Prólogo

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Esa chica era normal como todas, y a la vez, tan ella como nadie en este mundo.

Su pelo y sus ojos negros combinaban perfectamente con un brillo que nunca antes había visto. Con solo una mirada hacía parecer que se me caería la baba ante ella. Sus labios: que le brindaban a su cara una expresión alocadamente seductora, y a la vez encantadora sin remedio. Amante de la música. Su cuerpo tenía más caderas que nalgas; no tenía senos sino limones.

Y yo tan común: chico delgado. Más curioso que persona. Mestizo, pelo negro y con ojos oscuros. Amante de la moda, de usar ropa ancha y de crear outfits. Obsesionado con la fotografía...En fin, amante del teléfono.

Sin embargo, con ella era distinto. Con ella me sobraba todo. Con ella no miraba la pantalla de un teléfono.

No importaba el contorno en el que estuviéramos: solo tenía que estar ella.

Pero...no todos somos Romeo y Julieta. No todos somos correspondidos, no todos queremos a la misma medida.

No todos tenemos un amor insaciable que nos consume por dentro.

Amar a alguien es la forma más bonita de destruir y construir algo a la vez. Te da la capacidad de derrumbar un edificio que tardaste años en levantar con tan solo un movimiento, con una acción, hasta con palabras.

En la mayoría de los casos el chico es el que le rompe el corazón a la chica, y la chica sufre hasta que lo supera. Los chicos nos mostramos, tal vez, diferentes. O solo será en mi caso: que aunque rompan todo en mi, yo me acostumbré a nunca buscar lo que perdí.

Atados por un beso Stories to obsess over. Discover now