Capítulo I

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Me desperté después de una noche de juerga. A mediodía.

Y no recordaba nada. Los recuerdos se disiparon entre los chupitos que ingenuamente bebía para encontrar algo de inspiración para escribir, ya que sentía que necesitaba expresarme de alguna manera, y los puñetazos no era lo que más me desahogaría, pues sentía impotencia por los acontecimientos que habían sucedido hacía unos meses, una auténtica mierda con la que tuve -y tengo- que lidiar.

Fui solo, lo cual es triste, pero a veces es necesario para encontrarse consigo mismo, no hablo de que beber solo sea necesario, si no estar solo, beber nunca es necesario, pese a lo que algunos digan o piensen, ese brebaje no es más que una curva escondida en un camino que se puede tomar recto, una curva que puede acabar sacándote del camino como pude comprobar cuando observé mi alrededor: El cuarto con toda la ropa tirada podía llegar a considerarlo normal incluso en un día de sobriedad, pero el hecho de encontrarme con un pósit que noté plantado en mi frente tras acariciármela era raro, bastante de hecho.

Me lo quité, y cuando lo vi me quedé un tanto vacilante al ver lo que había escrito:

"Gracias, me lo he pasado muy bien,

llámame alguna vez si tienes más

ganas de juerga"

Belén

Yo no daba crédito a lo que estaba viendo, ¿quién coño es Belén? ¿Tan mal estaba ayer para ni siquiera recordar quien era mi acompañante? Por mucho que intentara recordar, no conseguía hacer memoria más allá de una conversación sobre música que tuve con el barman. Me bebí diez chupitos de Jägermeister, y vete tú a saber si bebí algo más aquella noche.

Me dispuse a mirar la cuenta bancaria, es lo primero que hago siempre que salgo de fiesta, para valorar cuán grave había sido el atentado por mi parte hacia la economía. Para mi sorpresa, no fue tan grave pues al parecer, dejé de beber tras el último chupito de Jäger, o mejor dicho: dejé de beber cosas que no fueran gratis, o lo que es lo mismo, empezaría a subsistir a base de agua con hielo todo lo que restaba de noche.

Me fui a la ducha a despejarme e intentar hacer memoria, cosa que fue realmente útil, pues cuando cerré los ojos bajo las gotas de agua caliente ofreciéndome sus caricias, empezaron a venirme recuerdos, flashbacks puntuales como si de una película estereotipada se tratara. Ya recordaba a Belén.

Belén fue una chica que se me acercó en plena borrachera y proceso creativo personal, ya que se me acercó mientras escribía ideas en un cuaderno que guardaba en el bolsillo interno de mi americana. Recuerdo que empezamos a hablar sobre literatura, luego creo que... ¿política? Y después me pierdo, otra vez. Recuerdo, además, que era guapa, muy guapa, sus ojos era lo que más recuerdo de la primera impresión. Eran... Penetrantes.

Al salir de la ducha, me puse a atar cabos, si no me dejó su teléfono en el pósit, pero sí me ha pedido volver a quedar, quizás sea porque lo tengo guardado o apuntado por algún lado y no me acuerdo, lo tenía que buscar porque, aunque no pensaba en ese momento quedar con ella nuevamente, quizás otro día sí.

Bajé de mi cuarto para desayunar, había una nota en el frigorífico:

"Hemos salido de compras, ya tienes el bizum por el taxi hecho."

Mamá

No recuerdo a decir verdad si volví en taxi, no le presté atención a ese gasto al mirar la aplicación del banco, así que lo miré: el bizum había llegado, pero no volví en taxi. Le tenía que devolver el bizum de vuelta, pero lo pospuse porque ahora prefería centrarme en el desayuno.

Era demasiado tarde para hacerse el desayuno habitual, así que me limité a echarme un poco de zumo tropical y a tomarme un plátano. No acostumbro a hacer estos desayunos, pero en parte -en gran parte- me pudo la pereza bastante de tener que esperar a hacerme el pan.

Ya desayunado, empecé a recoger mi cuarto y mientras lo recogía, me puse a pensar en que en mañana tenía universidad, pues sería lunes. No hacía falta un espejo para saber que mi cara había cambiado de neutra a una expresión totalmente negativa, no tenía ni puta gana de volver, pero era lo que tocaba, al fin y al cabo, era mi único trabajo, bueno ese, y dar clases particulares de mi especialidad, Química y Matemáticas. Este último trabajo me gustaba, y bastante, era como una liberación el darles clases a los chavales, con algunos acababa cogiéndoles tanta confianza que les contaba alguna que otra parte de mi vida. Era lo único que, de alguna manera, me salvaba del cambio de actitud tan negativa que había sufrido en los últimos meses, ellos no tenían la culpa de lo que me había paso, es más, realmente muchas personas de las que sufrían mi rudeza no tenían la culpa, pero después de tantos pisoteos, acabé con que la gente no me gustara. Al menos en su mayoría.

Al final, después de recoger el cuchitril que tenía por habitación, decidí buscar a Belén, y efectivamente, estaba guardada en el móvil, con un... ¿corazoncito verde? ¿Qué coño ha pasado aquí?

Vi la hora: La una de la tarde. Sabía de sobra que no era buena hora para alguien que había salido de fiesta previamente, pero no sabía si después tendría ganas de lidiar con la conversación que quería llevar a cabo, así que... la llamé.

- ¿Sí? - No tardó mucho en responder, tardó, pero no demasiado. –

- Hola, soy Sebastián, el chico de ayer del pub 104 – Respondí un tanto desganado –

- ¡Ah! Así que al final has llamado, ¿no te parece un poco pronto para proponerme una cita? ¡Acabamos de vernos como quien dice! – Dijo riéndose con escasa energía, como si se hubiera levantado hace poco. -

Me quedé con una cara un poco dubitativa, no sabía como decirle que no, que la llamaba para saber quien era, si me conocía, o si me podía decir como fue el resto de la noche, ella dijo que se lo pasó bien, pero... ¿Estuvimos hablando toda la noche? ¿Y si fue así, de qué? ¿Acaso habíamos follado?

- He escogido esta hora porque es la mejor para tener conversaciones con gente que sabes que ha salido de fiesta, máxima molestia garantizada. - Dije con tono sarcástico - No, verás... Realmente te llamaba para que me contaras un poquito que pasó ayer, no recuerdo nada, o al menos, no con toda la certeza que me gustaría, lo más reciente que recuerdo es cuando me saludaste y comenzamos a hablar de literatura y creo que luego de política, pero no estoy muy seguro de esto último. ¡Ah!, y de tus ojos, tus ojos también me vinieron a la mente.

- ¡Qué tonto eres! Menuda cogorza llevabas entonces, peor de lo que pensaba... Pero es que hablabas con tanta cordura que parecías hasta normal, bueno... Más o menos, se notaba que ibas bebido, ¡pero no como para olvidarte de lo que pasó! Tienes suerte de que yo no bebiera tanto como para acabar olvidando las cosas al día siguiente. Así que a ver, lo que pasó fue lo siguiente...

Luces en la nieblaWhere stories live. Discover now