Amada

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Nos mudamos a nuestra nueva casa, mi esposo, yo y nuestro primer bebé Amanda, porque era la más amada por nosotros, nuestro tesoro que prometimos cuidar y amar cuando nació. ya faltaba poco para que cumpliera su primer año de vida.

Me gustaba la casa nueva, pero me llamaba la atención que un sector del jardín tenía unas plantas muertas, al principio no le di importancia.

Instalamos las cosas en nuestro hogar, la habitación de Amanda era muy rosada, nos reíamos de lo exagerados que fuimos, en decorarla tan rosada, blanca y fucsia. Pero bueno era nuestra princesa.

Mientras mi esposo se encontraba en el trabajado, yo y Amanda permanecíamos en nuestro nuevo hogar.

Amanda jugaba sobre su manta en el jardín, yo sacaba las plantas muertas y plantaba unas hermosas orejas de oso, flores coloridas y pequeñas.

A la semana un sector de las flores plantadas, se habían marchitado, me parecía muy extraño, formaban un circulo. Las otras estaban brillantes y hermosas. Me sentía intranquila, ¿Por qué?, mi esposo sonreía y me dijo: -no le des importancia, plantaremos otra cosa en ese sector-.

Yo quería saber ¿Por qué? No dejaba de mirar ese sector del jardín un poco preocupada, un poco obsesionada.

Me levante muy temprano, Amanda dormía tranquilamente en su cuna, y mi esposo había salido de viajes de negocio. Busqué una pala, fui al jardín y empecé a sacar las flores muertas, y comencé a sacar tierra y más tierra, ya llevaba un hoyo de un metro y nada. Pero no podía parar, sentía que tenía que seguir, era como escuchar una voz suave que decía no pares, no pares... y así fue... no paré... hasta que escuche llorar a Amanda y salí corriendo... llegue a la habitación, la abracé para que se calmará y tuvo su rutina de baño, alimento y quedó hermosa con su ropita... la puse en su silla, me tome un té y comí un pan... y en mi cabeza escuchaba, por favor sigue.... Lleve al jardín a Amanda, la deje encima de su manta con sus juguetes y yo seguí cavando, con la esperanza de encontrar algo, algo que me diera una respuesta, una respuesta a esa voz que escuchaba.

Seguí y seguí, estaba cansada... Amanda me sonreía tan inocentemente, yo le hablaba para que supiera que estaba ahí... para ella.

Finalmente encontré algo, era una pequeña caja, la abrí, había una fotografía de una jovencita de 12 años, no sé, pero se vía pequeña y usaba un vestido. Había algunas hojas sueltas, las cuales comencé que leer sin parar, una tras otra... había una cadena de oro envejecido, tenía una placa que decía para mi amada hija.

"Me llamo Amada, mis padres son buenos conmigo, vamos cada domingo a la iglesia, hice nuevos amigos, nos gusta mucho compartir, somos nuevos en el barrio, pero nos han acogido bien", esta pequeña se llamaba Amada, me dio un escalofrío por mi cuerpo al leer el nombre.

"Tengo tristeza, no dejo de toser y mis padres están muy preocupados por mí, no sé cómo decirles, pero sé que pronto partiré de aquí"

"Padres los amo, gracias por todo, por darme amor y sentir que fui un regalo para ustedes"

"Gracias hermana Esperanza, por cuidarme y acompañarme"

"Me gustaría dejar estas notas acá, junto a mi foto y con mi cadena. No quiero que este regalo tan preciado se vaya al cajón conmigo, agradecería quien encuentre esto, se los entregue a mis padres o a mi hermana"

Cuando leí lo último, sentí una gran angustia, sabía que tenía que buscar a sus padres o hermana o algún pariente y entregarle sus cosas, ella así lo deseaba.

Seguí con mi rutina, paseamos con Amanda, comimos, nos reímos. Necesitaba un respiro después de todo lo que había hallado.

Pasamos por fuera de una librería, no salí con la intención de comprar un libro, pero de pronto sentí el impulso de entrar, pensé que sería bueno comprarle un cuento a Amanda, me gustaba que ella los eligiera, bueno no los elegía exactamente, pero cuando sonreía a ver una portada, ese libro le compraba. La vendedora, me pareció familiar, y en un segundo vi las notas, la cadena y la foto, el rostro de Amada, comencé a llorar... la vendedora se acercó y me trajo un vaso con agua, le pregunté si se llamaba Esperanza y me dijo que sí. Le entregue las cosas de su hermana, y lloramos juntas...

Me fui a mi hogar, emocionada y un poco sin saber que había pasado.... Tape el hoyo, y puse varias piedras formando la letra A, pinte cada piedra de un color diferente. Así cada vez que estuviéramos en el jardín recordaríamos que somos más que carne, y que nuestro espíritu donde quiera que estemos se comunica con las personas que seguimos acá, que a veces somos intermediarios de algo, que no entendemos mucho, pero que existe.

AmadaWhere stories live. Discover now