𝑱𝒖𝒔𝒕 𝑻𝒘𝒐 𝑳𝒊𝒕𝒕𝒍𝒆 𝑲𝒊𝒅𝒔

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El pequeño Baji Keisuke solto un suspiro, gracias a su calor empañó el vídrio del auto. Dirigió la manga de su chamarra, y comenzo a limpiar aquella zona, también incluyo algunos dibujos, todo esto ante la atenta mirada de su madre.

Keisuke deja de hacer eso, solo vas a lograr que el vídrio se raye. - Regaño la pelinegra sin quitar aún su vista de la carretera.

Nada de esto estaría pasando, si no me hubieras sacado de mi otra escuela. - Expresó con un pequeño puchero en sus labios.

Yo no te saque, ellos te expulsaron por tu actitud. Y no, nos quedó más opción que mudarnos hasta aquí, porque solo en este sitio te aceptaron. -

Dirigió su vista hacia el exterior, viendo atravez del vidrio pasar los grandes edificios rápidamente, y a los distraídos peatones desaparecer de su vista. No pudo evitar notar que durante todo su recorrido por la cuidad no había visto ni un solo árbol. Eso le hizo preguntarse ¿Acaso en la ciudad no existían los árboles? Bueno, al menos había encontrado otra razón por la que no fue buena idea mudarse a la gran cuidad. A este paso, en su pequeña mente de diez años, se guardaban miles de razones por las que odiaba la cuidad.

Al perderse en sus pensamientos, también perdió la noción del tiempo, pues al volver a su realidad, su madre ya estaba estacionandose frente a un gran complejo de departamentos. Al instante en qué su madre apagó el auto, el salió corriendo en dirección hacia el primer piso. Tuvo que esperar unos cuantos minutos a qué su mamá bajara del auto, y le dijera en qué piso vivían.

En el momento en qué soltó el número del piso en qué vivían, rápidamente el pequeño Keisuke salió corriendo hacia el segundo piso. Impaciente, saco las llaves que su madre segundos antes le había entregado. Abrió la puerta, y comenzo a recorrer el sitio, exploró cada una de las habitaciones hasta llegar a la que el había designado sería su cuarto.

Unos minutos después su madre lo alcanzó, puso una mano en su hombro y musitó las siguientes palabras.

Te tengo una buena noticia y una mala. - El pelinegro trago duro, pero asintió en señal de que prosiguiera con lo que iba a decir. - La mudanza se equivocó de dirección, así que nuestros muebles llegarán hasta mañana.

Y cuál es la buena?. - En su interior comenzaba a creer que no había nada bueno en todo esté asunto.

Que aprenderás a dormir como los caballos. - Dijo con una gran sonrisa la pelinegra, mientras que su hijo le veía extrañado.

¿Y como duermen?. -

En el suelo. - Keisuke hizo los ojos para atrás mientras negaba con una sonrisa.

Para su suerte su madre había comprado un colchón inflable por si ocurría algún detalle con la mudanza, era una mujer muy precavida. Así fue como transcurrió el primer día en lo que de ahora en adelante sería su hogar, por la tarde jugo un par de videojuegos y antes de dormir se cepillo los dientes, para finalmente acostarse en el colchón inflable.

Una vez recostado intento dormir. Pero miles de incógnitas asaltaban su mente. Cosas como: ¿Cómo me irá mañana? ¿Conseguiré a algún amigo? Hacían a su pequeña cabeza trabajar. Se encontraba muy nervioso, pero intentaba pensar en otras cosas para distraer a su mente de las cosas que le preocupaban. Sin saberlo lentamente sus ojitos se fueron cerrando para adentrarse al mundo de los sueños.

Al día siguiente se despertó muy temprano por la mañana. En contra de su voluntad fue obligado por su madre a darse una ducha. Después de terminar de bañarse, seco y cepillo su cabello, se arregló y se compuso el uniforme. Que consistía en el típico traje de infantes que consiste en pantalones cortos y playera blanca con un listón rojo. Cómo el día había amanecido muy frío, su madre le obligo a llevar una bufanda y unos guantes. Espero unos cuantos minutos a su madre, mientras que el veía la tele. Subieron a su auto y emprendieron camino hacia el colegio.

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⏰ Last updated: Aug 08, 2022 ⏰

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Twenty Five || Bajifuyu Where stories live. Discover now