Caer.
Joder, caer es tan placentero.
Es parecido a volar. Solo que la ruta acaba de una peor manera.
Tal y como acabé. Irónico.
Quise dejarme caer y caí. Me solté, me guié con una linterna sin pilas y acabé... ¿aquí?
Tan solo sé que... yo no era así.
Y todo empezó por mi bando. Mi elección.
—Nadie te obliga a hablarme, Sou. No lo hagas si no tienes que, es una opción —sonreí.
—Ya no eres de fiar, ya no eres tú, Ch-
—Liria. Yo soy Liria. Ya no uso ese otro nombre —fruncí el ceño.
—¿Estás bien? ¿Te has vuelto loca? —Sonaba desesperado.
Reí. Hipócrita, ecpático. En otra situación lloraría, pero ya ni siquiera podía llorar, no por él. Hacía mucho tiempo que no podía controlarlo.
—¿Loca? —Murmuré.
Me acerqué a él y le agarré del cuello de la camisa. Prácticamente compartíamos aire.
—Soulivan, en esta mierda, todos estamos locos. Porque si no estás, aunque sea, un poco loco, quieres morir. Y si estás demasiado loco, ahí es cuando quieres matarte.
Joder, qué placentero es caer.
Lo mejor es que caer es muy simple. Tan simple... pero tentador.
Haces algo impulsivo, te arrepientes, canalizas todo eso en ira y... ¡a volver a comenzar!
Divertido, ¿verdad?
Salí del club, corriendo, dejando al que se suponía que era mi alma gemela y único amigo, Nick Soulivan, gritando mi antiguo nombre detrás de mí.
Sé lo que soy. Soy un piojo. Desagradable, asqueroso, pequeño y aplastable piojo.
Su mera presencia molesta. Mi presencia atormenta a aquellos junto a mí.
Realmente... me doy asco.
Me siento como si el mundo me diera una nueva oportunidad de cerrarme y no volver a mirar a la perspectiva de llevarme bien con todos. No es posible, joder. Si alguien puede cumplir esa tarea, no soy yo. Yo no valgo.
Soulivan lo sabía. No dejaba de repetirlo y aunque al principio lo negaba, sus ideas acabaron por adentrarse en mí.
—¡Cúbrete esa mierda al menos! —Las últimas palabras que pude oír de Sou antes de salir de allí.
Mis cicatrices.
A mis cicatrices no, hijo de puta.
Me saqué la chaqueta, mostrando mis brazos.
Son como surcos en mi piel, que a veces ascienden, a veces descienden y otras sólo dejan marca. Como la de mi espinilla, las de mis codos, antebrazos o rodillas, o mis estrías.
Solía ser triste. Las veía y pensaba en la historia tras ellas, en lo que soy ahora y preguntarme: "¿Sería alguien que mi antiguo yo admiraría?" Y en ese momento, cuando la vocecita de tu cabeza te dice que no, que hay que hacer a la gente más orgullosa, que hay que mejorar, a veces te animas y otras te deprimes.
Te deprimes porque rompiste las expectativas bonitas. Les destrozaste tu versión de ti, y ahora formarán una nueva, una distinta, una peor que la anterior. Una que no se supera, que es vaga, perezosa y poco trabajadora. Una que no es de fiar y que miente, una falsa. Todo porque no llegaste, porque repetiste o comentaste, o simplemente porque te equivocaste. Y no debías.
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LIRIA
Teen FictionLiria. Libertad en albanés. Ni siquiera es mi verdadero nombre. Pero quiero olvidar eso, así que, llamadme Liria. Porque supongo que eso quería... libertad. No tengo mucho que decir aquí. Tan solo... trataba de hacer algo por mí misma. Y por los...
