Hace algunos años conocí a un chico. Su nombre ahora ya no es importante. Lo importante es lo que me enseñó, lo bueno, lo malo y lo que rompió en mí, que era algo que debía superar y no me di cuenta hasta mucho después.
Cuando lo conocí era muy distinta, no me había pasado nada malo, no me habían roto el corazón, veía todo blanco o negro y era feliz a mi manera. Era todavía una niña de corazón, que nadie había lastimado y él pudo tener lo que nadie más tendrá, mi amor puro, inocente e incondicional. Era risueña y alegre, me reía siempre y jugaba con él. Me sorprendía cada vez que me regalaba algo, nadie nunca lo había hecho, me hacía sentir segura y feliz. Me prometía cosas que jamás cumpliría y yo le creía porque no había razón para no hacerlo. Se veía honesto, genuino y trataba de demostrarme que me quería a cada paso. Pero guardaba secretos y mentiras que al final terminaron lastimandome.
No quiero decir que mi relación fue mala, en parte no lo fue, supongo que me refiero a la primera parte.
Él siempre parecía seguro al decirme que me quería, que me amaba y yo le creía. Incluso cuando pensaba que era muy pronto, el siempre me aseguraba que era verdad. No puedo volver a atrás, es algo que ya no podré hacer. Me debo perdonar por haberme fallado, no protegí mi corazón.
La primera vez que me hirió, porque vendrían muchas más, fue cuando me llamó y me dijo que nunca me quiso, que no se sentía seguro, que no sabía que era amar y que quería un tiempo. Yo no me había contactado todo el día con él. Era la primera vez y estaba preocupada y algo molesta. Pensaba que debía decirle que no podía tratarme así. Pero en realidad él fue quien tuvo la última palabra. Me llamó y me dijo esas cosas, que no podía creer. De un día para otro, de la nada cambió. Creo que no hay una palabra para expresar la profundidad de mi dolor. No lograba entender, me moleste y colgué, esperando que me llamara. Lo que hizo después fue bloquearme. Intenté llamarlo y ya no podía. De un momento a otro y sin explicación alguna me había dejado y me dijo que nunca me quiso.
Nunca había llorado y nunca volví a llorar tanto como esa vez. Aún lo recuerdo, pasé días llorando y desesperada sin saber que hacer. No sé exactamente qué me paso pero fue el primer paso para destruir mi autoestima. En ese momento estaba débil y vulnerable. No lograba entender que había hecho mal, no lograba entender porque se había ido, porque me había dejado, porque me había mentido.
Después de tres meses, cuando por fin me estaba levantando de donde me había dejado, él me contacto nuevamente. Ahí comenzaría la segunda parte de este acto que solo culminaría degradandome un paso más.
