Be my Valentine

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San Valentin, menudo día. Como si no hubiese trescientos sesenta y cinco días al año para demostrar a tu pareja que la quieres.

Todos los días deberían demostrarse los sentimientos, pero claro, entonces las perfumerías y demás no harían su pequeño “agosto” en febrero.

Karin suspiró mirando por la ventana del alto edificio acristalado en el que estaba su oficina y apoyó la barbilla en la mano. Gruñó a los globitos en forma de corazón de la parada de flores y bombones que había en la plaza de abajo y que desde ahí parecía un simple puntito rojo pasado de moda por su forma de carrito excesivamente decorado y volvió a dejar escapar el aire de los pulmones.

Debía ser de las pocas personas que ese día no iba a estar en casa haciéndose arrumacos, tenía que entregar las cuentas aunque poco importaba, total Alec no estaría en casa, la recibiría la única compañía del micro hondas y nada más. Era lo que tenía haberse enredado con un piloto y llevar una vida dedicada a sus respectivos trabajos, apenas se veían y últimamente casi parecían dos extraños conviviendo por lo que se preguntaba si valía la pena seguir así. Lo sentía extraño pero a la que pensaba en poner fin a esa relación de ocho años se le encogía el corazón, le quería y no podía evitarlo.

La había enamorado desde el primer momento que sus miradas se cruzaron y la llevo al límite de su mal genio. Le gustaba provocarla y a ella responderle, así acababan siempre, dando rienda a la pasión de sus cuerpos en cualquier lado perdiendo todo sentido del recato o lo decente.

Alec sacaba lo mejor y lo peor de ella.

Suspiró una vez más y se puso a trabajar mientras oí cuchichear a las secretarias en el pasillo de fuera, tendría que haber cerrado la puerta, así no tendría que oír sus risitas, ver sus tarjetas y el continuó ir y venir de ramos.

Por Dios si hasta la oficina entera olía a floristería.

¿Quién podía concentrarse así?

Si tenía que ser sincera todavía no sabía por que se ponía así, San Valentin no había sido nunca un día que le gustase especialmente, no lo odiaba pero tampoco sentía esa necesidad desaforada por ir sonriendo y lanzando te quieros al aire y como al copista de al lado se le ocurriese volver a poner una vez más Love is in the air juraba que le daría una patada en el culo.

¿Es qué no había nadie en ese edificio dispuesto a trabajar un si quiera un poco? Aunque bueno que cayese el jueves no es que ayudase mucho a incrementar las ganas de dar el callo. La mayoría ya estaban pensando en el fin de semana en vez de en las cuentas y todo lo demás.

Que narices, ni siquiera ella tenía ganas de hacerlo, preferiría encerrarse en casa y no salir hasta el día siguiente.

Por fin el día terminó, eran las once y media cuando cruzaba la puerta, se quitó la chaqueta dejándola colgada en el armario de la entrada, se quitó los zapatos agotada y se arrastró hasta el salón palpando la pared para dar la luz hasta que vio que había velas encendida. Parpadeó varias veces y siguió el rastro de pétalos del suelo hasta el baño. La bañera estaba llena de agua caliente, el vaho había empañado el cristal y el olor de las sales llenaba el habitáculo. Pero el rastro no terminaba ahí, sino que iba hasta el dormitorio donde había dos velas más y pétalos sobre las sabanas, champan en una cubitera y dos copas preparadas.

—¿Cansada?

El pulso de Karin se disparó y conteniendo el aliento se giró despacio, lo primero que había pensado al entrar había sido que habían entrado a casa, luego que Alec la engañaba y ahora qu elo tenía ahí, cruzado de brazos contra la pared, con esa sonrisa traviesa en el rostro sexy y arrogante se odio por pensar así.

—¿No estabas en Londres?

—No, te mentí ¿si no como iba a prepararte todo esto? Se que no eres muy de celebrar estas cosas pero creo que después de estos días ambos lo merecíamos— la atrajo hacia él —¿Qué te parece?

—Alec es increíble, no se que... — se llevó la mano al pecho —No conocía esa faceta tuya— sonrió dejando que la besara.

—Y lo que te queda cielo— torció de nuevo los labios desnudándola —La cena esta en el horno, nos damos un baño relajante, cenamos y nos acurrucamos un rato ¿te parece?

—Me gusta el plan, pero llevas mucha ropa.

—Eso se arregla pronto.

Karin rió viéndolo quitarse la ropa y se metió en la bañera dejándole sitio.

—Siento haber estado distante estos días, sólo quería hacer bien esto— dijo cogiendo lo que parecía un jaboncito con forma de rosa.

Lo abrió desvelando que era una caja que dejo ver un fino anillo que brillo bajo la luz de las velas.

Karin ahogó un grito de sorpresa llevándose las manos a la boca y volvió a mirar el objeto como si fuese a desaparecer de un momento al otro. Observó a Alec sacar el aro de su funda y sostenerlo entre los dedos.

—Se que nunca hemos hablado de esto, ni siquiera del futuro ni de nada, pero... yo que se, me habré vuelto loco al igual pero dime ¿quieres?

—¡Sí! Pues claro que sí, dios y yo pensando que ya no querías estar conmigo— le envolvió el cuello.

—Tontorrona ¿cómo no iba a querer?— le apartó el cabello húmedo de la cara cogiéndole la mano para colocarle el anillo que se ajusto a la perfección en su dedo —Rubén me ha conseguido trabajo en su empresa, en un buen puesto, pagan bien y no tendría que estar volando de un lado a otro. Así tendremos más tiempo para los dos y tú no sufrirías cada vez que subo a un avión.

—¿Lo harías? ¿Harías eso por mi? Te encanta volar.

—No sólo por ti cariño, por los dos. ¿Qué te parece? No sabía como contarte todo esto ni como te lo tomarías.

—Si tu quieres hacerlo adelante, pero Alec ¿estás sentando la cabeza?

—Creo que desde que me descubrí la primera cana me asuste un poco— bromeó —No, enserio, me apetece hacer esto y no por que sea lo que se espera de nosotros ni esas tonterías sino por que es lo que siento. Me gusta verte feliz y saber que no sientes que te falta algo.

Karin sollozó y Alec rió limpiándole las lágrimas.

—Si lo sé no digo nada.

—¡No tonto! Es que no se, todo esto, tu hoy...

—Me parece que a partir de ahora va a empezar a gustarte San Valentin cielo y ya sabes que cuando yo me propongo hacer algo lo hago bien— mordisqueó sus labios.

Karin envolvió su rostro besándolo y mirándolo susurro.

—Aunque lo odiase contigo lo adoraría.

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