Fic erótico humorístico basado en el Libro Reina Maria de Time Princess. Hay escenas sexuales explicitas entre hombres, por si a alguien le incomoda el tema.
Antes de empezar: Este fic no tiene nada que ver con Descendencia. Son los mismos personajes del libro Reina María pero en una línea distinta. Tomadlo como una historia nueva sin más o una ruta diferente en la que Blaisdell no se ha fijado en María. El tono también está mucho más enfocado al humor. No sé si seguiré, no sé qué pasará, no sé si os gustará... Iba a ser un fic de un sólo capítulo para descansar un poco pero... se me fue la mano. Por ahora es un Luisdell pero ya veremos cómo va la cosa... Muchas gracias por leerme.
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Diario de Luis XVI
Según un artículo de César Cervera, redactor de ABC especializado en Historia: "El Emperador de Austria José II escribió en una carta que el Rey de Francia en su «lecho conyugal tiene erecciones muy condicionadas, introduce el miembro, permanece ahí sin moverse durante quizá dos minutos, se retira sin jamás correrse, aún empalmado, y da las buenas noches. [...] Y está feliz, diciendo lisa y llanamente que solo lo ha hecho por deber ¡y que no le encuentra gusto alguno!»".
La historiadora Evelyne Lever señala la hipótesis de que Luis XVI sufriera de una neurósis obsesiva ya que "mostraba otras «rarezas»: apuntaba toda cosa por insignificante que fuera, como las noches pasadas fuera del palacio, los paseos, las cabalgatas, las presas abatidas, los animales abatidos por error durante las batidas de caza...".
Los amplios ventanales de Versalles dejaban pasar generosamente la luz de la mañana al interior de sus galerías, y quien paseara por ellas podía aspirar el aroma a flores y tierra húmeda que ascendía desde los jardines. Su Majestad el Rey y el Ministro de Interior caminaban rumbo al despacho real como cada día, el segundo siempre un paso por detrás en deferencia a su monarca. Ambos se encontraban en la cúspide de su belleza y eran, cada uno a su modo, la viva representación de la masculinidad de Francia. Cada vez que se les veía juntos despertaban la admiración de todo aquel que se encontrara a su paso. E igualmente era justo decir que en cuanto el eco de los tacones de sus aristocráticos zapatos se perdía por los recovecos de los pasillos, los mismos que se inclinaban a su paso se apresuraban a rumorear sobre lo ambigua que les parecía su estrecha amistad. Y ocurría así cada día, con la puntualidad de un reloj.
Pero aquella mañana, a pesar de parecer exactamente igual a todas las demás, Luis tenía la incómoda sensación de que se le estaba escapando algo. No sabía bien qué era y por más vueltas que le daba la única diferencia que veía entre ese y cualquier otro día ordinario, era que con frecuencia se veía obligado a corregir el rumbo de sus pasos aquí y allá para no acabar chocando contra su Ministro. Cada vez que doblaban una esquina o su compañero decidía detenerse a admirar un cuadro mil veces visto ya, un brazo acababa rozando contra otro, un hombro chocando contra el suyo... Incluso en una ocasión llegó a sentir la caricia suave de unos dedos sobre el dorso de su mano. Y la sensación había sido... novedosa. Vibrante. Como si durante años, su cuerpo hubiera estado gritándole a su cerebro que tenía necesidades sin que hubiera llegado a darse cuenta hasta ese preciso instante... por estar totalmente concentrado en diseñar candados y hacer recuento de los resultados de sus cacerías.