Es La Culpa De Los Inocentes

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¿Por qué?, es una pregunta que nos hacemos bastante seguido, aunque bueno capaz
ustedes no.
Yo me lo pregunto todo el tiempo, a veces me pregunto por qué llegué hasta acá o por
qué, incluso la razón de que me tocara vivir todo esto. Aunque quizás debería
preguntarme cómo.
¿Cómo permití que mis miedos me controlaran de esta manera? ¿Cómo alguien que
me amaba tanto llegó a dañarme de esta manera? Todas esas dudas permanecían,
hasta que Martha apareció.
¿Cómo puedo hablarles de ella sin que piensen que me manipulaba? Aunque
seguramente, en cierto punto lo hacía y yo prefería no verlo, no quería creer que la
persona que me tranquilizaba era la misma que me hacía sufrir.
Todavía me acuerdo cómo me rescató de la persona que solía llamar papá, el cual
hacía que mis días se tornaran grises a pesar de ver el sol en la ventana. Martha sabía
bien que yo no estaba segura con él, y que los moretones en mi cuerpo no eran
producto de caídas como yo decía.
Me creyó, al menos pensaba que sí, pero después de cuatro años de ambas simular
Martha decidió tomar cartas en el asunto y encargarse ella misma.
En el funeral de mi padre fue la última vez que la ví. Solo pude dedicarle una sonrisa
antes de que servicios sociales me dejara en un orfanato.
Ella era más que mi amiga, era mi persona. El ser con el que siempre contaba cuando
necesitaba que me mostraran las cosas como realmente eran, y cuando no también,
ya que sin importar el tema en cuestión siempre me daba su opinión.
Cuando cumplí dieciocho dejé la medicación y Martha empezó a venir más seguido,
logró sacarme de ese lugar y nos fuimos a vivir juntas.
Éramos inseparables, pero no siempre me trababa como una igual. Siempre me pedía
que espabilara y que me diera cuenta de cómo eran las cosas. Era muy directa
conmigo, no le gustaba que socializara demasiado, debido a qué ella creía que cuando
yo conocía a alguien bajaba la guardia.
A pesar del nombre de mujer mayor que le pusieron, ella no luce tan vieja como es de
esperar. Como mis ojos la ven es realmente todo lo que yo no soy: linda, rubia y
esbelta. La primera vez que coincidimos en algo, era en que debía buscarme un
trabajo y dejar de vagar, busqué anuncios y me dirigí hacia un bar que había a la
vuelta y ahí fue cuando ví por primera vez a mi gran amor.
Jorge, el dueño del bar, era muy bello. Tenía una melena de rulos morocha, una
brillante sonrisa y un hermoso acento que hacía notar su lugar de procedencia. Era de
Chile, y había llegado hace algunos años a la Argentina para cumplir su sueño de
tener un bar en Puerto Madero.
Realicé la entrevista y a pesar de no tener experiencia se ofreció a enseñarme todo lo
necesario. Conseguí el trabajo y regresé a casa para contarle a Martha la buena
noticia.
No reaccionó de la manera que esperaba, pero al menos el salario era digno y Jorge
era un amor, creo que notaba que sentía algo por él, es más, tal vez fue la razón por la
que me dió el trabajo en primer lugar. Un par de semanas después comenzamos a
hacernos más cercanos, una noche se quedó a limpiar el lugar y me quedé para darle
una mano, estaba nerviosa porque enserio me gustaba. Tuvimos un pequeño
acercamiento accidental y nos dimos un beso.
A la semana siguiente comenzamos a salir, fue justo cuando empecé a sentir a Martha
alejarse, asumí que era porque estaba celosa de mi relación con Jorge así que no le dí
importancia, siempre hacia los mismos berrinches cuando me gustaba alguien. O tal
vez fue el hecho de que nunca traje a Jorge a casa para que la conociera, aunque ella
tampoco mostró ningún interés en conocerlo, yo no necesitaba su permiso para salir
con alguien a estas alturas.
Con el paso de los meses, se adaptó a mi relación con Jorge y ya no me hacía tanto
escándalo a menos que me quedara a dormir en su casa, cosa que ocurría cada vez
más seguido porque llevábamos casi un año de relación.
Antes de cumplir mis veinte años ya vivíamos juntos, las cosas se pusieron muy
confusas durante un par de meses porque Jorge estaba distante, no atendía el
teléfono ni tampoco me contestaba los mensajes.
Martha seguía susceptible porque me había mudado, hasta que un día me contó que
Jorge me estaba ocultando algo. Que ella sabía, aunque yo no le había dicho, no
quise hacerle caso porque pensé que deliraba. Me dijo que yo estaba cegada por el
amor, pero que iba a salir herida si continuaba la relación con Jorge.
Ahí fue cuando decidí prestar atención a lo que me estaba contando.
Al escuchar todo lo que decía sobre Jorge, noté qué realmente le importaba mi
relación pero que todavía sentía la necesidad de controlarme, el constante deseo de
protegerme. ¿Cómo culparla? Era parte de su naturaleza.
Me llevó hasta la vereda del bar y ahí estaba él, compartiendo una cerveza con una
chica que yo no conocía.
Martha me miró, sonrió dulcemente y susurró: -Quédate acá que voy a entrar-.
Abrió la puerta y Jorge exclamó sorprendido: -Sofía, ¿qué estai haciendo aquí? -.
A lo que Martha respondió: -Sofía no vino, además a las preguntas las voy a hacer yo.
¿Quién es la mina y que carajo están haciendo? -.
La chica miró sorprendida intentando entender qué pasaba, Jorge miró a Martha muy
confundido e intentando calmarla contestó: -Sofía por favor, bajá un cambio y déjame
explicarte. ¿Por qué actuai así?-.
-Hay muchas preguntas Jorgito… pero las de “¿por qué?” son mis preferidas-
manifestó sonriente -sin embargo, la única que necesito que me respondas es y la voy
a preguntar solo una vez más. ¿Quién es esta y que se supone que están haciendo? -
repitió mientras tomaba una botella de a barra.
Jorge abrió sus ojos alerta al ver que las intenciones con esa botella no eran buenas y
afirmó temeroso: -Sé que se ve mal pero no es lo que estai pensando Sofi, bajá la
botella vamos a hablar como gente normal-.
Martha perdió la paciencia, se acercó y golpeó la cabeza de la chica partiendo así la
botella y quedándose con la parte filosa de la misma en la mano.
No lograba moverme, estaba en shock. No sabía cómo reaccionar ante la situación en
la que Martha nos estaba metiendo.
De repente Martha se abalanzó sobre Jorge y advirtió:
-Ultima oportunidad de decir la verdad querido piropero, sinceramente todavía no
descifro como es que no se dió cuenta- dijo en un tono amenazante mientras lo
tomaba del cuello, punzando la botella rota en el medio de su pecho.
-Mi intención nunca fue lastimarte Sofia, vos me conocei perfecto- expresó Jorge
mientras desprendía un grito de dolor- Sabei que me pongo nervioso cuando me
llaman y estoy ocupado. Estaba armando la pedida de mano más romántica que
podías imaginar- expuso señalando su bolsillo - quería pedirte matrimonio y consagrai
nuestro eterno…- antes de poder terminar Martha acabó de enterrar la botella en su
pecho y culminó la frase:
-Amor, eterno amor ibas a decir. ¿No?, no me sorprende. Mentiras y más mentiras…
estoy tan harta de tus mentiras- suspiró decepcionada mientras recitaba el refrán que
Jorge no pudo.
Irrumpo en el bar con lágrimas en los ojos, la observo sorprendida y digo:
¿Cómo pudiste matar al amor de mi vida? Sabías muy bien que lo amaba- grité
eufórica- ¿Cómo sabías el final de la frase?
Era nuestro, nunca se lo había dicho. A lo que respondió:
-Todavía no entendiste, ¿no?, yo no existo más que psicológicamente. Es más, esta
conversación ni siquiera está pasando, son solo tus pensamientos vomitando las
palabras que éstas inventando para justificar tus actos, como el hecho de que le
reventaste una botella en la cabeza a esa pobre muchacha y, claro que apuñalaste a
Jorge- exclamó tranquila en tono cínico.
-¡Yo no hice nada, vos hiciste todo esto!-le grité.
-No mi amor, todavía no caes, soy el fruto de tu imaginación en respuesta a todo lo
que sufriste- anunció serena mientras se desvanecía.
Mi cerebro no entendía la situación, cuando de un momento a otro, Martha había
desaparecido y yo me encontraba gritando con desesperación a un reflejo mío en el
espejo del mostrador.
Empecé a hiperventilar y miré a Jorge, la sangre había manchado su camisa blanca.
Ahí lo comprendí, él estaba muerto y esa chica estaba inconsciente por mi culpa,
nunca fue Martha. El verdadero monstruo siempre había sido yo.
Por fin entendí porque creía que Martha era una controladora, y en ese momento se
mostró por última vez para decirme lo siguiente:
-Yo nunca intente controlarte So, soy la mezcla entre lo que vos siempre quisiste ser; y
la parte tuya que no conocías, la parte que sin querer borraste después de matar a tu
papá, después de todo lo que sufriste tu cerebro reaccionó de otra manera e intentó
mantenerse cuerdo tapando todo lo inmensamente doloroso-.
Luego de analizar todo durante un par de minutos, llegué a la conclusión de que todo
era cierto, yo maté a mi papá y a mi adorado Jorge, mi primer y último amor, si me
vieras ahora llorando por vos creerías que son lagrimas falsas después del horrible
acto que cometí cuando solamente querías hacer algo lindo, con esta chica que aún
no sé quién es y posiblemente nunca sepa. Llegó la hora de hacerme cargo del
destino que me espera- dije mientras tomaba uno de los cristales rotos, que luego
usaría para abrir mis venas y finalmente morir en la agonía consciente que tomaba el
no hacerme cargo de los atroces actos que había cometido.

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