Capítulo 0

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Eres una joven de 15 años. Tu padre es un cabecilla de la mafia. Tienes un hermoso y amoroso hermano menor que será el sucesor de tu progenitor, la idea no te entusiasma, pero al ser una chica no eres considerada como alguien apta para tomar ese puesto. Tu madre es una mujer amable, considerada y dulce, aun no te explicas cómo terminó casada con aquel hombre, pero tampoco te importan las razones de aquella decisión puesto que no puedes hacer mucho por cambiar aquello.

Un día de abril, una semana antes del octavo cumpleaños de tu hermano recibes una llamada que te saca del colegio y te hace apresurarte hacia el hospital. Tus padres han tenido un accidente en el auto, y por si fuera poco Haru, tu hermano, estaba con ellos cuando sucedió aquello. Observas como los médicos y las enfermeras corren de un sitio a otro y ninguno se detiene a explicarte lo que pasa, para ti todo ha desaparecido, y sientes como si el tiempo se hubiera detenido, uno de los hombres que trabaja para tu padre, Atsuki-san, toca tu hombro y vuelves a la realidad.


-___ -san, Debería sentarse-


Escuchas su tono cansado y cuando ves su rostro una sonrisa amable es lo que encuentras. Deben ser pasadas las ocho de la noche, El sol ha desaparecido y solo hay oscuridad, la luna ni siquiera se asoma pues las nubes cubren el cielo. Frente a ti aparece un vaso de café de la máquina expendedora que está al final del pasillo, lo tomas entre tus manos y agradeces a quien te ha traído ese líquido caliente, sin mirarlo, sabes que la noche será larga.

Una enfermera irrumpe en la sala de espera y menciona tu nombre, te levantas, con prisas, el corazón te late rápido, esperas al menos una buena noticia en todo ese caos que ahora es tu vida. Pero su rostro se ensombrece, niega levemente y entonces, lo escuchas.


- Lo lamento mucho señorita. Su madre ha fallecido. Hicimos todo lo posible por salvarla, pero... no sobrevivió a la cirugía.


Sientes como tu mundo se detiene por segunda vez, y para cuando te das cuenta ya estás en el suelo, en silencio, no sabes como sentirte. Con cuidado Atsuki-san te ayuda a incorporarte y te lleva de vuelta a la fría banca de la sala de espera...

Pasas la noche en vela, no importa cuanto insistan en que duermas un poco, tu madre se ha ido, esa mujer tan dulce ya no esta mas, no habrá más panecillos de naranja para el desayuno, ni te reprenderé por darle dulces a tu hermano, nunca más la escucharas cantar mientras cocina, ni podrás oler su perfu, de lilas. No hay más de ella, se ha ido para siempre.

Cuando llega la luz matinal, de nuevo aparece una enfermera, otro ángel de la muerte con ese impecable uniforme blanco. Ya no es la misma joven de cabello negro y coleta de caballo alta. Ahora es una mujer entrada en los 40 quizá, te mira por un momento, ni siquiera eres capaz de levantarte, por lo cual ella se acerca hasta donde estas, se sienta a tu lado y escuchas de nuevo esas palabras.


- Lo lamento mucho señorita. Su padre salió de cirugía pero... - hace una pausa, la miras con suplica y ella clava la mirada en el suelo, te preparas para lo peor - Tuvo complicaciones durante la noche, de verdad, lo lamento mucho.


Tu mundo se derrumba por segunda vez, quieres llorar pero solo hay un enorme vacío donde se supone debería estar tu corazón. Sientes las manos de aquella mujer sobre las tuyas, deja un apretón que se desvanece antes de que te des cuenta y cuando levantas la mirada ella se ha ido. Atsuki-san sigue a tu lado, no se ha ido desde que llegaron, observas su gesto preocupado, pero no dices nada.

Solo queda tu hermano. Haru sigue peleando por sobrevivir, salió hace un par de horas de su cirugía, los médicos te dicen que está estable, que le han trasladado a la UCI y estará siendo monitoreado, cuando pides verlo nadie se niega, pero solo puedes verle a través de un cristal. Lo notas tan pequeño en aquella cama, lleno de cables, lleno de heridas y con un tubo que le ayuda a respirar. No quieres separarte de él, pero tampoco puedes quedarte ahí.

Regresas a casa y entras al estudio de tu padre, te sientas en su silla, recuerdas cuando eras niña, cuando te sentaba en sus piernas y te explicaba sobre sus negocios, entusiasmado, aunque no pudieras entender nada de lo que te decía. Ya no habrá más de eso, ya no habrá más clases de economía, ya no habrá más clases de artes marciales, no vas a escuchar nunca más sus palabras de aliento, ni esa idea loca que tenía sobre dejarte como sucesora. El era el único que pensaba serías adecuada, pero tampoco deseaba que te involucrases en ese mundo. Nunca mas escucharas ese dulce "Malika, mi pequeña reina" salir de sus labios, nunca mas escucharas ese nombre que no era tuyo, pero él lo había hecho sentir así.

Una semana más tarde, regresas al hospital, Haru sigue ahí. Agradeces eso, no te hubiese gustado que el viviera el funeral de tus padres, había sido de lo mas agotador física y mentalmente, no era un sitio para el, tanto negro, tantas lagrimas, lamentos, y tanta gente. Aún podías recordar a tu abuela aferrándose al retrato de tu madre y a tu abuelo, tan serio y distante frente al retrato de tu padre.

Los médicos dicen que las probabilidades de que tu hermano se recupere son altas, y para cuando estás a punto de irte, él abre sus ojos, finalmente las primeras lágrimas aparecen y recorren tus mejillas y ruegas, a quien quiera que se llevo a tus padres, no te quite a tu hermano. Debe quedarse más días en el hospital, odias eso, pero sabes que es necesario. Pasa su cumpleaños en ese sitio, sin ti. Aún no te atreves a decirle lo que pasó con papá y mamá, no quieres verle llorar, no quieres partirle el corazón, quisieras cargar con su dolor también, decirle que se fueron de viaje y regresaran algún día, pero que están bien.

Caminas sola a casa, quieres estar sola ahora mismo, ese día y en contra del reporte climático, comienza a llover. En tu camino te cruzas con un gatito abandonado que llora a todo pulmón, está metido en una caja, y aunque hay comida y agua cerca suyo su llanto no cesa. Regresas corriendo al hospital, empapada, los médicos te miran, podrías aportar tu vida a lo que van a comunicarte, y desearías no poder escuchar en ese momento, no volver a escuchar nunca más.

[...]


El maullido de Haru te levanta, escuchas como corren las cortinas de tu habitación lo cual provoca que la luz inunde el lugar. Tus ojos tardan en acostumbrarse, bostezas, estiras tus brazos y tomas al minino color anaranjado entre tus manos.

— Buenos días, también para ti.

Rozas su nariz con la tuya, y recibes un ronroneo en respuesta, sonríes un poco.             

Nuestra Doble VidaWhere stories live. Discover now