Las cartas sobre la mesa

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Seis de la mañana. Despierto. Me lavo el rostro. Me cambio y me preparo. Bajo a desayunar, saludo a mi mamá, termino de desayunar y subo a cepillar mis dientes. Espero a que baje mi papá, él me llevará a la escuela. Todo normal.
Salgo de casa y ¡Oh! Es cierto, olvidaba que el mundo cayó bajo el control de los gorilas. Me asomo por el gran agujero que suplantó al hermoso parque del pasado.

-Hey abuela, te ves bien allá abajo-

Cómo fue que todo se fue al carajo así de rápido. Ah, sí, lo recuerdo muy bien.
Seis de la mañana, ya conocemos la historia.
Un día normal. Al salir de la escuela, un intrigante anuncio inundó el internet. Tan interesante, tan llamativo, poco sabíamos de su verdadero propósito. Al poco de tiempo que mantenía la visualización en sus pantallas, la gente fue seducida bajo la dulce voz de un mono súper-desarrollado. Así de absurdo es todo esto. Aunque es cosa de tomarse seriamente, después de todo, son los mayores mandatarios del mundo. Eso no se logra de la noche a la mañana, bueno, excepto ellos, claro.
Se esparció como un sucio virus, en cuestión de minutos, de horas y de días para los más aferrados, las ciudades y los países cayeron bajo el control mental. Wow, mientras más lo pienso, más irreal suena.

La cosa se alargó hasta dos años más tarde, hoy. Creo que nadie duda de que, las cosas han cambiado un poco estos últimos años. Gorilas en las calles vigilan la obediencia y el respeto a los grandes. La economía, caída, la democracia, caída, todo lo que conocíamos como una humanidad normal, bueno, cambió hasta convertirse en una sociedad obediente y ordenada. Tienen mérito por eso, lograron lo que muchos intentaron y fallaron, pero, claro, el costo está en escalas demasiado grandes.

Los que no hemos cedido ante la opresión gorila, nos mantenemos escondidos, seguros, o eso creíamos, por eso lo de la abuela, pérdida en lo más profundo del abismo de los castigados. Qué puedo decir, era una mujer muy consciente de sus ideales, y de sus actos. Aunque nada de esa mentalidad ayuda, si eres condenado a morir en el abismo, perdido.
Es deprimente, pero es mejor que ser esclavos en una civilización desigual y llena de imparcialidades.
Mientras más caigo en cuenta, más quisiera vivir en ese mundo que recuerdo con tanta nostalgia y, *ejem* que no estaba gobernado por simios. Disculpa, no simios, monos, si me escucharán decir eso soy hombre muerto.

controlWhere stories live. Discover now