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Las Estrellas, los cometas y la Luna. El cielo oscuro como un vacío y la constelación destellante. Era el único acompañante de Shen Jiu mientras caminaba por aquel desierto enloquecedor...

Levantó su mano, cubriendo la bella forma de la Osa mayor. Qué estaba en el Norte de Xingzou. Todo era silencio y arte abstracta, mientras las huellas de sus botas desaparecían por el viento que soplaba bajo sus pies, agrietando el área y volando hasta rascarse en la nariz de Shen Jiu.

Viajar por el desierto era una ilusión muy bella para cualquier aficionado a la busca de la libertad. Shen Jiu nunca creyó poder lograrlo, pero, ¿no estaba en aquel momento pisando una parte de Xingzou?

Sus ojos se cerraron, mientras su cuerpo empezaba a levantarse del suelo, sintiendo como la energía espiritual lo abrazaba y se esparcía por todo su dantian, asentándose. Para después dispersarse como una mota de Luz en corriente eléctrica, subiendo por todas sus extremidades hasta finalmente quedar condensada en su frente, formando una marca rojiza en forma de pétalos invertido.

Iba a ascender...

...

Los ojos de Shen Jiu se abrieron al escuchar el sonido de una cítara con melodía melosa escucharse frente a él. Enfrente suyo el cabello negro y profundo de un hombre atractivo le dio la bienvenida, con una gran sonrisa amable en su rostro. Su vestimenta grisácea y digna de un Dios solemne y venerado.

Las campanas del lugar abstracto resonaron en los oídos de Shen Jiu. Una nota blanca zigzagueante que se deslizaba como una serpiente entre los pétalos delicados de una flor de rocío, en un día de lluvia pacífico.

Shen Jiu giró su rostro, pestañeando. Dislumbrando todo un palacio celeste y blanco como un cuarzo, con tocados de oro y cascadas cristalinas que descendían en los jardines laterales. Con flores carmín y animales exóticos.

—Bienvenido a Cang Qiong —una voz solemne acató la atención de Shen Jiu. Quien voltio la mirada, para encontrar a diez Dioses parados detrás del Dios de rostro agradable.

Shen Jiu no contestó, pero asintió con elegancia, mirando con la barbilla en alto a los demás presentes que tenían la particularidad de tener la misma marca. Una Luna creciente de color carmesí.

—Las campanas del palacio principal tocaron sin detenerse. La melodía del Sol fue tocada para usted, ¿puedo saber su honorable nombre?.  —preguntó una voz femenina con carácter fuerte, mientras cruzaba los brazos y dejaba sobresaliente una larga banda blanca, delgada.

—¿De que sirve saber su nombre? Si es igual a ese niñato de Quien-tu-ya-sabes —mencionó un joven dolorosamente guapo, con un lunar en el cachete izquierdo.

—Señor de la guerra, por favor absténgase de mencionar a Quien-tu-ya-sabes —mencionó la mujer con el ceño fruncido, mirando de reojo a Shen Jiu.

Shen Jiu frunció el ceño. ¿Acaso se atrevían a compararlo con un fracaso cualquiera?

—Mi nombre es Shen Jiu. —intervino Shen Jiu, mientras sacaba de su túnica turquesa, pálido, un abanico de madera, con bellos lagos y bambú pintados.

—Honorable Señor Shen, es un honor tenerlo como Dios de la inteligencia y belleza —comentó un Dios encurbado, mientras de su rostro podía notarse claramente como el sudor caía a cántaros.

Shen Jiu no contestó, simplemente asintió solemne a todas las cosas dichas. Había ascendido como el Dios de la inteligencia espacial y belleza espontánea. ¿No era como ganarse la lotería?

—¿Quién es Quien-tu-ya-sabes?. —preguntó Shen Jiu con irritación ¿Se atrevían a compararlo con un cualquiera?

Todos se quedaron en silencio, menos el Dios de la literatura... Veamos, su nombre era, ¿Shang Qinghua? Quien rápidamente destacó, saliendo de su puesto y avanzando tres pasos con determinación.

—Luo Binghe... El Demonio Celestial.

Todo el lugar se llenó de silencio sepulcral. Todas las miradas recayeron en Shang Qinghua, quien tembló en su lugar mirando con esos esperanzados a Shen Jiu.

"¡Por favor hijo mío ayúdame!". Lloró internamente Avión Disparando hacia el Cielo. ¡¿Por qué tuvo que trasmigrar a su novela XuanHuan con mezcla Xianxia?!

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