Era una mañana calurosa como todas aquellas en mi pueblo Pains, o Villa Dolores como solían llamarle; un pueblo que hacía honor a su nombre ya que estaba lleno de penumbras y desdichas que sus habitantes confrontaban día a día con esmero, por el capricho de no abandonar su "tierra" como ellos mismos decían...
Pains era una comunidad muy pequeña donde predominaba la longevidad, y la poca juventud, mediante crecía abría rápido sus alas huyendo de aquel lugar y de aquella vida.
Ingratos, así les llamaban los residentes del pueblo cuando los veían salir con sus maletas por el porche dejando atrás su hogar y una familia llena de lágrimas; 《pero es que es imposible vivir así》me decían, en cuanto les preguntaba a aquellos excompañeros de juego el porqué de su decisión.
Y si, no era nada fácil aunque no imposible como ellos solían profesar, no había cosa imposible en este mundo, eso solía decir mi mejor amigo Paul, un flacucho de 12 años que se creía de 40.
《Dicen que no hay nada imposible, sino la muerte pero hasta eso en una ocasión le pusieron su buena retada, y a partir de allí se dividió el tiempo, la historia, aun así parece que se les olvida. Estos jóvenes...》
Decía Paul con su voz aún aguda y meneando la cabeza de un lado a otro como si no entendiera su propia generación.
El caso es que Pains tenía sus retos, todos los sabíamos.
No existían carreteras decentes, las únicas que habían estaban en la calle principal ya demasiado agrietadas por causa del sol, imposibles de conducir en un automóvil; y en las calles secundarias solo eran caminos de tierra y piedra (más piedra que tierra). Decían que eran así porque antes pasaba por ahí un riachuelo que se secó por el calor; por el motivo que fuera yo casi nunca entraba por esos caminos y menos por el más detestado, la calle "rompeculos" como le decía yo (a espaldas de mis padres) tenía 90% de rocas y 10% de tierra, además que el tamaño de las rocas eran proporcionales a un melón. Por ello cuando debía pasar por ahí era mejor bajar de la bicicleta y andar a pie, porque si no te dejabas todo el culo en el asiento de tantos brincos, y terminabas adolorido ahí por 3 días.
Otro reto era la comunicación. Ni un solo teléfono en todo el pueblo, no había cobertura, así que si querías enviar algún mensaje al exterior tenías que salir a la entrada del pueblo y esperar que pasara el cartero, el cual solo transitaba por allí una vez por día pero a horas diferentes, por lo cual debías estar desde el amanecer esperándolo. El llevaba tu mensaje al siguiente pueblo más cercano (que estaba muy lejos) donde llamaban a quien solicitaste o realizaban el pedido de algún medicamento u otro artículo que terminaba en tus manos en una semana aproximadamente.
El agua era escasa. La comida no muy buena.
La fachada de las casas era deprimente, ninguna toleraba el poder del sol y terminaban con los frisos destrozados, por lo que los habitantes solo chispeaban las paredes con cemento dando un aspecto arrugado o carrasposo que era imposible de pintar.
Los animales morían o sobrevivían con la piel pegada a los huesos. No existía una escuela legal, los niños solíamos ir donde Doña Pacha que nos enseñaba a leer y escribir, un poco de matemáticas y no tanto más, cuando ya no tenía que enseñarnos solo íbamos a jugar con nuestros amigos.
Por tantas razones como estas Paul siempre me decía que apenas cumpliera 18 años se iría de este pueblo, que buscaría alguna ciudad bonita donde terminaría sus estudios y se convertiría en un gran inventor, a mi parecer ya lo era, Paul tenía el instinto científico desde muy pequeño cuando invento un sistema muy eficaz para envolver la comida que mantenía su frescura y mantenía alejados a los bachacos que solían abundar por donde miraras.
Yo quería ser como el, me impresionaba con cada palabra que decía y envidiaba sus ambiciones, pero la verdad pura es que seguramente viviría toda mi vida en Villa Dolores.
Yo no era buena con los números, ni las letras o "la literatura" como Paul le decía. Lo mío era andar por el pueblo conociendo personas, y escuchando sus anécdotas, era fascinante; pero luego cuando le quería contar a Paul lo que había oído ya todo se enredada en mi cabeza y no podía ordenar los sucesos, por esto el nunca entendía aquellas maravillosas historias y sólo terminaba mi agonía diciendo
《muy buena platica pequeña avecilla, cada vez tu oratoria mejora mas》
No sabia muy bien que significaba pero me hacía sentir mejor, y luego el me contaba de algún invento que estuviese cruzando esa ingeniosa cabecita suya.
Paul era muy listo, su abuelita que era con quien vivía se sentía muy orgullosa de él, y siempre que tenía algunas moneditas extra mandaba a pedir con el cartero algún que otro libro para él, demoraban semanas y el se los terminaba de leer en horas, pero ya tenía una buena colección y había aprendido mucho de ellos.
KAMU SEDANG MEMBACA
SUEÑO PROFUNDO
Cerita PendekSueño profundo es una novela corta que cuenta una historia muy intensa. Déjate envolver por sus sensaciones y enamorate de sus personajes.
