-1398-
"Está era una vida próspera; las reglas eran para seguir al pie de la letra. Esa época dónde nunca se dañaba alguna regla.
Cazadores, Guardianes y Hechiceros trabajaban juntos, aunque no se mezclaban para dar comienzo al mestizaje.
Era la regla más importante de todo el reinado.
Nunca podría ocurrir un mestizaje de ningún tipo.
Una mujer adivina, sin maldad predijo un acontecimiento que marcaría la historia para siempre.
Nacería un niño, producto de un guardián de Élite y sería engendrado por una fuerte Cazadora; sería muy fuerte, su sangre sería de humano/hechicero por parte de sus ancestros, pero también llevaría sangre de Guardián/Demonio heredado de su padre y de Cazador/Ángel, de fuerte linaje por su madre. Tendría 6 razas en su cuerpo delicado, pero si dominaba cada uno de su linaje, sería el ser más poderoso y asumiría la responsabilidad de ser el rey de todo aquello que existiera, los grandes sabios, de forma egoísta, quienes preocupados por el gran nacimiento de la perdición hicieron que se dividiera el gran territorio en tres. Así no se podría crear algún tipo de mestizaje.
Pero, el guardián más fiel, Andrew, se enamoró de una cazadora llamada Ly, ambos se enamoraron mientras realizaban una misión que duraba dos meses a caballo. Luego las visitas nocturnas y fugaces, daban marca a una larga relación, para luego convertirla en años.
Ambos, huyeron de las tierras y desaparecieron, casándose y teniendo un hijo, del cual su nombre fue Abel. Un niño sano y fuerte, de cabellos turquesa oscuro y ojos rosados, rodeados de grandes y largas pestañas y su tez clara como la nieve.
Los sabios al enterarse de tal nacimiento, hicieron que las tres razas buscaran por debajo de las piedras, de ser necesario, solo para encontrar al niño recién nacido.
Aunque Ly y Andrew sabían su destino, lucharían por su pequeño, para que este sobreviviera y viviera una vida lejos del odio, del dolor y sufrimiento, y jamás tuviera venganza; aunque no tuviera padres, aprendería del amor y el cariño que podría brindar y podría demostrar que su poder maldito no era de importancia Abel porque él sería un ser de amor y compasión...
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La oscuridad había llegado, en silencio pleno y susurros causados por el viento que golpeaba con las ramas de aquellos árboles de invierno; una humilde y pequeña casa en medio del bosque se dejaba ver con unas ligeras luces, casi inexistentes.
"Andrew... Hoy... Es el día...". Una joven castaña de ojos rojos sostenía una manta, en esta llevaba a un bebé de si acaso de unos cuantos meses.
Antes de que su esposo hablara, escucharon lobos aullar, causando que ambos supieran que el peligro estaba atravesando la puerta. Con tan solo unos segundos, Ly abrigó bien a su niño, Andrew con dos movimientos tomó sus armas malditas, miró por última vez a su esposa, sus ojos cristalinos hicieron que se acercara hasta ella. La tomó de ambas mejillas para luego acariciar las ligeras hebras aguamarinas de su primogénito.
"Kocham cię". (Te amo en polaco).
Un ligero beso y Ly tuvo que empezar a correr, mientras su esposo luchaba con otros cazadores y guardianes que lo creían desertor.
La nieve se volvía cada vez más abundante, la tormenta le estaba dando una mala pasada. Los lobos quiénes le llevaban ventaja querían morderla, corría lo más rápido que podía, necesitaba llegar al límite del territorio...
Agradeció a unos árboles frondosos ya que causó que varios lobos tuvieran que parar en seco. Chocando con ramas afiladas por espinas.
Corría con sus últimas fuerzas, los rasguños de los lobos en sus piernas eran graves. Sus mejillas pálidas dejaban recorrer lágrimas, su cuerpo no podía dar más, su mandíbula tensa, mientras escuchaba los ligeros quejidos de su hijo.
No era hambre, ni dolor.
Era angustia.
Su pequeño tenía miedo.
Al ver el ligero destello andante de una tenue luz. Hizo que corriera con su corazón atravesando su garganta, ya no podía más.
Un hombre joven, y encapuchado con medio rostro cubierto le miró, sus ojos grises eran lo único que se veía a través de la manta oscura, escuchaba muy cerca los rugidos de los lobos.
Con dolor inminente, destapó a su hijo, besándole su cabecita, haciendo que sonriera lévenme. Murmuró una oración. Aquella que su madre solía dedicarle cada vez que veía a su padre. El hombre se acercó más a ella y puso una mano en su hombro. Sin más, le entregó al niño al borde de las lágrimas. Su bebé empezó a quejarse ligeramente, lo cayó besándole nuevamente su cabecita, balbuceando unas pequeñas palabras. "Siloé, cuídalo mucho".
La mujer, en lágrimas, mordió su labio, para luego desaparecer en la oscuridad, llamando la atención de los lobos. Guiándolos en dirección contraria donde iría su hijo, escuchando como cazadores liberaban sus lanzas en su dirección. Todos los actos cometidos aquella noche fatal quedó de testigo la tenue luz de la luna, callando por toda la eternidad.
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Abel.
ActionSolo quería ser feliz y obtener su venganza. Las reglas fueron creadas para incumplirlas, y sabia perfectamente que moriría. No importa. Necesitaba vengarse. "Joven Abel me honra decirle que tendrá que casarse para obtener el trono" Oh dios...
