Eguisheim, Alto Rin (Francia) 1885
Me desperté de golpe, como siempre. Me senté sobre la cama y agarre mi reloj que estaba en la cómoda a lado de cama. Eran las una con cuarenta y siete de la madrugada, casi las dos. No me sorprendí para nada, ya era común para mi. Siempre me levanto de golpe en medio de la noche o cuando apenas los colores se veían en el firmamento. No siempre fue así, pero las cosas cambian.
Me quedé observando mi habitación. El gélido aire que entraba por la ventana movía las cortinas de seda azul. Estas permitían el paso a la poca luz de la gran luna llena. Las paredes blancas se encontraban descaradas debido al tiempo. La pequeña repisa llena de libros, y llena de polvo, porque no he tenido la motivación de leer desde hace mucho. Una pequeña mesa, en la que solía pasar horas escribiendo, ahora solo es un mueble más.
Me levanté de mi cama con una pesadez conocida. Di un paso adelante pero el vértigo me llegó repentinamente haciéndome caer. Traté de levantarme, pero no pude. Siento que me ahogo. Siento un vacío dentro.
Me aferro al borde de mi cama que estaba a solo centímetros de mi. Trato de levantarme con todas mis fuerzas para volver a la cama, pero mis piernas no cooperan y vuelvo a caer. Me arrastro los pocos centímetros de distancia que hay entre yo y mi cama para tratar de llegar a ella. Al estar al lado de ella, levanto mis brazos y trato de impulsarme con ellos para agarrar el barandal que hay en la parte de al frente de mi cama.
Y por fin, lo logré. Llegué justo donde hace minutos estaba. El punto de inicio. El lugar de mis pesadillas. Donde viven mis recuerdos y puedo llorar a gusto. Los recuerdos que están presentes en cada latido de mi roto corazón.
Cierro los ojos porque me comienzan a picar. Se que las lágrimas se aproximan. Mi padre siempre me dijo que los hombres no lloran, pero ¿que debo hacer si una parte de mi se fue y nunca la recuperaré?
Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas, llegando hasta mi cuello. Los recuerdos me golpean, como el viento a las flores. Cierro los ojos y la veo a ella, en el momento que nos conocimos. Sus hermosos ojos cafés brillaban bajo la luz de la luna. Su corto rizado cabello siendo golpeado por el viento nocturno. Sus cejas arrugadas, por la concentración y su cara iluminada por las lámparas que había alrededor. Su mano que se movía ágilmente plasmando colores en un lienzo.
La siento conmigo. Siento como ella vuelca su cabeza lentamente para mirarme y yo lo único que puedo hacer es llorar. Siento como el dolor me consume. De pronto, empecé a percibir su fragancia, jazmines y canela. Una rara combinación, pero eso es lo que más la caracterizaba, la rareza. Ella vivía en una fantasía donde el pincel era su mejor aliado y los libros su escapatoria.
Su fragancia se hacía cada vez más fuerte, como si estuviera al frente mío, cuando de pronto siento que sus brazos me rodean en un fuerte abrazo. Me siento protegido en sus brazos. Todo el dolor, toda la angustia, todo el sufrimiento se desvanecen por un instante.
Abro los ojos lentamente, para poder ver su rostro una vez más. Pero se desvanece. Dejó de percibir su fragancia. Su abrazo se va desvaneciendo hasta quedar en nada. Mi cerebro sigue engañando vilmente a mi corazón, haciéndole creer que ella está aquí. Tomo mi almohada y grito. No estoy seguro de que debería hacer ahora. Lo único que sé, es que solo el pasado me hace feliz. Solo ella me hace feliz.
Solo pienso en todos los momentos que tuvimos juntos. Desde que la conocí un 3 de mayo a las dos y media de la mañana, no paro de pensar en ella. Ella pintando un cuadro a mitad de la noche solo siendo iluminada con la luz de una lámpara, yo caminando tratando de hallar inspiración para escribir un poema. Claro está que encontré más que inspiración.
Miro hacia enfrente y me encuentro con un cuadro, y no es cualquier cuadro. Es el cuadro que ella estaba pintando el día que nos conocimos. Me quede viendo el cuadro por unos minutos recordando como fue todo y como termino. Las lágrimas empiezan a caer llegando incluso hasta mi pecho.Daría todo por tenerla a mi lado por incluso solo un momento.
Salí del trance en el que me encontraba y saqué mis lágrimas con el pañuelo que se encontraba en la cómoda. Esta vez, con determinación y un propósito, me levanté de mi cama. Camine un paso tras otro con temor a caer. Encendí la lámpara que estaba más cerca a mi alcance y me dirigí hacia el baño.
Me moje la cara con un poco de agua para tratar de estar más lúcido. Miré mi reflejo en el espejo y tuve miedo. No reconocía a quien estaba ahí. Una barba descuidada, unos ojos sin vida, rojos de tanto llorar, bolsas violetas bajo mis ojos de tantas noches con insomnio. Era un alma muerta en vida. Estaba destrozado, tanto por fuera, como por dentro.
Intenté sonreír pero fui incapaz. Intenté fingir una sonrisa, pero me salió más como una mueca. La luz que tenía dentro, la felicidad que me motivaba a seguir, se ha ido, se fue con ella. Sin ella todas mis noches son incoloras. La oscuridad se apoderó de mí cuando ella se fue, ese día tan peculiar, el mismo día de nuestro encuentro.
3 años sin descansar en paz, 3 años sin mi amada. Guardo conmigo los recuerdos de los hermosos días a su lado y las frías noches que ella alegraba. Guardo esos recuerdos en mi memoria, recuerdos que me atormentan día y noche.
Tome una pequeña toalla bordada a mano, que me regaló ella para mi cumpleaños, y me sequé lo que quedaba de agua en mi cara. Dirigí mi vista hacia el imperfecto bordado, o eso era lo que decía ella, ya que yo siempre la veía perfecta a ella y a todo lo que hacía.
La blanca toalla con pequeños corazones bordados en la parte de abajo y con mi nombre bordado en ella, por más simple que parezca, es un tesoro para mí. Mi nombre está un poco chueco , pero a mi no me importa, puede que ella sea muy hábil con las manos para pintar, pero para bordar no lo era mucho. Y es por eso que amo esta toalla, esta pequeña parte de ella, yo se que ella odiaba bordar, ya que si se distraía un poco se pinchaba el dedo con la aguja. Pero siempre con pequeños detalles me demostraba su amor. Y no era necesario porque yo sabía que ella me amaba, siempre lo hizo.
Deje con cuidado la toalla colgada en un pequeño toallero. La miré por última vez, con miedo a que se desvanezca, como ella lo hizo, con miedo que se desvanezca y se lleve mis recuerdos con ella como si nada nunca hubiera pasado. Ella fue la causante de mi felicidad, la causante de mi dolor.
Me dirijo de vuelta a mi cuarto a cambiarme la ropa. Me puse mi mejor traje, unos pantalones de vestir negro, una camisa blanca y un saco negro encima. Hoy es un día importante por dos razones, una que me alegro la vida y otra que me la destruyo. Tomé el ramo de rosas francesas que compré ayer en la tarde, antes de que cierre la florería y me dirigí a encontrarme con la dueña de mi dolor, de mi sufrimiento, de mi corazón enamorado.
Todas las madrugadas voy a su encuentro.
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Recuerdos de ti
Short Story3 años sin descansar en paz, 3 años sin mi amada. Guardo los recuerdos de ella en mi memoria, recuerdos que me atormentan noche tras noche. Solo pienso en todos los momentos que tuvimos juntos. Si tan solo se hubiera quedado un poco más, si tan solo...
