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CAPÍTULO 1

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Lyra

No creía en el destino, y mucho menos en las casualidades. Hasta que le conocí. Pero para que entendáis mejor mi historia, voy a empezar desde el principio. Unos meses atrás.

Unos meses atrás...

Era un lunes cualquiera como otros. Estaba en mi librería favorita; en la cuál trabajaba algunas tardes después de la universidad para sacar algo de dinero. No había mucha gente esa tarde - cosa que agradecí- así que no tenía muchas cosas que hacer. Me encantaba este lugar. Era uno de mis lugares favoritos, ya que pasaba horas dentro de ella. Gracias a ello me refugiaba entre libros de la realidad.

Estaba colocando algunos libros en la estantería de uno de los pocos pasillos que había en la tienda. Cuando la puerta se abrió y sonó la campanita que había arriba. Puse una mueca y con mala cara fui hacía el mostrador para atender a la persona que acababa de entrar. Cuando me situé detrás del mostrador mi mala cara desapareció en cuanto mis ojos se clavaron en unos ojos azules que me hipnotizaron durante unos segundos. En los cuales no sabía si estaba respirando o no. Hasta que me di cuenta de que aquel chico - que además era guapísimo y ... estaba muy bueno, para qué vamos a mentir - estaba esperando a que le dijese algo.

Agité la cabeza para centrarme y me aclaré la garganta.

- Ehh... Ho-Hola bienvenido, en qué... ehh... puedo ayudarle. - dije torpemente.

Tonta tonta tonta. Me dije a mi misma.

- No quiero nada en concreto, así que voy a echar un vistazo, si no te importa. - respondió, girando la mano, dándome a entender que iba a mirar por la tienda.

- Ahhh.. claro, si... eh... necesitas algo aquí estoy. - me oí decir. Dándole una sonrisa.

Dios... que me pasa. Por qué no puedo hablar sin trabarme. Estaba muy nerviosa. Ya era bastante difícil centrarme con él aquí desde que le he visto, hasta su voz me encantaba. Era ronca, grave y... sexy. Esperaba que me pidiera ayuda, por qué no me importaba ayudarle, con tal de volver a oír esa voz otra vez. Aunque pensándolo mejor prefería que no me la pidiese por que para trabajar otra vez. Agite la cabeza para concentrarme.

Cuando me dio la espalda para ir hacia las estanterías del establecimiento, sonreí como una boba. Hasta por detrás era guapo. Pero qué me estaba pasando.

Pues... que está bueno y te gusta ?

Genial hasta mi consciencia desaparecida había vuelto.

Pero la verdad que yo nunca le había visto; y que mi cuerpo reaccionará así la primera vez que lo veía, me sorprendió bastante. Y me aterró un poco.

Aunque claro, era normal; supongo, él era muy atractivo. Tenía la piel pálida y brillante como la porcelana. Unos ojos azules que resaltaban gracias a unos puntitos amarillos que tenía. Su pelo; no muy largo, estaba desordenado y era oscuro, cosa que hacía que su piel pálida se notará más. Sus labios eran de un rosa muy suave y ni muy finos ni muy gorditos, eran perfectos. Me llamó la atención que se le marcará la mandíbula y la verdad que tenía un rostro perfectamente perfilado. Además, tenía que hacer algo de deporte, por qué se le veía en forma y algo musculoso, pero no mucho.

Me quedé en mi sitio durante unos minutos sin saber muy bien qué hacer. Estaba en una nube. Perdida en mis pensamientos. Así que decidí ir ha seguir ordenando los libros que había dejado a medias. Fui al pasillo donde estaba la escalera, y empecé con los libros. Desde arriba hasta abajo. Está tarea era la que menos me gustaba la

verdad.

Estaba a dos escalones del suelo cuando pude sentir a alguien detrás de mí. Me puse nerviosa porque sabía quién era - ya que no había nadie más que nosotros en la librería- . Me giré lentamente y con el ceño un poco fruncido, por qué no entendía qué pasaba. Él estaba delante de mí apoyado en la pared de enfrente con los brazos cruzados y con una sonrisa en la cara. Me miró durante unos segundos, que me parecieron muy cortos, hasta que se aclaró la garganta.

- ¿Puedo preguntar qué libros estás colocando? - dijo frunciendo el ceño.

- Pues... - me bajé hacia la caja de libros que tenía a un lado, y cogí uno para saber de qué iba- es de misterio, creo ...umm, por? - le pregunté con curiosidad.

Se quedó pensativo, con una sonrisa que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, desde los pies hasta la cabeza.

Cuando vi que no iba a decir ni ha hacer nada, hice un ademán de girarme para seguir con mi tarea, cuando note su mano agarrándome del brazo y acercándome a él. Antes de que me diera tiempo a reaccionar estaba a pocos centímetros de su boca. Con sus dos brazos; uno a cada lado de la cara, impidiéndome escapar, aunque estaba tan confundida que ni se me pasó por la cabeza. El se acercó más a mí. Hasta que nuestros labios quedaron a unos pocos centímetros. No sabía que estaba pasando. Solo podía notar su respiración encima de mi y su aroma. La verdad que olía muy bien. Como a colonia cara.

- Te voy a ser sincero pero... no he venido a mirar libros - hizo una pausa, revisando cada centímetro de mi cara con esos ojos.- He venido a mirarte a ti.

En cuanto dijo eso, mis ojos se abrieron como platos y noté que mis mejillas se calentaban. Hasta creo que deje de respirar. Al momento noté como la sangre subía a mis mejillas. Oh oh!

Oh no, te estás poniendo roja

Si ya lo sabía gracias por decírmelo genia.

Solo era un comentario. Ahora relájate un poco. Además creo que acaba de decirte que le gustas.

Odiaba la voz de mi cabeza. Pero se me olvidó cuando me centré en lo que estaba pasando.

Aquel guapísimo chico, que además era super alto y parecía sacado de una revista de modelos, me había soltado eso como si nada. Esto tendría que ser una broma de mal gusto. No sabía qué decir. Así que seguí mirándole a los ojos.

En cuanto me puse roja las comisuras de su boca se elevaron lentamente, formando una sonrisita que me erizó los pelos de la nuca. Como no dije nada se apartó de mí y se dio la vuelta para irse. Pero antes de andar hacia la salida se giró hacia mí mirándome de arriba a abajo. Con lo que me puse más roja y nerviosa.

Retorciendome los dedos incomoda.

- Por cierto, me llamo Daimon - dijo riéndose por lo bajo.

Fue entonces cuando cogí aire y me atreví a mirarle.

- Y yo me llamo...

- Lyra, lo sé - me interrumpió

Creo que mi cara de espanto lo dijo todo por qué se acercó a mí dando dos zancadas. Con una expresión un poco entristecida, con miedo. Se acercó a mí, sin apartar la mirada de mis ojos. Cosa que yo tampoco hice.

- No quiero que salgas corriendo... - la verdad que cuando lo dijo parecía preocupado, tanto que posó sus manos en mis hombros- ... por qué no quiero que te alejes de mí. Pero... que sepas que sé muchas cosas sobre ti - hizo un pausa - Más de las que te imaginas. Por qué... me encantas. Desde el primer día que te vi algo en ti me llamó la atención.

Se apartó un poco para ver mi expresión, que era una mezcla entre confusión, miedo y estupefacción. Estaba flipando. Por favor que alguien me pellizque por qué esto no puede ser real. Debo de estar soñando. Dónde está la cámara oculta.

No estás soñando tonta, si no yo no estaría aquí.

Eso es verdad

- No quiero que pienses que te estoy acosando o algo, pero tenemos conocidos en común. Aunque no lo sepas, y les pregunté por ti. Por eso estoy aquí. - me confirmó, mientras intentaba pensar en qué decirle.

Separé los labios para decir algo pero no supe qué decir. Así que los volví a cerrar. Como respuesta él me sonrió y yo le respondí con otra sonrisa. Daimon, así me había dicho que se llamaba verdad??

Si hija si.

Pues eso. Pues Daimon suspiró y se apartó de mí. Se despidió, se dio la vuelta y se marchó por donde había venido.

Y así sin más, después de decirme eso y dejarme sin palabras.

•UN AMOR EFÍMERO•Stories to obsess over. Discover now