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INEXORABLE

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La noche era fría, ni siquiera la luna se atrevía a asomarse entre las nubes, solo unas pequeñas y pálidas estrellas titilaban en la negra bóveda.

Una pareja caminaba al compás del recorrido de la manecilla de un reloj, un paso tras otro, él traía un largo abrigo que cubría su enjuto cuerpo, ella, vestía una túnica simple, cargada de una capucha que evitaba dejar a la vista su rostro, en la mano llevaba lo que aparentaba ser un bastón.

Parecían buscar algo, miraban de un lado a otro en la solitaria calle, de un lado a otro esperando captar hasta el más mínimo movimiento, pero nada, solo un gato se movía entre los tejados, lanzando leves maullidos durante un rato hasta que desapareció por completo.

- Parece que hoy no tendremos ninguna presa, la alerta se ha dado, solo unos pocos insensatos se atreven a salir- dijo la mujer, ajustándose los guantes blancos que disfrazaban sus manos.

- Siempre salen, son muy tontos, algo quieren probar, no nos temen, piensan que no iremos por ellos- dijo el hombre mientras lanzaba un fuerte suspiro- no les importan las advertencias, no les importan sus familias, viven del egoísmo.

- Y luego nos culpan a nosotros- agregó la dama, deslizando su bastón hacia el otro brazo- como si nosotros los hubiéramos obligado a salir, como si no estuvieran advertid...- el estruendo de un par de botellas, seguido por el fuerte rugir de un parlante, interrumpió su diálogo.

Al otro lado de la calle, un tumulto de gente celebraba animosamente en, lo que ellos pensaban, la tranquilidad de su hogar, entre música y alcohol. Habían cerrado las cortinas pensando que así pasarían desapercibidos, sin embargo, cada pocos minutos se abría la puerta recibiendo a un nuevo invitado, revelando los eufóricos rostros.

- Al parecer tenemos trabajo por hacer, esa fiesta no será tan memorable dentro de un mes- el hombre se desprendió del abrigo, evidenciando un cuerpo huesudo y maltrecho, su rostro estaba cubierto de llagas, sendos besos lilas cubrían su cabeza.

- Empezaré a redactar la lista, dentro de poco volveré por mi botín- de uno de sus bolsillos, la mujer sacó un bolígrafo y una libreta, mientras observaba por la ventana, empezó a tomar nota de los invitados, uno por uno. Vio con tristeza a dos niños jugando a armar torrecillas con las latas de alcohol vacías, demasiado jóvenes, demasiado inocentes, demasiado pronto para tener que morir.

El hombre ingresó con una exhalación, extendiéndose poco a poco por toda la habitación, entrando en sus pulmones como si fuera humo tóxico, llegando a todos los rincones de sus cuerpos, sin perdonar a nadie.

Las nubes dejaron paso a una tímida luna que apenas lograba divisarse, su moribundo resplandor dejó una vista más clara al bastón de la mujer, pero, un bastón no tiene ese brillo metálico, no tiene ese filo, no es mortal.

Los minutos pasaron, la jornada estaba finalizada, el letal virus volvió a vestirse con su abrigo y la muerte lo siguió de cerca, arrastrando consigo su guadaña, recordando que debía recoger algunas almas dentro de un par de semanas.

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⏰ Last updated: Dec 03, 2021 ⏰

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