Prólogo

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-Papá, mamá ¡Feliz Navidad!- les dije con gran alegría al sonar las campanadas de media noche.

-¡Feliz Navidad familia!- contestó mi padre.

-¡Feliz Navidad mis amores!- dijo mi madre y nos abrazamos con fuerza.

Podía sentir el delicioso aroma del perfume de ambos y la calidez de aquel gesto amoroso. Todo era fantástico.

Mi madre, embarazada después de quince años; mi padre, al fin consiguió el puesto de gerente que tanto anhelaba en la empresa donde trabaja y yo, había sido elegida como la Reina del Festival Navideño en el colegio, por lo que al otro día abriría el desfile en un fabuloso carro alegórico.

¿Qué más podía pedir?

Nos separamos un poco y justo cuando papá besó a mamá, un fuerte estruendo interrumpió el momento y una energía inexplicable nos empujó con fuerza.

Escuché a mi madre quejarse, mas cuando levanté el rostro para buscarle y ayudarla, otro estruendo lleno el espacio e hizo temblar la casa.

Después de ello, ya no supe de mí ni de mi familia.
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Desperté al escuchar el quejido de mi madre y le busque por todas partes.

-¡Mamá! ¡Mamá!- grite y enseguida varias voces me pidieron tranquilizarme, mientras unos brazos me sometían.

-Ainara, por favor ten calma, respira- pidió la voz de una mujer y la reconocí.

Era mi tía, Denisse Diblan, la hermana de mi madre.

-¿Qué está pasando?- pregunté enseguida.

Ella volteó hacia el doctor, que estaba al otro lado y este asintió.

Fue cuando caí en cuenta de que estaba en un hospital.

¡Maldita sea! Todo era real, no había tenido una terrible pesadilla.

Me apresuré a preguntar de nuevo por lo qué estaba sucediendo y mi tía tomó aire profundamente, lo soltó y me tomó de la mano.

-Ainara ¿Recuerdas la noche de Navidad?- fue lo primero que preguntó.

Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, puesto que los recuerdos se agolparon en mi memoria. Asentí con la cabeza y no pude evitar las lágrimas.

-No sabemos aún el motivo, pero si sabemos que había al menos una bomba en cada una de las recámaras de tu casa y obviamente también en la sala, la cocina y el comedor.

"La policía sigue investigando, pues todo esto es tan raro. Ustedes no tenían enemigos aparentes ni problemas graves que pusieran en riesgo sus vidas. Tuvimos que fingir la muerte de todos, la mía inclusive..."

-Fingir, dijiste fingir- le interrumpí con cierta esperanza y llevé mis manos a mi pecho, con una sonrisa ya en los labios.

Mi tía me miró melancólica, tomó de nuevo aire y luego apretó un poco mi rodilla.

-Tú eres la única sobreviviente del atentado; cuando llegué ya trabajaban en remover los escombros de la casa y aún con las advertencias me adentré a la escena y empecé a mover escombros también. Había una bomba que no había explotado y un mal movimiento por parte de un rescatista la hizo activar. Allí fue donde pudimos fingir que yo también había muerto. Ainara, ahora estamos en Francia.

Empecé a hiperventilar y el temblor de todo mi cuerpo era tan obvio, como si fuesen convulsiones.

El doctor de inmediato inyectó algo al suero y con toda está información por asimilar, me fui a dormir nuevamente.
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5 años después
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Tengo un mundo de sentimientos encontrados en mi interior.

Después de tanto tiempo regresaré a Villamar, el lugar que me vió nacer y "morir".

Me entristece tanto el saber que yo conoceré a la mayoría de personas, pero ellos ya no me reconocerán a mí.

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-Debo decirte algo importante.

-Después de todo lo que me has dicho ¿Aún queda más?

-Por tu seguridad, pedí que te hicieran algunas intervenciones reconstructivas en el rostro, como las que realizan a las personas que han sufrido quemaduras y...

-Eso qué significa.

-Que este ya no es tu rostro- dijo mi tía enseñando la última foto que me tomé aquel día, junto a mis padres.

-¿Qué? ¡Mientes!... No puede ser.

-Fue por tu bien, yo también lo haré, no lo hice antes porque no despertabas e ibas a necesitar un rostro conocido cuando lo hicieras, recuerda que todos hemos muerto, sólo así podremos sobrevivir mientras la policía encuentra a quién hizo todo esto.

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Suspiro ante tanto recuerdo y pienso que Ainara Varel después de todo si murió. El reflejo en el espejo me dió la razón.

Este rostro que ha madurado conmigo a lo largo de estos cinco años, me repite una y otra vez que ya no existo.

Mañana, cuando el avión aterricé y bajé junto a "mi madre" comenzaremos de cero una nueva vida. Una en la que mi alma me súplica encontrar al culpable de mi desdicha y vengar la muerte de mi familia.

Podré no ser física y legalmente Ainara Varel, pero mi espíritu y mi ser lo siguen siendo y no pueden esperar a llegar a esa ciudad que recorrí día y noche por quince años.

Esta es mi ventaja contra aquel maldito ser, al que juro que no voy a tenerle piedad cuando esté frente a mí.

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