Miro el sobre y me debato entre abrirloo guardarlo para siempre. Estoy confuso, no sé que hacer. En micabeza resuenan las palabras de nuestra última conversación.
"-¿Sabes?, hoy no he recibidoninguna bronca -dice contenta aniñando su gesto-.
-Lola, dejar de comer para que tu madreno eche la bronca, no es un buen motivo por el que sonreír.
-Luis, por algo hay que sonreír.
-Yo lo hago por mi restaurante favorito-al final le he arrancado una carcajada-.
Me encanta animarla, se que puedo y me gusta. Quiero estar siempre así con ella. Pongo mi mano conla suya, ella ve mi gesto y sonríe más.
-Dicen que las personas más tristesson las que tienen mejores sonrisas -ella me mira confundida- Quierodecirte algo -no puedo mirarle a los ojos, así que miro el vacíobajo nuestros pies- algo importante.
-Tú, dirás, espero que no sea unainvitación a comer -intenta reír con su comentario.
Tendré que esperar, como siempre"
Cinco meses antes.
Por fin de vuelta, después de tantotiempo tengo unas buenas y merecidas vacaciones. Tanto viaje con eltrabajo me cansa más de lo habitual. Hoy invitaré a mi familia acomer a mi restaurante favorito.
Entramos y el camarero nos lleva a lamesa reservada, de camino a allí veo una chica que llama miatención. Sus ojos son verdes y no puedo apartar la mirada de ellos.Su tristeza se desvela justo antes de que aparte la mirada cohibida.
Toda la comida ha pasado, no he podidoevitar prestarle atención a ella, analizo las frases que he idoleyendo en los labios de la mujer que le acompaña, parece su madrepor la forma en la que la trata. "No comas más. Te estás pasando.Mañana comienzas la dieta..." No sé cuando, pero me he levantadode la silla, pero ya estoy en su mesa.
-Señora, quizás no debería tratarlaasí -digo cansado de escuchar su soliloquio, la mirada triste vuelvey esta vez también está confundida-.
-¿Perdón? ¿Quién es usted paradecirme como debo tratar a mi hija?
Veo como una pequeña luz se enciendeen sus ojos y esta vez me presta atención. Cojo aire e intentotranquilizarme mientras la señora suelta una perorata sobre midescaro y mi poca educación. Ella posa una mano sobre la de sumadre.
-Mamá. Déjale, simplemente cree queno me debes tratar así.
-¿Acaso le conoces? -preguntaindignada-.
-Creo que no -dice tranquilamente-.
-Pues no pienso quedarme aquí mientraseste sin vergüenza intenta increparnos.
Se levanta y la arrastra consigo, sóloalcanzo a ver como esboza una tierna sonrisa y un gracias. Vuelvo ami mesa resoplando bajo la atenta mirada de algunos comensales, oigolo que dicen aguantándome las ganas de gritarles "Creo que leconozco... Sí es de esa empresa... ¿Tendrá algo que ver con esagorda?... Si que ha tenido valor de hablar con la gorda y su madre.."Ni siquiera explico nada a mi familia, solo cojos mis cosas y pago lacuenta para salir lo más rápido de ahí.
Veo a la chica nada más salir, estáde pie mientras su madre llama un taxi sin éxito. Ella me ve y seacerca con una sonrisa nerviosa.
-Muchas gracias, empezaba a ser un pocoagobiante -alza su mano- Lola.
-De nada -le estrecho la mano- Luis.
-Me suena tu cara -ríe y se gira a sumadre- yo de ti dejaba de defender a gente como yo si no quieres quete relacionen conmigo.
