-Maldita sea con este bendito lugar...
Decía Evan, un hombre de 27 años de edad y cabello oscuro. Se encontraba fuera de lo que antes fue su primer hogar en la infancia, el orfanato Aspen Grove. Localizado en el área sur de Blackwood, un pueblo a orillas del lago Cedar, el orfanato había sufrido un incendio mucho tiempo atrás. Evan Moss vivió en ese lugar junto a 40 niños más de los cuales solo 4 eran sus amigos.
Le daba asco tener que pisar aquélla olvidada estructura pero algo en su cabeza le decía que debía ir. No era solo un pensamiento aleatorio que de vez en cuando salía sin querer, era algo así como una obligación, él no lo entendía. Hace media hora que salió de una grabación con su banda, les había dicho que no se tardaría en volver ya que solo era un asunto fácil de resolver.
Con su guitarra en mano y dentro de su maletín, éste se detuvo frente a la puerta principal para mirar por los cristales coloridos de la entrada y tocó un par de veces esperando una respuesta.
-¿Alguien...? -llamaba.
Pero no, todo estaba callado. No había señales de que alguien estuviese allí por un largo tiempo. Evan dio unos pasos atrás para mirar las ventanas de los pisos de arriba esperando que una persona estuviese asomada. Sin embargo, no había nadie. Era extraño, a pesar de no ver a una sola persona, se sentía la presencia de gente dentro del orfanato. Eran pasos y conversaciones a la distancia. Tal vez no alzó la voz lo suficiente, eso creía, así que regreso a la puerta para llamar una vez más cuando esta se abrió como si no hubiese tenido el seguro puesto.
Con calladas risas bajó la mirada. Seguro alguien le estaba jugando una broma, posiblemente un amigo de la banda que lo habrá seguido. Lo esperó afuera por unos minutos a ver si salía por el aburrimiento, pero no fue así, nadie salió. Ahí se dio la vuelta y cubrió sus orejas. Evan recordaba que un tiempo atrás una persona le jugó la mala broma de colocarle un candado en uno de los tantos piercings en sus orejas, no quería que volviera a ocurrir algo así.
Esperó unos minutos, queriendo que quien sea que le haya llamado saliera del aburrimiento. No ocurrió.
No fue si no hasta los 15 minutos que decidió entrar y ver lo que había ahí en el orfanato. No tenía un "plan", solo había ido allí por la curiosidad de como era el lugar. Aparte, era posible que encontrara algo de cuando era niño, pero el hecho de que el edificio se incendió ese día pues, no era tan probable.
Se vio en la sala de espera el cual era la primera habitación en la que estarías si entrabas por ahí. Frente a él había una mochila verde muy vieja sobre un mueble de 3 cojines y una cartera negra de cuero muy costosa sobre una mesita circular en la esquina de la habitación. Por alguna razón sentía un déjà vu al verlos, no sabía el porqué. Aunque estaba seguro que había alguien más allí, no estaba solo. Al final del cuarto se encontraba otra puerta que si mal no recordaba, quedaba la oficina de la directora, mientras que otra puerta a su derecha daba al pasillo que iba hacia la cocina, el comedor y las escaleras que lo llevarían al sótano y al piso de arriba.
-¿Alguien por aquí...? -llamó una vez más pero con el mismo silencio como respuesta-. Fantástico.
Con su maletín en mano abrió la puerta hacia el pasillo solo para darse cuenta que éste mostraba un cruce a la izquierda. Si su mente no le jugaba mal, ese pasillo era muy largo y después iba a la derecha, pero nunca iba a la izquierda. ¿Será que lo remodelaron por completo para reparar el daño del incendio? Era lo más obvio que tenía para ese momento. Evan ignoró ese hecho y siguió su camino.
Las paredes pintadas de un amarillo pálido estaban un tanto magulladas y con grietas, no era mucho como para que el edificio fuese inestable, pero si lo llegaban a incomodar.
Esos murmullos en la distancia le hicieron creer que los habitantes estaban en el piso de arriba por lo que, mirando su reloj y confirmar la hora, dejó el maletín de la guitarra en un mueble, al lado de la mochila verde, y tocó la puerta de la oficina, recordando las veces que lo llevaron allí por regaño.
-Nadie... -susurra Evan-. Estarán todos arriba.
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The Vault
De TodoNo es una historia, sino mi vaúl en donde guardo todo lo que se está editando, olvidado, cancelado, o ideas por venir. ¿Hay alguna que quieres que salve? No temas en preguntar.
