profesor de biología que era calvo, “Vieja chiflada” a una profesora de Lenguaje, “Papasito” a un guapo y nuevo profesor de Educación Física y que quería declararse a Evan, su "crush", de quien nos había hablado la noche anterior a detalle.

Mi mamá y mi papá quedaron mudos y mi hermano menor, Marcus, estaba que se muera de risa, y antes de salir de casa dijo, para rematar, que esa noche llegaría tarde porque se iría a una discoteca y tendría relaciones con su crush o cualquier chico, papá y mamá no hicieron nada para detenerla, sino al contrario, le dieron dinero en efectivo y también una tarjeta, con Dios sabe cuánto dinero. Eso nos dejó a mí y a mi hermano con un mal sabor en la boca.

¡Papá nunca nos daba tarjetas a ninguno de los tres y menos si era para un gustito!.

Era injusto.

Después del desayuno fui al colegio, estaba ya en cuarto de secundaria.

A la salida, fuí hacia una tienda donde habían latas de bebidas energéticas, me compré tres y lo que me sobró lo usé para comprarme un par de plumas.

Llegué a la casa y vaya sorpresa que me llevé. Mamá había cocinado nuestra comida favorita, y mi hermano no tardó en llegar a la casa todo sudoroso y con rasguños en las rodillas y codo por, seguramente, estar presumiendo de su salto de un metro en el básquet.

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