Zenon se hallaba de pie sobre el segundo escalón que conducía a las oficinas de EDESAL, que a esa hora ya había cerrado sus puertas.
Con su más de metro noventa y su espalda semejante a la de un nadador olímpico, al mirarlo, ubicado en esa posición, daba la impresión de estar contemplando un monumento.
Zenon observaba el escaso tránsito pasar por la avenida España, sus firmes mandíbulas y menton hendido al medio, le daban a su rostro una expresion de serena autoridad.
La noche estaba en calma, encendió un cigarrillo, dio dos o tres bocanadas, sin dejar de vigilar su entorno inmediato.
Un auto estaciono frente al rapipago ubicado en la esquina del frente.
Zenón entrecerro los ojos como para intensificar su vision, siempre estaba alerta ante cualquier anomalia. La puerta del lado del acompañante se abrió.
Inmediatamente sus tensas facciones se relajaron, una leve sonrisa estiró sus comisuras.
Era Eusebio, lo conocía de la Iglesia, no era lo que se dice amigos, pero ambos se tenían mucho aprecio, coincidían en casi todos los aspectos de los mandamientos de dios, solían intercambiar versículos bíblicos y debatir sus significados.
El automóvil arrancó y se fue. Eusebio cruzó la calle y fue a saludarlo.
—Aleluya. —dijo Eusebio.
—Dios te bendiga. —Contesto Zenon. Ambos se estrecharon en un corto abrazo.
Eusebio encendió un cigarrilo.
—¿Como van tus cosas Zenon?
El aludido no tubo tiempo de responderle, en ese preciso momento, un grupo compuesto por unas diez mujeres, la mayoría jovenes, aparecieron por la esquina de la calle Ituzaingo, y doblaron por España en dirección a ellos, por la vereda de enfrente.
Portaban pancartas y llevaban al cuello sus distintivos pañuelos verdes. Sus canticos a favor del aborto y en contra del patriarcado, hicieron añicos la suavidad de la noche.
Zenón y Eusebio observaban la escena, podía leerse claramente por sus exprecciones, el sentimiento de repugnancia que esto les provocaba.
—Timoteo 2:12 "Yo no permito que la mujer enseñe, ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada". —recitó Eusebio al tiempo que se persignaba.
—Ansina es. —convino Zenon. —Cuando la mujer no obedece al hombre, fazen todo tipo de cochinaas, andan a los grito, y simulando fazer aborto.
El grupo de mujeres se detuvo frente al colegio, dos de ellas, munidas de sendas latas de pintura en aerosol color verde, comenzaron a escribir sobre los muros de la institucion.
—Proverbios 14: La mujer sabía edifica su casa, pero la necia la destruye. —Eusebio escupió la cita, mientras la sangre subía a su enfurecido rostro.
—Haberia que ponerlas en su lugar. —dijo Zenón levantando el puño apretado, la indignación hizo que instantaneamente, se hinchasen las grandes venas de su musculoso brazo.
En la vereda de enfrente el bullicio subía de intencidad, las mujeres terminaron las pintadas y comenzaron a emprender la marcha, en ordenada fila de dos en dos.
Una joven más que atractiva, y de falda muy corta, era una de las que había realizado parte de la pintada, dejó caer su aerosol por accidente, se agachó para recogerlo y brindo el espectaculo de mostrar su diminuta ropa interior.
—Probervios 5: Los que se relacionan con mujeres inmorales, descenderán al infierno. —sentenció Zenón.
La marcha continuo, la avenida volvió a recuperar la calma.
Eusebio y Zenón encendieron cigarrillos casi al mismo tiempo, lo acontecido los había alterado, fumaron en silencio, meditabundos.
Una camioneta 4x4 se detuvo en la acera del frente, justo donde se había realizado la pintada, hizo sonar suavemente la bocina.
Zenón arrojó el cigarrillo, y acomodando sus grandes pechos siliconados y con un marcado contoneo de caderas, fue en busca de su primer cliente de la noche.
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CUENTOS CORTOS
RandomHistorias veridicas (algunas de ellas) Fantasías y Realidad se fusionan con el misterio
