CAP 1

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Raquel

Iván aparece por la puerta de la entrada con las bolsas de la compra mientras los niños juegan en la alfombra del salón y yo termino de hacer la comida en la cocina. Iván se acerca a saludar a Brendan y a Christian y luego se acerca a mí, dándome un beso en la boca. 

—Te echo de menos... —su voz suena apagada y lejana.

—Vuelve... —le hablo ahora yo.

Me despierto de golpe y con lágrimas por las mejillas. Ya era costumbre despertarme así todos los días.

Miro la hora en el reloj de la pared. Las 07:03. Cada vez dormía menos.

Fui a darme una ducha larga para despejarme y me vestí. Antes de ir a la cocina fui a las habitaciones de los mellizos. Cuando empezaron a crecer les di una habitación a cada uno, ya que teníamos de sobra.

Nacieron en abril. El 26 de abril. El primero fue Brendan. 

No os podéis imaginar el dolor que sentí durante esas nueve horas. Pero valieron la pena.

Christian había salido con el pelo negro y los ojos azules, creo que por los ojos de la abuela de Iván. Y Brendan con el pelo marrón y los ojos verdes, esos podrían haber sido por mi madre. 

Eran estupendos. Solo tenían siete años y ya parecían de veinte. Habían entendido a la perfección lo que le había pasado a su padre. Ninguno de los dos es muy cariñoso, pero si necesitas un abrazo Christian es el mejor. Brendan es un poco más bruto, borde y rencoroso. 

Después de desayunar me tomo la pastilla diaria con un poco de agua. Seguía yendo al médico que me consiguió Karla en Madrid y me iba mucho mejor. Ahora estaba casi recuperada del todo, según el médico dentro de unos siete u ocho meses estaré casi estupenda, pero tenía que seguir con la pastilla todos los días.

Luego me pongo a ordenar y limpiar un poco todo para hacer tiempo hasta que los niños se despierten.

El plan de hoy era ir ver a Karla y después salir para Valencia. 

El tema de Karla...han sido unos años muy duros. Al año de la muerte de Iván se seguía sin saber nada de Diego y Karla no lo aceptó muy bien, así que ella misma pidió que la ingresara en un hospital con personas con depresión. Yo no lo veía para tanto, pero la hice caso y allí lleva seis años por cuenta propia y ya solo falta un mes para que salga.

A las nueve Christian entró por la puerta de mi habitación todavía con el pijama y se sentó a mi lado medio dormido.

Empecé a hacerle cosquillas para que se despertara del todo, igual que hacia su padre conmigo. 

Los había criado con cariño y amor, pero también con carácter y regaños cuando hacía falta. Tenía un presentimiento y quería que fueran fuertes por lo que pudiera pasar. Aunque no me costó mucho, desde pequeños habían tenido mucho carácter con todos. Con su familia, con sus compañeros de clase, con Karla, hasta conmigo. También eran un poco cerrados hacia los demás, sobre todo Brendan. Él es el que más me recuerda a Iván.

—Mamá, Brendan no se quiere despertar, no quiere ir a ver a Karla —les había dicho miles de veces que Karla era su tía, pero se negaban a llamarla como tal.

Incluso a mi madre se negaban a llamarla abuela, solo me llamaban a mi mamá.

Fuimos los dos a su habitación y nos tiramos a la cama y lo empezamos a molestar. Sabíamos que le iba a molestar mucho y que se iba a enfadar, por eso en el momento que se movió un poco le sacamos de la cama a arrastras y salimos corriendo de la habitación.

Fui con Christian a la cocina y les preparé el desayuno a los dos. Al rato Brendan entró a la cocina con cara de mala leche.

—¿Has dormido bien, hermanito? —le preguntó Christian con todo de burla a lo que Brendan le dio una mirada asesina.

—Daros prisa y vestiros rápido que ya vamos tarde —les avisé y fui a colocar las habitaciones.

Por las paredes todavía hay fotos de Iván y mías o solo de Iván. Aunque también había algunas de Iván y Diego. Y había puesto fotos nuevas de los niños, mías y de nosotros tres con Karla.

Había intentado cambiar todo lo menos posible. Al final seguía siendo su casa.

A la media hora ya nos estábamos subiendo al Toyota Land Cruiser negro que me había comprado cuando nacieron los niños. 

Con el tema del dinero, cuando Lucia se enteró de lo que me había pasado decidió devolver todo el dinero. Karla me dijo que me quedara la mayoría, que ella tenía su trabajo y que mientras estaba ingresada no lo iba a necesitar.

Cuando llegamos a la puerta del hospital aparqué y dejé que los niños fueran delante de mí. Ya se sabían el camino y la recepcionista yo nos conocía a los tres.

Salimos al enorme jardín y esperamos Karla. Al poco tiempo aparece con la ropa habitual del hospital y con una sonrisa.

—¡Hola! —nos saluda a los tres. 

La doy un abrazo y luego ella da un pequeño beso a los niños. Como ya había dicho, no son muy cariñosos.

Los niños se quedan en una esquina del banco mientras Karla y yo nos quedamos de pie. 

Me empieza a contar lo que ha echo esta semana y yo también la cuento un poco lo que he echo. Habla un poco con los niños pero ellos solo responde si o no o alguna otra palabra corta.

—¿Por qué son así? — pregunta cuando nos alejamos un poco.

—No lo sé, conmigo son distintos.

—Brendan me recuerda mucho a Iván —dice después de unos segundos.

—Sí, a mi también. Son iguales.

Estuvimos una hora con ella hasta que se la acabó el tiempo de visita y los tres salimos hacia el aparcamiento.

Cuando llegamos al hospital no había ningún coche, pero ahora había un BMW X5 negro aparcado al lado del nuestro. Los cristales estaban tintados, pero por alguna razón me quedé unos segundos de más mirando. Intenté mirar dentro pero solo veía mi reflejo.

Desvié todo eso de mi cabeza, subí a los niños al coche y salí de allí.

Los niños se quedaron dormidos y me puse un poco de música para no aburrirme.

Ya llevaba la mitad del camino. Brendan se había despertado y le dejé que se viniera al asiento del copiloto conmigo. 

—Mamá, ¿vamos a estar mucho tiempo allí? —me preguntó.

—No lo sé, ¿no quieres ir? —sabía que mi madre no le caía muy bien, pero al fin y al cabo era su abuela y ellos eran sus nietos.

Me miró unos segundos como pensándose la respuesta.

—¿Tú quieres ir? —me preguntó al final.

Ahora me pensé la respuesta yo.

—Son mi familia, tengo que verlas.

No dijimos nada más en un buen rato.

—Mamá...¿como hubiera sido esto si papá hubiera estado vivo? 

Brendan era el que más preguntaba por su padre, le echaba de menos sin ni siquiera conocerlo.

—Distinto, Brendan, con él todo hubiese sido mejor —los ojos se me encharcaron un poco pero parpadeé rápido para poder ver bien la carretera.

—¿Tú todavía le quieres? ¿Le echas de menos? 

—Claro que sí, hijo. 

Y ahí se cortó el tema de Iván. Dejamos de hablar de él y empezamos a hablar de la escuela y de que tenía que estudiar más.

Aunque Iván estuvo rondando por mi cabeza durante todo el día.






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