Capítulo 1

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Y entonces fue cuando desperté...


Me di cuenta de que en mi almohada había sangre. Salté rápidamente de mi cama al suelo, para averiguar, el por qué de la sangre. Entonces instintivamente, casi sin darme cuenta volteé al suelo, y vi una mancha de sangre que se hacía cada vez más grande. Preocupada, confundida y un poco asustada, me agarré la frente con la mano izquierda, y sólo ahí fue cuando me di cuenta de que en el antebrazo tenía una herida profunda y sangrante, que iba desde el comienzo de mi muñeca, hasta llegar cerca del codo.

Al ver tal cosa, las lágrimas empezaron a caer rápidamente por mis mejillas. Antes de verlo, no sentía ningún dolor, pero ahora que sabía el por qué de la sangre en la almohada, era como tener el infierno en el brazo.

Intenté ver la profundidad de la herida, así que con la otra mano, ahora también ensangrentada, agarré al lado de la herida y la hice a un lado presionándola, pero eso sólo hizo que la sangre aumentara.

Entonces el miedo invadió todo mi ser existencial, así que empecé a gritar llamando a mi mamá. Yo sentía y sabía que gritaba a todo pulmón, pero luego de varios gritos ni yo me escuchaba. Fue ahí cuando decidí correr en busca de alguien, el que fuera, en ese momento sólo quería ayuda. Mi corazón latía alocadamente, y la respiración ya me faltaba, comencé a sofocarme. Mientras corría me di cuenta de que había corrido más de ciento cincuenta kilómetros, o eso era lo que creía, y no avanzaba; seguí corriendo, ahora con más ganas de encontrar a alguien y pedir ayuda. Escuché, al inicio un ruido, luego una voz familiar, era la voz dulce de mi madre, pero con un tono de preocupación, que me decía: "Rowell, ¿qué te pasa?, ¿por qué lloras?"

Sentí un gran alivio, pero a la vez sentí como que mi cuerpo ya no aguantaba con ese martirio. Mi madre ya estaba cerca de mí, con el rostro lleno de lágrimas, y su rostro reflejaba preocupación y me gritó: "! Pero qué has hecho, Rowell!". Al verla me sentí poco aliviada, pero en el instante en que ese sentimiento se esfumó, caí de cara en el suelo, y con mi último esfuerzo levanté un poco el rostro del suelo y forzosamente susurré: "Mamá..."

Cuando desperté, estaba en un lugar que no conocía. Supe que era la habitación de algún hospital cuando vi que estaba pintada de blanco, con una pequeña televisión al frente de la cama en donde me encontraba, una flor en un florero de estilo antiguo, y en un sillón, acostada, al parecer durmiendo, mi madre. Pero no lo estaba.

-Has despertado -me dijo, con el tono dulce y comprensible que es habitual en ella -nos has dado un gran susto ¿sabes?, recuerda ponerte los lentes. Toma. -dijo y me acercó unos lentes de color azul, eran los míos.

-Gracias -dije y me los puse, sentí un pequeño dolor, pero por ahora, no le había dado importancia.

Yo estaba confundida, no sabía, o no recordaba por qué me encontraba, a mi parecer, en ese sombrío lugar, con olor a medicina, cosa que me revolvía el estómago.

-¿Qué ha pasado? -pregunté -. ¿Por qué estoy aquí?

-¿En serio no lo sabes? -dijo con un tono más fuerte.

-No, no lo sé...

-Pues mira -dijo con un tono al principio dulce, pero cuando empezó a darme la explicación, se volvió brusco -, por alguna razón que tu padre y yo desconocemos, hiciste la tontería que comete cualquier jovencito de tu edad. ¡Estuviste dos malditas semanas en coma! ¡Maldita sea, Rowell! ¡¿Por qué diablos que quisiste suicidar?! -en ese momento se echó a llorar.

No tenía fuerzas para ir y consolarla, pero me sentía confundida, por ningún motivo intentaría atentar contra mi vida. Así que reuní el valor para decirle:

Eres con quienes quiero estar.Tempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang