Capítulo 1

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What am I now?
What if I'm someone I don't want around?
I'm falling again

- Harry Styles


A primera hora de la madrugada era imposible de adivinar que una de las que se suponía que debía de ser una de las mejores noches, se iba a acabar convirtiendo en una de las más fatídicas y desastrosas de las que llevaba en mi corta existencia.

Respiro con dificultad entre el ambiente cargado del local. Me muevo entre la multitud intentando no tocar los cuerpos sudorosos y evitando tropezarme a su vez con hielos medio descongelados desparramados por el suelo, producto de la caída de varias bebidas. El pavimento se encuentra pegajoso, debe haber mezclas de alcoholes semejantes a los de una farmacia, mis zapatos se sienten raros al caminar por este mejunje.

La música retumba en los altavoces, apenas oigo los gritos de la gente cuando paso su lado; el DJ mezcla todo tipo de ritmos con gran agilidad, provocando que la multitud chille animadamente. Al vislumbrarlo en la mesa de mezclas sonrío: es un compañero de clase que siempre ha tenido mucho talento para provocar esos sentimientos en los demás.

Salgo de mi ensimismamiento intentando recordar mi cometido. En cuanto me deshago de la nube que se instala sobre mi cabeza, me apresuro a llegar a los baños lo más rápido que la masa de gente me permite. En la entrada hay una larga cola de mujeres, mientras que los aseos de hombres se encuentran casi vacíos y me pregunto por qué no hacen más baños de chicas cuando se sabe que estas situaciones son tan comunes. Al fin y al cabo te lleva un tiempo bajarte las medias, o lo que tengas, agacharte sin tocar un milímetro del baño, ya que usualmente suelen estar vomitivos, y cantas victoria si te encuentras un pañuelo en el bolsillo de tu chaqueta. Lo del papel en los baños es misión imposible.

Me cuelo entre las mujeres que esperan, algunas pacientemente, otras haciendo gestos o gritando debido a las prisas por hacer pis. Podría jurar, incluso, que alguna me grita que no me puedo colar. Y es que es normal, tendría mucha cara si osara escabullirme ante tantos ojos escrutando cada movimiento que hago. De forma torpe consigo atravesar la cola para adentrarme en los baños con luces de neón adornando los espejos; colocadas ahí estratégicamente para las fotografías que serán colgadas en las redes sociales cada noche.

No doy un paso más, hay un portero que me frena en seco, clava su mirada interrogante en la mía intentando buscar respuestas. Le echo un vistazo, me sorprendo ante su aspecto colosal, cubierto de tatuajes y con cara de pocos amigos. Mi cerebro tarda en reaccionar más de lo normal. No me culpéis, llevo más alcohol en sangre de lo que debería. Intento encontrarme con la mirada desdeñosa del portero. 

—¿Qué quieres? — inquiere de forma seca. Yo tardo unos segundos en responder. Su calva tatuada atrae mi atención, me pregunto cómo será la textura. Él no para de mirarme con ojo clínico y fuerza la situación frunciendo el ceño.

«Ni que le debiera dinero», pienso.

—Mi amiga está dentro— intento explicarle con la sonrisa más amable que he trazado en mi vida, aunque no estoy muy segura de haberle convencido, pues el hombre frunce aún más el cejo ante mi respuesta.

—Si quieres ir al baño tienes que hacer la cola y pagar dos euros— explica con tono agrio cruzándose de brazos y haciendo ademán de permitir entrar a otra de las chicas de la fila.

—Es que necesito entrar para darle esto— me explico y saco con rapidez un tampón del bolsillo del pantalón.

El semblante del señor calvo cambia por completo, su rostro se descompone como si le hubiera sacado una navaja. Veo que su mirada vacila hasta que se vuelve a posar en la mía de nuevo. 

HiraethDonde viven las historias. Descúbrelo ahora