Un Lugar Cálido

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Lola despertaba todos los días a las 7:00 am tomaba un ligero desayuno y hacía su rutina diaria de deporte. Hacía ya dos años que Lola se había convertido en una de las artistas plásticas más reconocidas de New York, rosando casi los treinta años no tenía una relación estable porque decía que eso iba a entorpecer sus metas, su madre había muerto cuándo ella nació y su padre había falleció en un accidente automovilístico 9 años atras. Vivía totalmente sola y sin amigos de verdad. Pero siempre se dijo asimisma que no necesitaba nada de eso, lo único que le removía un poco los sentimientos era no haber conocido a su madre.

Después de terminar su rutina deportiva Lola se dirigía a su galería que siempre estaba llena de visitantes los cuales eran admiradores de su arte y de ella, pero muchos de estos admiradores se iban de la galería decepcionados por la poca empatía de Lola hacia ellos, Lola era una persona, prepotente, autosuficiente, egoísta.

Después de dar indicaciones a sus trabajadores Lola se dirigía a almorzar. Llevaba cinco años almorzando en el mismo restaurante, cuando concluía su almuerzo se acercaba a un pequeño parque que estaba cerca de ahí a respirar aire puro y observar las aves. Ahí se quedaba hasta las 5:00 pm aproximadamente y luego volvía a su casa. Y así eran casi todos los días de Lola.

Una mañana después de cumplir sus actividades en la galería iba camino a tomar su almuerzo como de costumbre, cuando llegó a la puerta del restaurante había una señora con aspecto andrajoso al lado de la puerta, se encontraba en silla de ruedas con un cartel que reposaba en su regazo en el cual pedía ayuda monetaria para poder comer, la señora le dirigió una mirada de súplica a Lola.

- Si claro no tengo yo otra cosa en la que gastar mi dinero que dándoselo a una vieja andrajosa- indicó Lola mientras le dirigía una mirada de desprecio a la necesitada señora. Luego entró y tomó su almuerzo tranquilamente. Cuando salió del restaurante la señora ya no se encontraba ahí.

Llegó al parque y se sentó en un banco vacío, al los treinta minutos de estar ahí llegó un señor con un periódico bajo del brazo y le preguntó a Lola si se podía sentar. Lola dijo que si pero lo hizo de bastante mala gana. El señor abrió su periódico y comenzó a leer cuando terminó la primera página le preguntó a Lola si ella era la famosa pintora Lola Bell.

- Si esa soy yo - respondió Lola.

- Tu trabajo me parece excelente - comentó el señor.

- Estoy de acuerdo - dijo Lola

- Que segura de ti misma - rio el señor

- Me llamo Rick - agregó el señor mientras le tendía la mano.

- No saludo a extraños - comentó Lola. 

Rick lanzó una carcajada.

- No pasa nada, es mejor no saludar a extraños hoy en día hay muchas enfermedades por ahí - añadió Rick.

- Tu madre tenía un lunar igual a ese que tienes en el brazo - comentó Rick. 

Los ojos de Lola se abrieron de forma exagerada, posó su vista en el rostro de Rick. 

- ¿Qué has dicho, como sabes que mi madre tenía ese lunar? - interrogó Lola a Rick. 

- Yo se muchas cosas acerca de tu madre - contestó Rick. 

- Ya es un poco tarde tengo alimentar a mis peces - indicó Rick mientras se ponía de pie. 

- Espera no te vayas, ¿qué más sabes acerca de mi madre, de que la conoces, que relación tuviste con ella? - preguntó Lola. 

- Son muchas preguntas, tengo que irme mis peces tienen hambre, mañana estaré por aquí puede que te responda alguna de esas preguntas, Adiós - se despidió Rick y comenzó a caminar. 

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