Zafio es la bestia que alimentamos cada día.
Muerto es el núcleo de lo que creíamos real hace poco tiempo.
Mírame y dime con sinceridad que tú jamás lo has hecho,
y aún así sé que me estarás mintiendo.
Cambia tu cara todo lo que quieras.
Modifica tu cuerpo todo o que puedas.
Hazme creer que tu vida es de cuento.
Si me agarrás mal capaz que hasta puedo llegar a suponer
que tú no me estás mintiendo.
Vivimos un problema grave,
esa es la realidad.
Aunque muchos me lo nieguen,
esa es la verdad.
Hace mucho que está latente,
pero ahora,
está más que presente.
Colorido papel de revista el que mostró en su momento la curva morena
y el vientre sublime.
Matarme a lechuga y a costosos entrenamientos
parece ser mi salvación.
Mas llevo toda una vida en esto
y aún no se nota una gran evolución.
Prométeme lo que deseas vos mismo
para tu propia persona.
Bien sabemos ambos que eso
no sucederá, ni aunque me convierta en mona.
Hazlo, miénteme.
Lastima mi integridad invadiendo una y otra vez
la intimidad
que en la época de las revistas era tan inalcanzable
como la perfección que tú tienes en la punta de la lengua
las veinticuatro horas
los trescientos sesenta y cinco días del año
desde que tengo la opción de entrar
en el oscuro lugar
en donde todo es casi tan impoluto como el suave pétalo
de la bella flor que sólo florece por la más torpe casualidad.
