La mente es poderosa...

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 Un viejo marino navegaba, solo él y su barco. No era la primera vez que lo hacía, ya que llevaba años navegando, solo cuando bajaba al pueblo por suministros.  La gente veía con miedo al viejo hombre incluso a veces con pena. El anciano no les tomaba importancia solo compraba comida y volvía a su barco a navegar como en los años anteriores, el siempre recordaba como en su niñez era lo mismo, ir por comida y navegar.

Un día como otros, bajo al pueblo por comida con algunas monedas que sacaba de su viejo cofre, llevaba las manos en las bolsas de su viejo chaleco de color azul opaco por los años, camino al viejo pueblo después de amarrar y anclar el barco en el viejo puerto. El tintinar de la campana de la puerta del local sonó al dar paso al anciano, busco un poco por el local la especialidad de la tienda, los sándwiches de crema de maní y bombones que tanto le gustaba degustar. Un mareo se hizo presente en él, cerró los ojos por segundos cuando los volvió a abrir una pequeña niña se posó frente a él.

- ¿Papá? - menciono la niña.

- Lo lamento, pequeña pero yo no soy tú papá – el anciano le dio una sonrisa a la niña en forma de disculpa.

A la pequeña niña se le formaron lágrimas en sus ojos y le sonrió de forma triste.

- Lo lamento señor - dijo la niña en un pequeño sollozo.

El hombre con pena camino hacía la caja para pagar sus sándwiches y sus jugos de naranja bajo la atenta mirada de la niña, el hombre se sintió incomodo por aquella pequeña mirada más sin embargo no menciono nada. Agradeció al cajero y se marchó para subir a su barco y zarpar al mar.

Salto a la proa delbarco después de desamarrar los antiguos nudos que había hecho antes de bajarsedel mismo. La puerta que daba paso a la popa ya estaba algo desgastada por eltiempo pero el anciano no le dio importancia y encendió el viejo barco causando un pocode ruido que asusto a unas cuantas aves de ahí, con una mano giro el timón ycon la otra sostenía uno de los sándwiches que compro, al cual le dio unmordisco saboreando toda la combinación de sabores en sus papilas gustativas.

Navego unos cuantos días en lo que sus provisiones se acababan, por momentos tuvo pequeños dolores de cabeza donde pequeñas imágenes se asomaban en su cabeza, momentos donde veía por momentos una habitación con muchos libros relacionados con navegación junto a una botella donde en su interior gracias a la transparente botella de vidrio se percibía una embarcación como la suya. Pero luego desaparecía y seguía navegando, al anciano le parecía demasiado raro ver aquellas imágenes pero no le tomo importancia y tomo uno de sus deliciosos sándwiches, pero solo quedaban muy pocos de estos lo cual hizo que volviera al pueblo por provisiones encontrándose con la misma niña de la vez anterior, en la misma tienda.

- Buenas tarde señor, ¿sería todo? – cuestiono el nuevo cajero, después de ver los productos que llevaba el señor.

- Si joven sería todo – dijo después de sacar las monedas del chaleco azul.

- Serían treinta monedas señor.

- Tenga joven - menciono el anciano extendiéndole las monedas al joven cajero.

- Lo lamento señor pero esos son botones – dijo el joven con pena.

- ¿Disculpe? – cuestiono el señor con duda.

- Son botones señor – el joven sintió un poco de pena por el señor.

- No, se equivoca joven, son monedas.

- Tenga joven – una tercera voz entro a su conversación, extendiéndole las treinta monedas al joven.

- Gracias señorita.

- Joven necesita lentes - dijo el anciano – es una niña.

El silencio se hizo presente en el local.

- Papá hay que irnos- Dijo la niña tomando la mano del anciano.

- Que no soy tú papa, niña.- se soltó del agarre de la pequeña.

- Papá por favor, vamos. – la niña lo sujeto con fuerza del brazo y lo llevo fuera de la tienda, caminando hacía el barco del anciano.

- Niña suéltame ya, deberías de volver con tus padres.

- Papá soy yo, recuérdeme por favor... Mira tú habitación.

- De que hablas niña, estamos en mi barco en el área de popa.

- Papá... estamos en tu habitación, reacciona.

El hombre sintió un dolor de cabeza y un mareo, cerró los ojos por segundos y lo que vio a continuación lo dejo helado. Ya no estaba en la popa de su barco, estaba en la habitación que vio, con todo y los libros de navegación y el barco en la botella, pero ya no estaba la niña en cambio estaba una joven de al menos unos veintisiete años.

- Vez papá – dijo la joven.

El señor callo en cuenta y recordó... sufría de esquizofrenia. 

Navegando en un mar perdido - Historia corta-Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora