Habitación 28

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La noche estaba tranquila en la ciudad de Houston. Podían escucharse leves sonidos de bichos esparcidos por todo el patio de la residencia, conformando entre todos ellos un ruido constante que ayudaba a los ancianos a conciliar el sueño. Como era noviembre, estaba iniciando la temporada de temperaturas bajas, sin duda, la preferida de Louis.

Aquel joven castaño se hallaba fumando en la galería trasera, mirando las estrellas y jugando eventualmente con el humo que desprendía de su boca. Lo que más amaba de los turnos nocturnos era la tranquilidad que rondaba por el lugar. De día aquella tranquilidad no existía.

-Suficiente descanso, Tomlinson –dijo una joven a través del ventanal de vidrio mientras lo golpeaba dos veces con sus nudillos.

Louis revoleo sus ojos celestes y dejo caer su cigarrillo al pavimento, para luego aplastarlo con su pie derecho. Se agachó a buscar la colilla y la guardo dentro de su ambo blanco.

Al entrar se dirigió a la sala de empleados, que contaba con una pequeña cocina, una mesa y cuatro sillas, tres de ellas ocupadas por sus compañeros de turno. Matt, el más grande de ellos, era el supervisor y quien estaba a cargo cada vez que tenía turno nocturno. Era el hijo del dueño. Sus ojos eran marrones, su pelo rubio y su piel trigueña, a diferencia de Zayn, que tenía una piel más pálida y su cabello negro. Compartía el color de ojos con el primero, pero unas largas pestañas lo diferenciaban.

- ¿Quién osó molestarme en mi descanso? – bromeó mientras se sentaba en la única silla vacía junto a la joven que lo llamó minutos antes. Ésta era rubia y tenía los ojos verdes levemente achinados gracias a su gran sonrisa.

-Perdón, pero teníamos ganas de jugar al truco – soltó con gracia mientras se apoyaba en el hombro de Louis.

- ¿Me molestaste para que te gane, Lily?

-Eso está por verse...

Matt comenzó a barajar las cartas y Zayn se estiró hacia una mochila ubicada en la silla de Lily en busca de una lapicera. Relojearon la hora comprobando que aún quedaban cuarenta y ocho minutos para su próxima ronda de chequeos y comenzaron a jugar. La noche recién empezaba.

...

-Truco – Zayn susurró desafiante hacia Louis.

- Quiero – respondió sosteniendo la mirada.

Siete de espadas fue la carta que se apoyó primero con una sonrisa por parte de Zayn, la cual cayó abruptamente al ver el uno de basto que portaba su contrincante.

-La puta madre, siempre lo mismo – bufó mientras se inclinaba hacia atrás- vos seguro te carteas, a mí no me engañas. –El resto de sus compañeros solo rieron ante el berrinche.

Louis levantó su mirada hacia el reloj y vio que eran las 00, tocaba medicación de tres de sus ancianos a cargo. Se desperezó en su silla y se retiró de la sala.

...

-La 17 ya está, la 22 ya está– susurraba para sí mismo en el pasillo mientras tachaba en su carpeta las medicaciones dadas. –falta la 28 – y retomó su camino hacia dicha habitación.

La residencia de ancianos Bella vista era una de las más prestigiosas de Houston. Contaban con sólo 40 cupos y excelentes instalaciones. Dentro de todas las residencias de la ciudad, eran también de las que mejor pagaban a sus empleados. La estadía prometía no solo un trato excelente, sino acceso a médicos privados de primera categoría, sala de juegos, biblioteca, sala de televisión, parque de recreación, entre otras actividades.

Si bien de día los empleados sólo tenían a cargo 3 ancianos cada uno, para darles trato constante y exclusivo, de noche al ser menos personal tenían a cargo a 10, y Louis, tenía una obsesión con llevar minuciosamente el cuidado de cada uno de sus ancianos.

Caído del cieloWhere stories live. Discover now