Rizos

5K 513 120
                                        

Thorin sabía que su posición como rey conllevaban muchísimos sacrificios. Desde tener que portar un saco de tela demasiado cara para su gusto y usar una corona que solo le recordaba a su caída en la enfermedad del egoísmo.

También el tener que soportar a un montón de viejos que conformaban su junta directiva, y que, por más que fuera su soberano, tener que acatar ciertas órdenes -más bien, reglas- para mantener su reinado en paz.

Sin contar que su tiempo libre y reuniones con sus trece se habían vuelto prácticamente nulas.

Aburridas charlas de como debería buscar una o un consorte.

Los viejos solo podían repetirle que aquel que se casara con el rey debía ser digno de la segunda corona real.

Debe ser una enana u enano.

Su barba debe estar bien cuidada.

No debe ser más alto que el rey.

Debe acatar ordenes sin reclamar.

Alguien adinerado.

Si elije un enano debe tomar una concubina para cumplir con su descendencia.

"Que estupidez" pensaba Thorin ante cada exigencia. El no soportaría estar con alguien sumiso, y mucho menos usaría a una de sus súbditas como máquina de crear bebés.

Por algo el había nombrado a Fili y Kili sus sucesores.

Que ¡Ey! el título de príncipes no lo tenían de adorno.

Pero el no iría debatiendo con aquellos tipos, no. Y no porque se sentía obligado a obedecer sus estúpidas exigencias.

El era el rey por algo ¿no?

Pero apenas habían pasado meses desde recuperar Erebor y de la llegada de su pueblo a la montaña semi reconstruida. Su imagen como líder debía ser respetada y tomada en serio, ese primer periodo de tiempo sería esencial para obtener la plena confianza de sus súbditos.

Aun si eso menguara su espíritu lentamente.

Fue medio año después de la restauración de Erebor que sintió sus fuerzas volver a brotar, brotar igual que las bonitas margaritas que el Hobbit había dejado en la ventana de su cuarto antes de partir a la Comarca.

Hobbit que ahora se encontraba frente a el.

- ¡Thorin! -.

La voz de aquel pequeño ser instauró una sonrisa de felicidad en el rey, que dispuesto a dejar toda esa estúpida etiqueta se alejo de la silla del rey dejando a la Junta de ancianos con la boca semi-abierta.

Sus brazos rodearon al Hobbit adulto siendo correspondido al instante por su mejor amigo.

Ignoro los jadeos de sorpresa por parte de la Junta. Solo podía pensar en cuanto había extrañado a su saqueador y como sus bonitos rizos formaban cosquillas sobre sus mejillas.

Despedían un sutil aroma a vainilla, los castaños casi dorados bucles un poco más largos que la última vez que lo había visto. Olvido la corona, debatiéndose en sí obedecer a su corazón y cerebro que le rogaban besar aquella cabeza cubierta de cabello sedoso y deleitarse con su tacto y aroma.

- Rey Thorin, esas no son maneras de recibir a un ... mediano - la voz fuerte pero sin perder el respeto hacia el símbolo de la realeza sobresalto a Bilbo.

Se separo de su amigo haciendo una corta reverencia y disculpándose por eso. Queriendo evitar cualquier problema hacia su querido ex-compañero de viaje.

Thorin giro lentamente su cabeza, con una expresión de molestia surcando su rostro, sus ojos azules cual olas de mar opacadas por la sombra de su ceño totalmente fruncido. Sus cejas arqueadas hacia abajo y la mandíbula tensa, con la mirada fija ante el enano que había osado a abrir la boca.

- Este mediano... es el Hobbit quien viajo por casi dos años y enfrento la ira de Smaug para recuperar nuestro reino. Exijo que sea tratado con el respeto que merece, debe cuidar su escurridiza lengua con guerreros como el-.

El enano perplejo cerró la boca. Sus ojos viajando hacia el hobbit y obligándose a hacer una reverencia educada, mientras musitaba una disculpa.

Bilbo lo miro casi con diversión. No iba a negar que aunque su fibra Bolsón fuera muy correcta y adoraba eso, la sangre Tuk de su madre a veces sobresalía, queriendo evitar que pisoteen a su portador.

Se río suavemente moviendo sus hombros en bonita sintonía, sus rizos danzaron al compas de esos espasmos de felicidad y Thorin solo pudo pensar

Que esos bonitos bucles de cabello castaño, que parecían teñidos en oro gracias a los rayos del sol, eran una de las cosas más hermosas de su hobbit.

Cánones de Belleza [Thilbo] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora